Gafas de sol y vida

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Hace unos años escribí un cuento sobre una persona que había usado gafas de sol desde la juventud y que, cuando por fin se las retiró, descubrió asombrada que tenía los dedos arrugados: que era una anciana. Con esta breve narración quería simbolizar el rápido paso del tiempo y el hecho de que vivimos sin mirar bien, sin darnos cuenta de que pasan los días, sin llegar a ser conscientes de la vida, de la vida en sí. La vida transcurre y, entre tanto, nosotros vamos saltando de un problema a otro, de una circunstancia a otra, sin espacio para nada más. Es mi caso: me reconozco plenamente en él. 

Me pasa que a veces no llego a disfrutar de momentos buenos porque estoy agobiada por potenciales problemas que vendrán después o que han ocurrido previamente, preocupada por gente cercana que quizá no está pasándolo muy bien, preocupada por el qué dirán, preocupada por mil cosas. Y qué decir del día a día. Aún más difícil levantarme por la mañana y no refunfuñar y no lavarme la cara con gesto torcido y morirme de frío y de ganas de volver a la cama.

Los días son una rutina de ratos que pasan uno después de otro en una atmósfera de igualdad tan similar que es fácil perder la cuenta de la fecha, de los días. Un día casi igual a otro, semanas parecidas a sus predecesoras y a las que le seguirán.
A veces siento que la vida me ha atrapado y que es imposible quitarme las gafas de sol. Trabajo demasiadas horas, paso demasiadas horas en el metro; apenas si tengo tiempo entre diario para empezar acciones que me permitan cambiar de vida. ¿Es que acaso he de cambiar yo de forma tajante y arriesgarme así a que tal vez los planes no salgan bien? ¿O es mejor seguir como estoy a la espera de que las cosas vayan cambiando mientras me mantengo estable?

Mi forma de vida responde sin duda a la segunda pregunta. Quizá tengo miedo, no sé. A veces me digo que quizá exagero. Me doy cuenta, no obstante, de que yo solo tengo esta vida, yo solo soy esta persona: no soy otra, no soy más, no soy menos, no me ha tocado vivir otra época, ni otro lugar, ni otro sexo, ni otra clase social, tampoco otro cuerpo. Soy yo. Soy así. No hay más. Es lo que tengo, lo único que tengo y se trata de sacar partido de ello. Es mi vida, sí, la única que tengo y la única que voy a tener y quiero vivirla de forma agradable, quiero ser feliz mientras la vivo. Es mi responsabilidad. La responsabilidad más grande que tengo y no quiero defraudarme. Al fin y al cabo soy la persona más importante de mi vida.

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