Mucho más dentro

Me pregunto qué es la belleza. Cómo se mide, cómo se palpa, cómo se siente. De qué sirve.

Cuando era pequeña, una adolescente de doce o trece años que empezaba a ser consciente de lo que significa tener una cara bonita para ser popular, no ser una nerd, hablar con chicos, ligar, ser guay, me preguntaba por qué la belleza se determinaba por la forma de la cara y no de otra parte del cuerpo. Como las manos, por ejemplo. O los pies, en los que nadie se fija. Me preguntaba también por qué la belleza sólo era juzgada por el sentido de la vista y no por el tacto, el olfato, el gusto o el oído (o por un sexto sentido).

Desde ese momento, o puede que antes, he tenido una relación ambivalente con la belleza. Por un lado la busco; por otro, la rehúyo. Me molesta ese bombardeo, esa saturación de imágenes, de cuerpos supuestamente atractivos, bonitos. ¿Para qué? ¿Quién determinó dónde se halla la belleza? ¿Cómo se impusieron estos cánones? ¿Por qué? ¿Cómo fue que los asimilamos e interiorizamos tan rápidamente? ¿Es acaso todo obra de la publicidad?

Y sobre todo, ¿por qué se considera tan importante? La gente parece conceder más valor a este factor que a otros muchos… Cada vez se llevan a cabo más operaciones de cirugía estética, se consumen más cremas, más ropa, más maquillajes. ¿Pero cuántos se esfuerzan de la misma manera por ser mejor persona, por ser más felices, más inteligentes, más comprensivos, más tolerantes, más sinceros y menos preocupados/acomplejados por la apariencia externa?

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¿Es porque realmente es tan positivo ser guapo? ¿Reporta tantos beneficios? En uno de sus libros, Michel Houellebecq aseguraba que el principal inconveniente de la belleza de las chicas es que “sólo los ligones experimentados, cínicos y sin escrúpulos se sienten a su altura” y al final son ellos los que suelen conseguirlas. Decía también algo así como que las chicas sin belleza son “desgraciadas porque pierden cualquier posibilidad de que las amen, parecen transparentes y nadie las mira al pasar.”

Si tengo que elegir, yo me quedo con la segunda opción. Opino que Houellebecq, junto a otros muchos, sobrevalora tanto el poder de la belleza, asumiendo que sin ella no es posible ser amado, como el amor de pareja. No creo que sea mejor alternativa acabar con un “ligón, cínico experimentado” que single. Al final lo que importa está más allá de la belleza, mucho más allá. Mucho más dentro.

“-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”  (Saint-Exupéry).

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2 thoughts on “Mucho más dentro

  1. Houellebecq es un capullo (por esa frase y por algún rollo de libro que ha escrito), aunque hay gente que lo admira. En las cincuenta o sesenta páginas de El Principito se dicen más verdades que en todas las novelas del otro francés,

    Saludos,

    1. A mí también me parece un capullo, pero lo cierto es que al mismo tiempo le admiro (no por esa frase, claro). Lo que me gusta es su pensamiento políticamente incorrecto y el hecho de que muchos de los protagonistas de sus libros no sean exitosos ni admirables, ni tampoco lo acaben siendo al final del libro.
      En lo de El Principito, coincidimos.

      Un abrazo!

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