La cabeza en mi tripa

Me duele la cabeza. Y es como si cientos de globos situados en mi cerebro explotaran una y otra vez, creándome pequeñas conmociones internas que, unidas, formaran un gran malestar.

Hoy me duele la cabeza. Y me duele sobre todo cuando la muevo a un lado y a otro, como si mi cerebro fuera una pobre anciana que no resiste los cambios y que se resiente con cada uno de ellos.

Me duele la cabeza y es como si mi cabeza no me perteneciera, como si me hubiera puesto un casco de espinas hirientes. Es raro: parece que mi cabeza no fuera mía y al mismo tiempo es cuando más consciente soy de ella. La noto arriba de todo; más arriba ya no hay nada. Está sola, vigilando el resto del cuerpo, cuidándolo, observando todo a su alrededor como una mujer responsable. Pero hoy está cansada, agotada. Creo que le gustaría acomodarse en otra parte del cuerpo donde estuviera menos expuesta, más resguardada, donde el resto de miembros pudieran cuidar de ella un rato. Solo por hoy, solo por esta noche, le gustaría estar a la altura del estómago.

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