El teatro de nuestras vidas

Es curioso. Cuanto más me acerco, más pareces alejarte tú. Cuanto más te exijo, más te pido, más necesito de ti, más pequeña te resulta mi voz, y se choca contra las paredes y se rompe para siempre en ellas. Cuanto más tiro de los hilos invisibles que he tejido alrededor de ti, más parecen aflojarse los nudos hasta que al final se deshacen y descubro que ya no estás dentro. Sé que no sirve de nada retenerte de este modo, pero ¿cómo hacer justo lo contrario de lo que siento que debo hacer?
Mientras tanto, el teatro sigue: uno de un paso hacia adelante y otro hacia detrás, uno se expone, otro se repliega. Aprendimos que esa era la mejor manera de actuar para nosotros en esta situación y desde entonces no hemos dejado de hacerlo. Supongo que estamos cómodos, seguros en nuestro papel: nos lo sabemos de memoria: lo representamos a todas horas, cada día. Nuestra función no cierra nunca. El show ha de continuar.

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