La sombra, ese misterio

Darse cuenta de la propia sombra es como ser consciente de la existencia de uno, del peso que se ejerce sobre la tierra, de la vida, la vida en sí de la persona. De repente ves tu sombra y dices: ah, pero si soy alguien, ah pero si estoy en el mundo, y descubres que no te puedes librar de la sombra del mismo modo que no te puedes librar de la vida. Darse cuenta de ello es abrumador, es todo un mundo puesto ante ti; y aún así nos terminamos acostumbrando. La gente adulta ya no va por la calle intentando alcanzar su sombra, como si fuera perros en busca de su propia cola.  

La sombra también representa todas las partes oscuras de uno mismo, lo que consideramos asqueroso, lo que creemos que nos vuelve feos o imbéciles de vez en cuando, lo que tratamos de ocultar a los demás, como si ellos no cargaran también con las suyas propias. El truco es aprender a vivir con ellas: las sombras no se irán; como en el caso anterior, tampoco podemos realmente librarnos de ellas. Somos tanto parte de luz como de sombra y supongo que así es como debe ser. 

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