Escoger la libertad

Iba subida en el asiento de copiloto del coche cuando de repente caí en la cuenta del daño que me hacen las ideas preconcebidas sobre cómo tienen que ser las cosas. Es un pensamiento recurrente en mí, que me acaba bloqueando. Me digo: las parejas tienen que hacer esto, tienen que decir esto y sentir aquello, l@s amig@s tienen que ser así, l@s herman@s, el trabajo, yo misma debería ser de este o de ese otro modo; y si no es así, es incorrecto. Lo pienso sin darme cuenta de que lo estoy pensando, pasa por mi mente sin que nadie lo cuestione, sin que ningún organismo encargado de velar por el buen uso de los mensajes le ponga el freno y lo retire por causar daños a la comunidad. Porque, ¿quién dice cómo tienen que ser las parejas, l@s amig@s, l@s familiares, las personas, sino ellas mismas? ¿Quién soy yo para calificar una relación como no aceptable solo por no ser como la de otros o como se supone que debería ser? En realidad, nada tiene que ser de ninguna manera. Sentada en el coche, mirando la carretera, escogí la libertad. No quiero que nadie me imponga cómo han de ser las personas para ser aprobadas por los códigos establecidos por la sociedad, y menos que nadie, yo misma. 

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