El desorden de mi vista

El desorden se sufre o se tolera. Yo lo sufro. Puedo llegar a tolerarlo en el día a día, puede llegar a dejarlo pasar desapercibido, puedo olvidarlo durante meses, pero al final siempre lo acabo sufriendo. Es como una enfermedad que solo duele de vez en cuando. El resto del tiempo no hace daño, pero está ahí, y ese hecho ya molesta.

Mañana ordenaré mis armarios. He dicho. La enfermedad tuvo un amago de crisis hace pocos días. No llegó a presentarse con toda su virulencia, pero me dejó el cuerpo estragado, adolorido. Ahora necesita medicina de choque. Hueco por donde respirar.

Los papeles, las carpetas, los cuadernos, libros, los montones de ropa, las gafas, la bisutería, la ropa de nuevo, el ordenador, los archivos, las cosas inservibles a las que me aferro. Se han puesto todas delante de mis ojos y me dificultan la visión a larga distancia. Eso es lo que molesta. Mañana empezará de cero. Puede que yo también.

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