Soñé que tenía una hija

Soñé que tenía una hija. Paría en medio de mi casa, todo el mundo estaba presente. Pero era un parto raro. Más o menos como si me sacara simplemente de debajo de la camiseta un muñeco que tuviera escondido. No me dolía, ni siquiera lo sentía. Simplemente tenía una hija de repente en un momento en que casi toda mi familia estaba reunida. Nadie decía nada al respecto. Las conversaciones seguían como antes de que la niña hubiera nacido y las posiciones de la gente, su actitud: todo permanecía inalterado. Yo misma me quedaba así. Totalmente sobria, libre de emociones, apática, indolente. Recordaba que había mujeres que explicaban que el día del nacimiento de sus hijos había sido uno de los más bonitos y emotivos de sus vidas, pero también uno de los más dolorosos. Yo simplemente no había sentido absolutamente nada.

Luego subía al piso de arriba y me olvidaba de todo. Cuando volvía a bajar después de un rato observaba que la niña estaba en un carro que mecía mi abuela. Me asomaba para verla y descubría que no estaba arropada. Entonces me dio pena. Fue lo único que sentí, el único sentimiento que afloró. Hacía mucho frío, era invierno y la niña estaba casi desnuda y helada. Entonces la cogía en brazos e intentaba abrigarla pero no encontraba nada que ponerle. Le preguntaba a mi madre: ¿has visto algo que pueda servirle a ella? Mi madre contestaba que no con tono pasivo y yo me quedaba sin saber qué hacer para darle calor, cargando con mi hija y con una gran pena en brazos.

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3 thoughts on “Soñé que tenía una hija

  1. En el mundo onírico, a veces, los hijos son un alter-ego, nos desdoblamos pero… cuántas veces no nos desdoblamos indiferentes, sin reconocernos en eso que es el yo desdoblado? Y cuando por fin reconocemos un poquito de lo que somos en eso que hemos parido, creado, el pudor emerge. Estas cosas le pasan mucho a la gente que tiene trabajos creativos o de investigación que, después de haber culminado algo, con la distancia del tiempo, ya no se reconocen ahí. En el fondo creo que la “pena” viene porque sabemos que allá, en el fondo de la mirada del hijo hipotético, hay una parte de nosotros mismos e, irremediablemente, una parte de nuestros propios desamparos.

    1. Muchísimas gracias de nuevo por tus interpretaciones y aclaraciones.
      Los sueños siempre me han interesado porque los recuerdo casi a diario, por lo menos, mientras aún permanezco en la cama momentos después de despertarme. Y a menudo me descolocan y desconciertan, como en esta ocasión; según comentas yo soy el bebé, pero también la madre, yo soy sujeto y a la vez objeto de pena, ¿cierto?
      ¡Gracias de nuevo y un abrazo!

  2. Gracias a ti por compartir tus relatos oníricos. Por lo visto, tenemos eso en común: la fascinación por los sueños. Yo los escribo desde niña. Y la verdad es que cuando vuelvo a las viejas libretas, con sueños escritos hace meses, por lo general, tengo al menos una luz e incluso, una que otra epifanía. No te ha pasado eso? Todo esto para mí comprueba que el inconciente es mucho más sabio de lo que creemos, porque no se censura, porque no se autoengaña. Un abrazo.

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