El abrazo, solo el abrazo en sí

Fundirse en un abrazo inmenso como si fuéramos trozos de hierro en el horno de un herrero y separarnos después sin saber muy bien quién es cada cual. Sin saber dónde está la frontera que separa un cuerpo de otro ni cuáles son los límites que bordean cada una de las mentes.graffiti-muro-beso-abrazo-amor

¿Acaso no somos sino un único ser escindido en varios cuerpos? ¿Acaso dudas de que seamos lo mismo? Carne, deseos, huesos, ideas, sentimientos, ganas, futuros, pasados y un presente que nunca lo está. ¿Acaso no seguimos las mismas sendas marcadas, no nos cansamos a veces, no parloteamos sin descanso y no imaginamos vidas con solo ver una mirada?

¿Acaso no es emoción lo que percibes debajo de la suciedad?

¿Acaso no somos sino el abrazo en sí y no las partes separadas que se unen en él?

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Amores-desamores veraniegos

Desde hace un par de semanas tengo la sensación de que ya estamos en verano. Siempre ha sido mi época del año favorita, sin lugar a dudas. Cuando era pequeña, solía explicar con convicción que mi estación preferida era el verano, pero mi día favorito era el 5 de enero. Actualmente, el día de reyes me sigue gustando. Y no por los regalos, como cuando era un niña. Ese día nos reunimos todos en casa de mis padres y cenamos cosas de picar: jamón, ensalada, queso, tortilla, guacamole, canapés y tomamos roscón de reyes mojado en chocolate caliente de postre. Me gusta por eso y por el ambiente, que es más tranquilo que el de nochebuena y nochevieja -en mi casa se acumula bastante estrés en esas dos fechas- y más espontáneo: más divertido. Lo que detesto del 5 de enero es que está enmarcado en pleno invierno -con sus días cortos y fríos-, y que supone el fin de las vacaciones de navidad. En el verano, en cambio, todo son ventajas, en mi opinión. Es la estación para romper la rutina y la monotomía. Como si fuera el fin de semana del año.

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Justo ahora que empieza el verano, mi amiga Ro acaba de dejar a su novio. Llevaban juntos algo más de un año. No es que le haya dejado; le ha dicho que necesita un tiempo, que quiere aclararse, que no sabe lo que le pasa, que está agobiada de repente. Su novio, ex novio, es un chico bastante encantador. Parece introvertido al principio, pero cuando le conoces, cuando se rompe esa primera costra de timidez, te das cuenta de que es muy majo y bastante divertido; nos reímos con él. Se ha integrado muy bien con nosotras y siempre se interesa por lo que nos pasa. También con ella es muy bueno: Ro dice que es atento y cariñoso y comprensivo y que no han discutido en el tiempo que llevan juntos. Sin embargo, siente que todos sus cualidades no son suficientes para enamorarse de él y que todo este tiempo de estar bien juntos no ha sido sino una ilusión de enamoramiento, que ese llevarse bien con él y estar bien a su lado le han hecho pensar que le quería, pero que no es así. Se ha dado cuenta de que no le quiere y ha empezado a odiar que él se siga preocupando por ella cuando le ha dicho claro que necesita un tiempo para pensar y que él se consuma y diga que está pasándolo mal.

Es una situación complicada y todas estamos agobiadas de alguna manera. No es justo para él que ha sido tan bueno con ella, pero tampoco es justo que Ro piense en él, en vez de en ella misma. Es decir, que no sería sano que siguieran juntos solo porque ella se siente culpable por no sentir que le ama cuando él ha sido tan bueno con ella y la quiere tanto. Así que lo mejor, quizás, es que rompan. Pero al mismo tiempo nos decimos: joder, ¿qué nos pasa a veces a las chicas?, ¿es cierto que necesitamos al chico malo para sentirnos rebosantes de amor? Y también, ¿qué es en realidad el enamoramiento? ¿Qué es eso de sentirse enamorado, de lo que tanto, tanto y tanto se ha oído hablar?

Bajo mi punto de vista el enamoramiento, el enamoramiento y el amor romántico, no existe. Pero yo es que no soy nada romántica. Odio las películas de amor, los días del amor, la gente que dice que su pareja es su mitad o que “is the one”. Bah. Me pongo nerviosa de pensarlo. A mi entender, el amor es simplemente sentirte bien al lado de una persona y tener ganas de darle besos y a arrullarla y desear pasar la mayor parte del día y de la semana, y la mayor parte de toda la vida a su lado. Pero creo que una persona puede sentir esa sensación por mucha gente -no necesariamente al mismo tiempo- no solo por un ser único y elegido. También creo que hay que reconducir el amor. Si te enamoras de un yonki, ya sabes que tienes posibilidades de pasarlo mal, igual que si te enamoras de alguien que ya está casado o de una persona con gustos totalmente opuestos a los tuyos. Creo que hay que enamorarse con la cabeza, más que con el corazón, y que es también con la cabeza con la que se mantienen las relaciones.

El caso es que estamos en verano y que siento ganas de salir y entrar y olvidarme del fastidioso caos del invierno. Y lanzarme a la piscina de agua fresquita y ponerme ropa cómoda y leer un montón de libros y echarme la siesta sin pensar en las cosas que tendría que estar haciendo. Quizá me esperen sueños de amor. Quizá se me desvele de otra manera, quizá descubra qué es.

Hace falta amar

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Para amar a alguien hace falta no tener en cuenta todas las imperfecciones propias que se clavan como hojalata mal cortada. Hace falta no ser consciente de ellas, hace falta no llamarlas imperfecciones, hace falta amarlas como si fueran algodón blandito, un viaje deseado, un paisaje bello, un masaje en la nuca.

Para amar a alguien que no somos nosotros hace falta amar primero a la persona que sí somos nosotros. Hace falta no lanzarnos miradas reprobatorias, hace falta no asustarnos, hace falta escucharnos. Hace falta amarnos incondicionalmente. Amar como niños. Amar sin medida. Amar sin método. Amar sin más porqué que el hecho de que nosotros seamos nosotros: la persona en la que vivimos, la que nos reporta sus experiencias y emociones sobre la Tierra, el vehículo que nos permite conocer todo lo demás: absolutamente todo. La persona que baila por nosotros, que ríe, que escucha, que llora de tristeza y de alegría, la persona que ve árboles y siente en su piel el calor del sol tamizado por las hojas verdes de primavera.

Hace falta no sentirse culpable por haber dicho esto o haber omitido aquello, hace falta no sentirse incapaz ni poca cosa, ni estúpida, ni demasiado alta, ni demasiado gorda, ni demasiado parlanchina. Hace falta sentirnos cómodos en la casa que somos para nosotros y buscarnos lo mejor en cada ocasión.

Hace falta sentir odio y pena y rabia y vergüenza y luego aceptarlo como partes de la vida, partes tan naturales como la lluvia o el viento, tan naturales como el hambre, el frío y el agua.

Hace falta estar ahí donde estamos y desde esa posición decidirnos a amar. Amar, amar, amar, amar(nos).

Todos los latidos, todas las prisiones

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra éste.”

“Déjate llevar por el fuerte empuje de lo que realmente amas.”

“Quiero cantar como los pájaros cantan, sin preocuparme por los que oyen o lo que  piensan.”

“Lo que buscas te está buscando a ti.”

“¿Por qué permaneces en prisión cuando la puerta está completamente abierta?”

Rumi (1207-1273)

Rumi

Mientras estemos vivos, nos pertenece todo lo que habita en el mundo; nos pertenece todo lo que en realidad no nos pertenece, lo que es del aire, de la atmósfera, de la vida.

Todos los mundos.

Todas las flores.

Todas las perspectivas.

Todos las aventuras.

Todos los latidos.

Todas las prisiones. Y sus barreras.

Todos lo que está en nuestra cabeza. Todo lo que está en la cabeza de cualquier otra persona. Y todo lo que está fuera de ellas y no sabemos siquiera que existe.

Amor (y odio) en la etiqueta

El amor desata.

El amor libera.

El amor comprende.

El amor escucha.

El amor da risa.

El amor abriga.

El amor compadece.

El amor tranquiliza.

El amor emociona.

El amor acuna.

El amor divierte.

El amor inspira amor.

El amor da amor.

El amor traspasa, pero no a la manera de los candados en una verja, sino que más bien al modo de la lluvia, que cala hasta el interior de la tierra y permite el desarrollo natural de los seres; a la manera de las palabras, que se introducen en la cabeza sin que nos demos cuenta y propician el nacimiento de otras palabras.

Así es el amor que yo concibo. Luego está el odio. Parecen opuestos, pero no hay nada más fácil que confundirlos. Al fin y al cabo, en la mente no hay apartados donde las emociones se presenten organizadas por etiquetas universalmente aceptadas.

Y la gente se lía: acaba pensando que el amor captura, que el odio suelta.

candado amor

Hide and seek

Oigo la vida y su estruendo, resguardada en una esquina, tocando mis abrazos. Mi piel me siente cerca y me pregunto al oído si me quiero. Mirando mi cara descubro una boca indecisa, unos ojos lejanos, el rostro de siempre en otras caras, mi piel, mi piel arañada. He escuchado que una voz susurra mi nombre. Presto atención y escucho bajito, te amo. Levanto el cuello y mis cejas se cruzan.

¿Es a mí?, ¿eres tú?, ¿es posible? Si aprecias quien soy, si también me amas, ¿por qué tanto dolor?, ¿por qué ese agotamiento? ¿por qué tanta queja inútil?

Es amor lo que siento, susurras. Pero quizá no es amor lo que expreso. 

La vida, al fondo, resuena. Hay coches, edificios, personas, risas furiosas. Me pongo de pie y contemplo mis gestos. Alguien trata de explicarse. Hay agua. Bebo.

Aún no he aprendido a amarte, pequeña, me dices. ¿Cómo podría haberlo hecho? Aún no te conozco. Tú siempre te escondes.

¿De qué sirve no hacerlo?

Soy yo. Soy yo. Tengo derecho a pensar lo que quiera, a sentir lo que quiera, a desear lo que quiera, a hacer lo que quiera, a comportarme como quiera. Soy yo. No es lo que quieran los demás. Es lo que quiera yo.

Soy yo. Tengo derecho a ser fuerte, a no arredrarme, tengo derecho a hacerme valer y a pensar de mí cosas que me beneficien, tengo derecho a apoyarme, a cuidarme, a ayudarme.

Todos tenemos la oportunidad de ser nosotros mismos y hacer lo que nos parezca más conveniente en cada momento. También cometemos errores; es cierto: somos humanos. No obstante, es más sano subsanar el error y aprender de él que quedarse paralizado por miedo. ¿De qué sirve no hacerlo?

Como dijo Kurt Cobain, “es mejor ser odiado por lo que eres que ser amado por lo que no eres”.

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