Patti Smith, cuando era una niña

“Me recuerdo pasando por delante de escaparates con mi madre y preguntándole por qué no los destrozaba la gente a patadas. Ella me explicó que había normas tácitas de conducta social y que ese era el modo de coexistir como personas. De inmediato, me sentí limitada por la noción de que nacemos en un mundo donde todo está determinado por quienes nos han precedido. Me esforcé por reprimir mis impulsos destructivos y, en cambio, desarrollé los creativos. Aun así, la niña contraria a las normas que llevaba dentro no había muerto”.

Patti Smith

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Oí hablar de Patti Smith hace relativamente poco, quizá un par de años. Hasta entonces no sabía nada de ella; luego por casualidad llegué a conocer someramente su figura y su obra; hace unos días, empecé a leer un libro autobiográfico suyo “Éramos unos niños” y ahora es como si la conociera desde siempre. Siento que es muy cercana a mí e incluso he llegado a admirarla: por su trabajo, sus decisiones, su forma de ser, su originalidad. De todos estos sentimientos positivos repentinos tiene la culpa su libro, que destila madurez, sencillez y belleza.

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Patti con su entonces pareja, el fotógrafo Robert Mapplethorpe

Habla del pasado sin nostalgia ni añoranza; como si cada paso que da, o que dio durante ese periodo, tuviera un significado y le hubiera ayudado a crecer como persona y artista.  En ese sentido, alegrías, tristezas, celos o amor tienen la misma importancia pues forman parte de ella y tuvieron un papel durante ese periodo de su vida. Me gusta su valentía, su originalidad, que sabe conservar a lo largo del tiempo (una prueba de ello, es su estética andrógina, su aura de misterio), su libertad, responsabilidad, la forma natural de expresar sus puntos vulnerables, su confianza y constancia con el proceso creativo. Me gusta el hecho de que le concediera más valor a su opinión acerca de una obra, y al desarrollo de la misma que al reconocimiento gratuito.

“Yo soy libre”, dice en numerosas ocasiones. Libre porque se siente feliz y logra hacer las cosas a su modo. Porque al final consigue hacer lo que más le gusta. Porque sabe desafiar los convencionalismos de aquella época (y de esta).

El libro me ha inspirado, en general, amor hacia las cosas, hacia mí, ganas de empezar a dejar a un lado los miedos, el deseo de esconderse, la timidez, ganas de hacer las cosas a mi modo. Mi forma de ser es diferente en algunos aspectos a la de ella y quizá por ese motivo, valoro más su carácter. Una vez leí que para llevarte bien con una persona tienes que admirarla en algún sentido, no puedes superarla siempre, en algo tiene que ser mejor. He descubierto que esto se cumple en numerosas ocasiones. Y también en este caso. 

Patti Smith

Apodada la “reina del punk”, Patti Smith (1946) publicó su primer disco (Horses) en 1975. Ha sido considerada inspiración para grupos como REM, Garbage o artistas como Madonna.

“Éramos unos niños” (que obtuvo el National Book Award en 2010) narra  su biografía durante los primeros años de su vida: su infancia, adolescencia, juventud, la manera en que se ganó la vida hasta su acercamiento paulatino al rock. No le sobraba el dinero, pasaba necesidades, peleaba por llegar a vivir de la poesía, la pintura, el arte. El hilo conductor es la relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, aunque en el libro se mencionan a personajes como Sam Shepard, Janis Joplin o Jim Morrison, como si el Nueva York de finales de los 60 y principios de los 70 fuera un pequeño barrio donde todo el mundo se conociera. 

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Más de 60

Mis padres tienen más de 60, más de 60 años. Hoy de repente lo he visto cuando compartía comida con ellos y con algunos de sus amigos. No es porque estén mayores: se jactan de estarse enganchando, un poco desorientados, a las nuevas tecnologías de la comunicación, tienen un montón de planes, ríen, discuten, se burlan de sus hijos de la misma forma que la gente de mi generación lo hace de sus padres. He sido consciente de que tienen más de 60 porque en una ocasión uno de ellos ha dicho que es ahora el mejor momento que tienen para disfrutar juntos, pues dentro de diez años, ¿qué será de ellos? En tono de humor decían, uuh, dentro de diez años, eso será si estamos todos. Y se reían. Creo que en el fondo piensan que estarán ahí, igual que ahora, dentro de diez, veinte, treinta años. Yo también lo creo.

Luego he compartido viaje con dos de ellos, marido y mujer. Las nubes, a través de la ventanilla, descargaban lluvia en la lejanía. Nosotros tres hablábamos en el interior de todo, de cualquier cosa. Sonaba un disco con una recopilación de música de Serrat, Victor Manuel, Sabina o Cecilia.

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Cecilia

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Pueblo español en los años 70

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La ‘contemporaneidad’ de los 70

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Ana Belén y Víctor Manuel

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Carro conducido por bueyes

Una se da cuenta de que son mayores porque han vivido otra época, han vivido los años 50, los 60, los 70. La época de casarse pronto, de la censura, la dictadura, el trabajo en el campo a partir de temprana edad, las familias numerosas, el respeto incuestionable a los padres. Estaban vivos en una época que ya está muerta, pero que sigue latiendo a través de ellos de alguna manera, aunque se esfuercen por adaptarse a la nueva visión, (la ¡modernidad!) y se enorgullezcan de ello.

Considero que Cecilia fue uno de los iconos de esa época de las que mis padres también fueron partícipes. Me parece una muestra de la forma de vida del momento el hecho de que muriera (a los 27) al chocar el coche en el que ella iba con un carro de bueyes. Los accidentes de tráfico son casi un icono de nuestra época, aparecen a diario en los telediarios, la mayoría ha presenciado o sufrido alguno; el carro de bueyes, en cambio, deja un regusto añejo en el oído cuando se escucha, me retrotrae a épocas muy, muy antiguas.

Era 1976. Mis padres tenían entonces veintantos.