Cielo azul, nubes blancas

Cómo pasas tus días es, por supuesto, cómo pasas tu vida. 
Me gustaría aprender, o recordar, cómo vivir.

Annie Dillard

Y decidirse a vivirla

Puedo ser una mota de polvo que vuela sin ser vista y sin hacer ruido por el aire, una mañana espesa de nubes. Y puedo acomodarme en ellas, mullidas como algodón y sentir la paz absoluta de perderme en su interior.

A menudo pienso en eso cuando voy en el coche, sentada en el asiento de copiloto. Me gusta quedarme embobada mirando el cielo y sentirme sin darme cuenta parte de él. Concentrarme mientras lo observo abstraída, ante mis ojos solo el color azul y el blanco, y de repente olvidarme del ritmo de preocupaciones que agita mi día a día.

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Aire, motas de polvo, algo diminuto e imperceptible. Cuántas veces he deseado ser eso. Ser invisible. Pasar desapercibida. Esconderme. Que nadie me preste atención, ni siquiera yo, ni siquiera yo misma. Hay gente que se muere por ser el centro de todas las miradas y gente que no soporta recibir una breve ojeada. Yo he estado en el segundo bloque la mayor parte de mi vida. Y podría seguir estándolo, solo que muchas veces el tiempo nos cambia: llega un momento en que los deseos de invisibilidad se enfrentan a la realidad. A veces es necesario dar la cara, tomar decisiones y ser fuerte; y si no eres nada, ¿cómo puedes hacerlo? ¿Cómo puedes defenderte, cuidarte o ser capaz de hablar por ti mismo? Está bien ser aire y flotar y vivir como un ser inmaterial, siempre que se pueda adoptar un cuerpo que se preocupa de sí mismo y se trae lo que necesita cuando quiere.

Lo mejor sería ser aire y ser árbol. Ser pez y ser agua. Ser vida y decidirse a vivirla.

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¿Me acompañas en el viaje, Whitman?

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Hide and seek

Oigo la vida y su estruendo, resguardada en una esquina, tocando mis abrazos. Mi piel me siente cerca y me pregunto al oído si me quiero. Mirando mi cara descubro una boca indecisa, unos ojos lejanos, el rostro de siempre en otras caras, mi piel, mi piel arañada. He escuchado que una voz susurra mi nombre. Presto atención y escucho bajito, te amo. Levanto el cuello y mis cejas se cruzan.

¿Es a mí?, ¿eres tú?, ¿es posible? Si aprecias quien soy, si también me amas, ¿por qué tanto dolor?, ¿por qué ese agotamiento? ¿por qué tanta queja inútil?

Es amor lo que siento, susurras. Pero quizá no es amor lo que expreso. 

La vida, al fondo, resuena. Hay coches, edificios, personas, risas furiosas. Me pongo de pie y contemplo mis gestos. Alguien trata de explicarse. Hay agua. Bebo.

Aún no he aprendido a amarte, pequeña, me dices. ¿Cómo podría haberlo hecho? Aún no te conozco. Tú siempre te escondes.