La niña que sigo siendo (II)

Niña

Siempre fue una niña tímida. De vez en cuando lo sigo siendo. 

Me canso viendo películas demasiado largas. No soporto estar sentada en la silla del cine más de dos horas y media. Me canso, me termino aburriendo. Cuando las veo en casa, muchas veces me duermo. 

Me siguen dando miedo las historias de terror, las de asesinatos, las de miedo o intriga.

Me gusta el café solo (solamente) si tiene mucha leche y mucho azúcar. No me gusta la cerveza. 

La niña que sigo siendo (I)

A veces descubro que sigo siendo la misma, que mi forma de ser no ha cambiado apenas desde que era una niña.

Sigo siendo un pequeño desorden diario. Aún ahora hay días en que no encuentro una bota y tengo que cambiar la ropa que tenía prevista porque ya no combina con el calzado que al final me pongo. Eso me recuerda tanto a mi infancia… Tengo grabada una escena de mi padre ayudándome a buscar un zapato antes de salir de casa. Teníamos mucha prisa, el zapato no aparecía y mi padre no paraba de regañarme, enfadado. Yo miraba una y otra vez debajo de la cama, llorando.Image

Me gusta que todo lo que hago tenga un propósito. Pocas veces dejo esta cuestión al azar. Soy muy controladora y exigente en ese aspecto y ya lo era de niña. Detestaba perder el tiempo, me encantaba que todo lo que hiciera sirviera para algo.

Me encanta jugar. De niña me entretenía con cualquier cosa. Recuerdo especialmente, porque mi hermana mayor se quedó asombrada cuando me vió, cómo solía jugar con mis lápices de colores. Me imaginaba que eran una familia que vivía en mi estuche. De vez en cuando les tocaba trabajar, esto es, pintar el papel, y ellos se resistían, porque el trabajo les consumía la vida, les hacía más pequeños, cada vez más cerca de su fin. Mis juegos actuales son diferentes, pero me siguen divirtiendo y entreteniendo. Me gusta, por ejemplo, gastarle bromas tontas a la gente y reírme de su reacción, me gusta echar agua en la tierra y mover la mezcla con un palito, me gusta jugar con mis sobrinos a juegos de casitas: hemos hecho una en la terraza, otra en el armario de mi habitación, una tercera, en el armario del salón de mi abuela.

Todavía me muerdo las uñas. Más que las uñas, los padrastros.

Mis 14 propósitos para 2014

Me gustaría que 2014 fuera un buen año, que todo fuera a mejor, tuviera un sentido, un año que fuera el comienzo de otros años llenos de cosas buenas, alegría, contento interior, fuerza, capacidad, amor. 365 días para mejorar y para disfrutar.

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Lo cierto es que yo no soy muy de hacer propósitos de año nuevo, creo que no tiene que establecerse una época concreta para empezar a cambiar, hacer aquello que amamos o dejar de hacer aquello que detestamos de nosotros mismos, y que además, puede causar decepción no llegar a cumplir los objetivos marcados. Y sin embargo, este año he hecho mi propia lista. Quizá me ayude a fijar las cosas que quiero (muchas de ellas son un borrón difuso en mi cabeza hasta que las expreso), a tomar responsabilidad de los cambios que quiero en mi vida y a acometerlos cuanto antes.

Este es, pues, mi propio listado de propósitos de año nuevo.

1. No agobiarme con los objetivos fijados

Si los cumplo, bien; si no, no pienso castigarme por ello. Ante todo, quiero ser flexible y amable conmigo misma.

2. Comer más saludablemente

Comer alimentos sanos que me hagan sentir bien. Sin reglas, sin requisitos, sin planes. La idea es simple: menos alimentos procesados, y más fruta, verdura y alimentos integrales. 

3. Ser más ordenada

El orden siempre ha sido una asignatura pendiente para mí. Me cuesta mucho mantenerlo y me cuesta más todavía abordarlo: ponerme a organizar. Pero es algo que debo aprender a hacer: odio no encontrar lo que necesito y tener que buscarlo sin éxito, odio el desorden, detesto encontrar una mancha, un agujero, etc. en la prenda que me quería poner y que estaba guardada;  descubrir que se me ha pasado un plazo, no saber dónde está determinado papel. Cuando ordeno, cuando todo está a mano, cuando preparo lo que voy a necesitar con antelación, nace de mí una sensación de contento, bienestar y tranquilidad que quiero fomentar. Puede que este sea uno de los propósitos más difíciles de cumplir para mí, pero quiero intentarlo. De hecho, quiero cumplirlo. 

4. No posponer lo que tengo que hacer

Enfrentar situaciones, personas, momentos… Esta es otra de las cosas que suelo hacer pese a que detesto sus consecuencias… y otro de mis propósitos díficiles, pero importantes, para 2014. 

5. Mirar más por mí, por las cosas que me apetecen

Me gusta ayudar a los demás, estar con ellos, compartir momentos, pero también me viene bien buscar tiempo para mí y hacer lo que me gusta. A veces, me apetece hacer algo pero acabo haciendo otra cosa por cumplir lo que los demás me han pedido. Este año, intentaré preguntarme siempre qué es lo que me apetece hacer cuando diversos planes se acumulen y entren en conflicto.

6. Meditar 10 minutos al día

Es mi tarea pendiente desde hace bastante tiempo. A menudo pienso que no tengo demasiado tiempo o que tengo demasiado sueño, pocas ganas, menos concentración, etc. Pero creo que, de hecho, no hacen falta tantas condiciones: solo 10 minutos al día. A veces saldrá mejor y a veces en vez de dejar la mente en blanco la llenaré de aventuras, pensamientos, locuras. En cualquier caso, el hecho sentarme y respirar hondo unas cuantas veces, constituirá un pequeño avance.

7. Cuidar mi pelo, mi piel, mis dientes

Con remedios naturales que tanto me gustan a mí :) No olvidarme de hacer y ponerme mascarillas y potingues varios. 

8. Amar más

Tener más amor, besos y abrazos para tod@s, incluida yo misma. Amar para mí también es no criticar: ni a los demás, ni a mí misma, ni a mi cuerpo. 

9. Hacer algún tipo de deporte  

Vale cualquiera: pasear, subir las escaleras en lugar de usar el ascensor, ir andando en vez de en coche, hacer estiramientos, salir a correr.

10. Decir lo que pienso o siento

Me propongo decir todo aquello que siento y pienso, sin miedo a lo que otras personas puedan suponer, sin miedo a dejar de ser aceptable. He comprobado que muchos de los conflictos interpersonales que tengo se crean por malentendidos, por no expresar mis sentimientos o preferencias con claridad.

Considero que es mejor actuar, y si resulta erróneo, aprender del error y corregirlo, que quedarse paralizado y no llegar a hacer nada.

11. Probar nuevas cosas

Hacer nuevas cosas, emprender nuevos proyectos, nuevas experiencias, salir de la rutina. 

12. Sacar tiempo para hacer lo que me gusta

Ver pelis, dormir, leer, quedar con amigas, abrazar a mi chico, viajar, pasear. Afortunadamente, suelo tener tiempo para hacer estas cosas, pero no están de más en esta lista, pues quiero que sigan presentes en 2014.

13. En vez de culpar, agradecer 

Ante situaciones que no surgen como yo espero, me propongo dejar de representar el rol de víctima (“no me ha llamado, no me ha dicho, me hizo esto, me pasó aquello, fue malo, no me tuvo en cuenta”) y empezar a actuar. En vez de esperar a que otros llamen, hacerlo yo; en vez de regañar a otros, buscar mi propia responsabilidad y tomar las riendas. 

Aunque sea difícil de aceptar, cada situación desagradable que nos sucede nos ofrece la oportunidad de aprender de ella.

14. Confiar más en mí misma

Tener más en cuenta mi criterio sin necesidad de echar por tierra el de otros, creer más en mi capacidad para hacer las cosas y atreverme a llevarlas a cabo.

Gracias, día

Otro domingo más: remolonear en la cama, refugiarme del frío de fuera debajo de las sábanas y el edredón, sentir el calor y la comodidad, un poco de paz, otro poco de alegría, una dulce pereza. Levantarme tarde y pensar sin agobios en las cosas por hacer, pensar que tengo ganas de abordarlas. Muchas veces mi alegría depende de cómo he dormido y de cómo es el día. Hoy: frío pero soleado; he dormido bien. Tengo ganas de ir al parque, ganas de besar, de comer, de sentir, un día con ganas de vivir mi vida sin ponerle, ponerme pegas.

Ayer leí las dedicatorias de la carátula de un disco de escasa difusión que fue lanzado este año. Me sorprendieron las de la cantante; en realidad, eran una lista de agradecimientos: a sus padres, sus hermanos, su abuelita, sus amigos; pero también a su propio corazón, que la había guiado por el camino correcto, y el universo, que siempre la escuchaba y respondía con su sabiduría infinita. Me sorprendieron por su belleza y por su sencillez, por el amor y contento con la vida que transmitía. Yo también tengo muchos motivos para estar contenta, muchos motivos para estar agradecida, pero a menudo se me olvidan en el día a día. A veces, más que pensar que el universo, mi corazón o los demás están ahí para apoyarme, escucharme y atenderme, me imagino todo lo contrario: que todo está en mi contra, que nada va cómo yo quiero, que me equivoco tomando decisiones y acabo yendo por el camino erróneo. A veces tengo demasiado miedo para dejarme llevar.

Pero yo sigo aprendiendo. En realidad toda la vida es un aprendizaje. Puedo aprender algo nuevo cada día y también puedo ponerlo en práctica. Hoy va a ser un día para empezar a agradecer. Hoy, al menos. Para que cuando vuelva el resentimiento o la culpa, sé que lo hará, me acuerde de este día, de ese disco y de lo que pensé después. Quizá así pueda mitigarla: quizá pueda volver a empezar un día como el de hoy.

gracias

universo

 

Las cinco cosas que más se lamentan antes de morir

La vida es lo que hacemos de ella, pues la vida somos nosotros mismos: nuestras emociones, nuestros pensamientos, y al final, nuestra decisiones. Lo que decidimos cada día marca el resto de nuestra vida. ¿Y si elegimos ser felices? Al final, al final de todo, es lo que de verdad cuenta: la felicidad que alberguemos y el amor que nos hayamos sabido proporcionar a nosotros mismos y a los demás. 

¿De qué se arrepiente la gente en su lecho de muerte?

Mi padre, estudiante

Mi padre ha vuelto al colegio después de casi cincuenta años sin sentarse en un aula y ahora todos los conocimientos le están grandes, holgados como una sotana. Se jubiló el año pasado. Había trabajado desde los 10 años. Primero en el campo, con las mulas, luego en diferentes fábricas; al final, desde antes de que yo naciera, como albañil.

Yo le ayudo con inglés y con lengua. Los verbos irregulares, el present simple, el past continuous; con el predicado verbal, los diferentes sintagmas que pueden encontrarse una oración, la forma de reconocer el sujeto, el complemento directo e indirecto, el agente, los circunstanciales.

cuadernos y libros

Algunas partes le parecen un rollo aburrido y reconozco que a mí también. Nada interesante, nada atractivo. ¿Es realmente válida esa forma de adquirir conocimiento?, ¿De qué sirve?,  ¿A quién ayuda el aprendizaje de memoria de conceptos que a la larga no sirven de gran cosa? Sabe conjugar diferentes verbos en inglés en pasado y en presente, hacer preguntas, poner ing detrás de determinados verbos y to + infinitivo detrás de otros, pero sería incapaz de mantener una conversación básica con un inglés.

A mí lo que me gusta es su actitud. Le pone empeño y le gusta estudiar, poner los apuntes y el ordenador portátil sobre la mesa y llenarla de papeles, bolígrafos, libros y cuadernos, con gesto desorientado, perdido. Suele estar un rato estudiando y después recoge y se va a dar una vuelta con la bici, o a tomar café, mientras explica que él no se quiere saturar ni estresar, que va a la escuela con el único objetivo de aprender algo, porque ningún título le hace falta ya, y que ahora lo que le importa es simplemente vivir, hacer diferentes actividades de su gusto, disfrutar con cada una de ellas. Sin agobios ni presión. Sin luchas.

Así tenía que ser la vida desde el principio, pienso.

Suerte

Te llevo conociendo toda la vida. Toda mi vida. La tuya había empezado mucho antes; antes de la guerra; solías contar tu experiencia en ella: cómo habías llegado a Madrid, cómo habías ejercido de camillero y recogías cuerpos tirados, heridos o muertos; cómo llegaste a estar en un campo de refugiados en Francia. Costaba imaginarte de joven, un cuerpo atlético, delgado, alto, y una cabellera rubia, los ojos azules.

Te conocí cuando tus dedos ya se habían deformado, tu boca era el instrumento que utilizabas para respirar, y tu visión se debilitaba cada día. Contabas cientos de historias, anécdotas de tu vida, tan extensa, y las enmarcabas siempre dentro de fechas tan exactas que dejaban asombrados a quienes te escuchaban.

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Se me emborronan ahora todos esos datos en la cabeza, las explicaciones, los detalles, y duele porque ya no vas a volver a contármelo y porque sé que quizá no te presté la atención que merecías cuando sí podías. El corazón se me encoje. Tú no estás y tus historias se han perdido contigo. “Ya tienes tu casita y no vas a volver”, te dijo la abuela en referencia a la tumba en la que ahora vives, mueres.

Recuerdo tu mal humor. Tu mal genio. Lo enfadado que te ponías cuando te llevábamos la contraria o pensábamos de forma diferente a ti. Y sin embargo, ya no lo recuerdo con molestia, ya no me parece odioso, como antes; ahora entiendo que tus enfados eran de poca monta, y que en el fondo no eras sino una persona sensible, que en la vejez había aprendido a mostrar sus sentimientos. Llorabas por ofensas que habías cometido en el pasado y que no te perdonabas, aún cuando hubieran pasado más de 60 años desde aquel momento. Llorabas por las veces que te habían herido a ti. “Si yo los perdono”, decías con voz quebradiza, “pero no se me va de la cabeza”.

Ahora soy yo la que lloro, escribiéndote a ti, que ya no me leerás. Tú ya no piensas, no eres nada: como si nunca hubieras existido. De ti solo quedan prendas, objetos que recuerdan a ti, pero que no son tú, y cientos de recuerdos, que tampoco son tú. No nos volveremos a ver. Tú ya no estás; a mí aún me quedan días. Yo sigo aquí, en la tierra, en el universo, en la vida. Tú no eres nada.

Me viene a la mente una ocasión en que no nos íbamos a ver durante mucho tiempo y me dijiste que tuviera suerte. Gracias, te dije. Suerte en la vida, puntualizaste. Espero que tengas suerte en la vida. La suerte ha sido conocerte a ti, abuelo.