Insomnios

Aún permanece la oscuridad en el cielo. El silencio continúa su suave cadencia, su paz, su vacío. La noche es larga mientras aguardo, impaciente y pesarosa, la llegada del día.

El sueño se ha escapado a algún rincón de mi cuerpo y no consigo encontrarlo. Hay demasiada luz, un insolente alboroto en el interior de mi cabeza para que pueda hacerse cargo de mi cuerpo, imperar una noche más. Mientras fuera es estable la negrura y la quietud, dentro ha estallado una noche sin reglas. Hay ruido, hay pitidos, hay palabras soeces y miedo en la ancha carretera de mi mente. Por ella circulan automóviles en varios sentidos y cada uno de ellos lleva consigo un cometido que me entregará a lo largo del día, en el instante de llevarlo a cabo. Hasta ese momento, rugen y pitan y se abalanzan unos sobre otros impidiendo así que me olvide de ellos, que el sueño regrese. El sueño no volverá pero el cansancio se va acumulando cada vez más, como si fuera tierra cubriendo el fondo de un reloj de arena. La arena cae y dificulta la circulación de los coches, pero no los detiene, ni se amortigua su estruendo.Processed with VSCOcam with f2 preset

Hoy la noche dará paso al día lentamente, y lentamente lloverá su luz y su exuberancia de sonidos y colores. Y yo viviré en él con los ojos cansados y el cuerpo ansiando volver a la cama. Y aunque el tráfico se termine disolviendo en mi cabeza conforme el día transcurra y las tareas se lleven finalmente a cabo, permanecerá conmigo el sabor acelerado de los coches y el llanto triste del sueño, escondido aún, intentando respirar en la tormenta de arena.

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Mi hoguera se esconde

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Abro la jaula. Anochece. El mar va y viene con su cadencia regular, infinita, a bañarme los pies, a curar mis pequeñas heridas con su agua salada. Abro de golpe los ojos y observo la hoguera. Contemplo su huida: se refugia tras las montañas.

Un rato después el salón está atestado, más tarde, no queda nadie. No hay explicación posible. La gente ha elegido el olvido. La primavera come sopa de pollo con hielo picado. El olor del asfalto debilita los labios.

Ahora ya: es noche cerrada. Ya no veo el fuego, no queda rastro de su fulgor. Cierro la jaula e imagino un escondite seco. Si me oculto, estaré más cerca de las llamas, compartiremos la intriga, la sensación de ser buscado; quizá así pueda sentir algo de su calor. La gente no ha vuelto. Aprieto una guirnalda. Introduzco en ella la jaula. Aspirando su aroma llegaré a ser estrella.