Si de verdad fuera una tortuga

A menudo siento que mi vida se repite y que acabo haciendo lo mismo o cuanto menos sintiendo lo mismo una y otra vez. Un día una situación determinada desencadena una serie de emociones y otro día, una circunstancia completamente diferente provoca la misma emoción. Entonces pienso que mi problema es que no termino de resolver las dificultades a las que me enfrento, es decir, que no les planto cara, y por ese motivo aparecen una y otra vez y se repiten en un círculo infinito hasta que, quizás, tenga las ganas, el coraje o la energía para resolverlas. Leí ese argumento en alguna parte. Leí que había que enfrentarse a aquello que nos desagradaba y así cambiarlo; y así evitar que nos arruinara. Pero yo soy bastante cobarde. Una chica asustadiza y pusilánime, que cuando ve problemas se encoge y se protege como una tortuga a la espera de que el peligro cese. No estaría tan mal la situación si mi caparazón fuera duro y resistente: si de verdad fuera una tortuga. Pero lo cierto es que los conflictos me traspasan, como si piel fuera completamente permeable. Esos días llego a casa sintiéndome tristona y miserable: un deshecho, un despojo. Me doy pena y rabia y me digo mira que te lo tengo dicho una y otra vez, con la voz de mi madre reproduciéndose en bucle solo para mis oídos. Luego intento consolarme. Muchas veces, lo hago con música. Suele ayudar.

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