Mojado por la sombra de la luna

He estado fuera: perdida, abandonada, vacía. He estado fuera: dentro de mis abismos, de mis precipicios, de todas mis carreteras sinuosas que conducen a la caída final.

¿Caída? No, en realidad nunca hay caídas. Ni abismos, ni precipicios; ni siquiera hay carreteras sinuosas que conducen a alguna parte. Solo la parálisis más completa, el miedo más agarrotante, las miradas más vacías. Se ha paralizado la vida, el movimiento, el sentido; se han paralizado las ganas y las fuerzas.

El tiempo, mientras tanto, continúa su ritmo. La sombra de la luna moja sus pies imparables.

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