Pájaros en el tejado

Los muros me miraban desafiantes,

Yo les apuntaba con mi tripa, desde lejos.

Mi tripa juguetona, nerviosa, mi tripa bamboleándose.

Luego perdí el equilibrio y caí sobre el suelo.

Me hundí entre los cojines del asfalto y la risa me llenó la boca como si fuera espuma.

Y vomité.

Después intenté cambiarme los ojos.

Azules, grandes, negros, negros como cuando es de noche.

No es eso: quiero cambiarme los ojos para sentir otras maneras,

y dejarme reposar acunada sobre la almohada de mi pecho.

Los muros crecieron altos y fuertes;

se volvieron soberbios e intimidantes,

pero su transformación invitó a mi cuerpo a hacer lo propio.

Ahora crece musgo sobre mis pies,

ahora se posan mariposas y sonoros pájaros sobre mi tejado.

Pájaros en la cabeza

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Mi yo grande

Cuando era pequeña, me gustaba despertarme pronto, ver empezar el día y luego volverme a dormir. Sentir el frío de la mañana y volver al calor de la cama. Era un infinito placer dejarse invadir por la pereza y la somnolencia aquellos días en que me había despertado temprano, había disfrutado un rato de la mañana y aún era pronto cuando decidía volver a la cama.

Sigo siendo la misma niña que entonces, la niña que veo en mis recuerdos. No es que no haya crecido, no es que no haya madurado ni que me sigan gustando las mismas cosas que durante mi niñez, aunque aún conservo muchas costumbres, gustos, ideas, percepciones. He cambiado. Sin embargo, mi yo, mi persona sigue siendo la misma, tenga 5 o 20 años, 10 o 70 (si alguna vez llego a tener esa edad); sigue siendo mía aquella alegría infantil, aquella felicidad de los días de verano sin colegio, aquellos sueños tranquilos, aquellos juegos, siguen siendo míos los días creados en el pasado y los días que crearé en el futuro… Sigue siendo mía mi persona, mi barro, cada uno de mis recuerdos, todos mis pensamientos.

Algo dentro de mí siempre ha permanecido: sentado en un banco, tranquilo, impasible a la huída y al reemplazo de todo lo demás. Algo dentro de mis hombros, mi nuca, mis mejillas, mi lenguaje, mi paladar, mis párpados.

Mis párpados grandes como mis ojos. Como mi yo niña, mi yo adulta. Grandes como mi yo grande.

¿Y quién no, Simone?

Simone_Beauvoir

 Una vida, cientos de contradicciones

“Amo con pasión la vida, abomino la idea de morir. Soy terriblemente ávida, quiero todo de la vida, ser una mujer y también un hombre, tener muchos amigos y soledad, trabajar enormemente, escribir buenos libros, pero también viajar, divertirme, ser egoísta y también generosa… Como ves no es fácil tener todo lo que quiero…”

Simone de Beauvoir

 

Simone_de_Beauvoir

 

All we have is now

He hablado ya del tema: del miedo a cambiar, del miedo a ser feliz, del miedo a empezar de cero; de las huidas como solución. Pero aún así no deja de obsesionarme. Quizá es porque no lo entiendo, no lo aplico, quizá porque lo olvido y necesito recordármelo una y otra vez para volver a tenerlo presente, muy a mano, muy cerca de mis pensamientos principales.

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Por lo demás, hoy ha sido un día como otro cualquiera. De eso se trata, ¿no?

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La gente puede cambiar.

Simplemente no lo hacer porque

es más fácil no hacerlo.

Siempre esperamos a que

nuestras vidas empiecen,

asumiendo que seremos

una persona distinta algún día.

¿Pero a qué esperamos?

Lo único que tenemos es el ahora.

No escapes de esto.

Lo que nos define

Hoy ha sido un finde de esos en que me despierto temprano, voy al baño, me vuelvo a meter en la cama e intento quedarme dormida de nuevo, sin éxito. Empiezo a pensar y a pensar hasta que al final admito que ya no voy a dormir más por hoy y decido levantarme. Eran las siete cuando me he despertado hoy. Pensaba pensamientos revueltos que se enlazaban unos con otros como eslabones de una cadena, como una enredadera sin fin. Uno de ellos me ha llevado a Lizzie Velasquez, la que fue denominada “la mujer más fea del mundo” y cuyo video vi ayer.

 

Más allá de su mensaje optimista, de su valentía y su fortaleza, esta mañana he reflexionado sobre su frase “¿Qué nos define?”, ¿qué nos hace ser la persona que somos? No es nuestro físico, ciertamente. Mi cuerpo, mi aspecto ha cambiado desde que era un bebé y seguirá cambiando hasta ser totalmente diferente a como es ahora y aún así me seguiré identificando con él. Tampoco soy lo que tengo, ni lo que he logrado. ¿Es mi personalidad? Mi forma de ser también es diferente, no obstante. Mis pensamientos, mis emociones cambian. Lo pienso y me parece que no hay tantas cosas que se hayan mantenido estables a lo largo del tiempo en mi vida. Y aunque sí se hayan mantenido, si de repente cambiaran, yo seguiría siendo yo. ¿Entonces quién soy? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Será simplemente ese yo que hay dentro? ¿Esa voz que nos llama “yo”?

En ‘La insoportable levedad del ser’ de Milan Kundera, Teresa se plantea esta misma cuestión. Mirándose al espejo, se pregunta si seguiría siendo ella misma si su nariz empezase a crecer cada día hasta que su rostro resultase irreconocible para ella misma. La respuesta es que sí, que lo seguiría siendo. Seguiría siendo Teresa aunque su cuerpo cambiase y ya no se reconociera en él y cuando se mirase al espejo sería la misma Teresa, pero aturdida ante los cambios. Entonces, ¿qué es el cuerpo?, se preguntaba a continuación. “¿Qué relación hay entre Teresa y su cuerpo? ¿Tiene su cuerpo algún derecho al nombre de Teresa? Y si no tiene derecho, ¿a qué se refiere el nombre?”

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Realmente, hoy no tengo respuesta a la pregunta de la bella Lizzie. No sé qué es ser uno mismo. Ni qué o quién soy yo.

Mis 14 propósitos para 2014

Me gustaría que 2014 fuera un buen año, que todo fuera a mejor, tuviera un sentido, un año que fuera el comienzo de otros años llenos de cosas buenas, alegría, contento interior, fuerza, capacidad, amor. 365 días para mejorar y para disfrutar.

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Lo cierto es que yo no soy muy de hacer propósitos de año nuevo, creo que no tiene que establecerse una época concreta para empezar a cambiar, hacer aquello que amamos o dejar de hacer aquello que detestamos de nosotros mismos, y que además, puede causar decepción no llegar a cumplir los objetivos marcados. Y sin embargo, este año he hecho mi propia lista. Quizá me ayude a fijar las cosas que quiero (muchas de ellas son un borrón difuso en mi cabeza hasta que las expreso), a tomar responsabilidad de los cambios que quiero en mi vida y a acometerlos cuanto antes.

Este es, pues, mi propio listado de propósitos de año nuevo.

1. No agobiarme con los objetivos fijados

Si los cumplo, bien; si no, no pienso castigarme por ello. Ante todo, quiero ser flexible y amable conmigo misma.

2. Comer más saludablemente

Comer alimentos sanos que me hagan sentir bien. Sin reglas, sin requisitos, sin planes. La idea es simple: menos alimentos procesados, y más fruta, verdura y alimentos integrales. 

3. Ser más ordenada

El orden siempre ha sido una asignatura pendiente para mí. Me cuesta mucho mantenerlo y me cuesta más todavía abordarlo: ponerme a organizar. Pero es algo que debo aprender a hacer: odio no encontrar lo que necesito y tener que buscarlo sin éxito, odio el desorden, detesto encontrar una mancha, un agujero, etc. en la prenda que me quería poner y que estaba guardada;  descubrir que se me ha pasado un plazo, no saber dónde está determinado papel. Cuando ordeno, cuando todo está a mano, cuando preparo lo que voy a necesitar con antelación, nace de mí una sensación de contento, bienestar y tranquilidad que quiero fomentar. Puede que este sea uno de los propósitos más difíciles de cumplir para mí, pero quiero intentarlo. De hecho, quiero cumplirlo. 

4. No posponer lo que tengo que hacer

Enfrentar situaciones, personas, momentos… Esta es otra de las cosas que suelo hacer pese a que detesto sus consecuencias… y otro de mis propósitos díficiles, pero importantes, para 2014. 

5. Mirar más por mí, por las cosas que me apetecen

Me gusta ayudar a los demás, estar con ellos, compartir momentos, pero también me viene bien buscar tiempo para mí y hacer lo que me gusta. A veces, me apetece hacer algo pero acabo haciendo otra cosa por cumplir lo que los demás me han pedido. Este año, intentaré preguntarme siempre qué es lo que me apetece hacer cuando diversos planes se acumulen y entren en conflicto.

6. Meditar 10 minutos al día

Es mi tarea pendiente desde hace bastante tiempo. A menudo pienso que no tengo demasiado tiempo o que tengo demasiado sueño, pocas ganas, menos concentración, etc. Pero creo que, de hecho, no hacen falta tantas condiciones: solo 10 minutos al día. A veces saldrá mejor y a veces en vez de dejar la mente en blanco la llenaré de aventuras, pensamientos, locuras. En cualquier caso, el hecho sentarme y respirar hondo unas cuantas veces, constituirá un pequeño avance.

7. Cuidar mi pelo, mi piel, mis dientes

Con remedios naturales que tanto me gustan a mí :) No olvidarme de hacer y ponerme mascarillas y potingues varios. 

8. Amar más

Tener más amor, besos y abrazos para tod@s, incluida yo misma. Amar para mí también es no criticar: ni a los demás, ni a mí misma, ni a mi cuerpo. 

9. Hacer algún tipo de deporte  

Vale cualquiera: pasear, subir las escaleras en lugar de usar el ascensor, ir andando en vez de en coche, hacer estiramientos, salir a correr.

10. Decir lo que pienso o siento

Me propongo decir todo aquello que siento y pienso, sin miedo a lo que otras personas puedan suponer, sin miedo a dejar de ser aceptable. He comprobado que muchos de los conflictos interpersonales que tengo se crean por malentendidos, por no expresar mis sentimientos o preferencias con claridad.

Considero que es mejor actuar, y si resulta erróneo, aprender del error y corregirlo, que quedarse paralizado y no llegar a hacer nada.

11. Probar nuevas cosas

Hacer nuevas cosas, emprender nuevos proyectos, nuevas experiencias, salir de la rutina. 

12. Sacar tiempo para hacer lo que me gusta

Ver pelis, dormir, leer, quedar con amigas, abrazar a mi chico, viajar, pasear. Afortunadamente, suelo tener tiempo para hacer estas cosas, pero no están de más en esta lista, pues quiero que sigan presentes en 2014.

13. En vez de culpar, agradecer 

Ante situaciones que no surgen como yo espero, me propongo dejar de representar el rol de víctima (“no me ha llamado, no me ha dicho, me hizo esto, me pasó aquello, fue malo, no me tuvo en cuenta”) y empezar a actuar. En vez de esperar a que otros llamen, hacerlo yo; en vez de regañar a otros, buscar mi propia responsabilidad y tomar las riendas. 

Aunque sea difícil de aceptar, cada situación desagradable que nos sucede nos ofrece la oportunidad de aprender de ella.

14. Confiar más en mí misma

Tener más en cuenta mi criterio sin necesidad de echar por tierra el de otros, creer más en mi capacidad para hacer las cosas y atreverme a llevarlas a cabo.

Gracias, día

Otro domingo más: remolonear en la cama, refugiarme del frío de fuera debajo de las sábanas y el edredón, sentir el calor y la comodidad, un poco de paz, otro poco de alegría, una dulce pereza. Levantarme tarde y pensar sin agobios en las cosas por hacer, pensar que tengo ganas de abordarlas. Muchas veces mi alegría depende de cómo he dormido y de cómo es el día. Hoy: frío pero soleado; he dormido bien. Tengo ganas de ir al parque, ganas de besar, de comer, de sentir, un día con ganas de vivir mi vida sin ponerle, ponerme pegas.

Ayer leí las dedicatorias de la carátula de un disco de escasa difusión que fue lanzado este año. Me sorprendieron las de la cantante; en realidad, eran una lista de agradecimientos: a sus padres, sus hermanos, su abuelita, sus amigos; pero también a su propio corazón, que la había guiado por el camino correcto, y el universo, que siempre la escuchaba y respondía con su sabiduría infinita. Me sorprendieron por su belleza y por su sencillez, por el amor y contento con la vida que transmitía. Yo también tengo muchos motivos para estar contenta, muchos motivos para estar agradecida, pero a menudo se me olvidan en el día a día. A veces, más que pensar que el universo, mi corazón o los demás están ahí para apoyarme, escucharme y atenderme, me imagino todo lo contrario: que todo está en mi contra, que nada va cómo yo quiero, que me equivoco tomando decisiones y acabo yendo por el camino erróneo. A veces tengo demasiado miedo para dejarme llevar.

Pero yo sigo aprendiendo. En realidad toda la vida es un aprendizaje. Puedo aprender algo nuevo cada día y también puedo ponerlo en práctica. Hoy va a ser un día para empezar a agradecer. Hoy, al menos. Para que cuando vuelva el resentimiento o la culpa, sé que lo hará, me acuerde de este día, de ese disco y de lo que pensé después. Quizá así pueda mitigarla: quizá pueda volver a empezar un día como el de hoy.

gracias

universo

 

Pensamientos pequeños que cambian cosas grandes

Pensamientos pequeños que cambian cosas grandes

Lo importante es sentir que se está al mando y que podemos pensar lo que queramos sin dejarnos arrastrar por la rutina, por la pereza, la costumbre, lo que opinan los demás, el miedo, los complejos, las ideas que se repiten un día y otro y otro más sin que seamos realmente conscientes.

Lo importante es sentir que con los pensamientos estamos creando el día que queremos tener y que al día siguiente también podremos hacerlo y así sucesivamente.

Lo importante, lo más importante de todo, es sentir que de ese modo podemos tener un poco más de control sobre nuestra vida.

Gafas de sol y vida

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Hace unos años escribí un cuento sobre una persona que había usado gafas de sol desde la juventud y que, cuando por fin se las retiró, descubrió asombrada que tenía los dedos arrugados: que era una anciana. Con esta breve narración quería simbolizar el rápido paso del tiempo y el hecho de que vivimos sin mirar bien, sin darnos cuenta de que pasan los días, sin llegar a ser conscientes de la vida, de la vida en sí. La vida transcurre y, entre tanto, nosotros vamos saltando de un problema a otro, de una circunstancia a otra, sin espacio para nada más. Es mi caso: me reconozco plenamente en él. 

Me pasa que a veces no llego a disfrutar de momentos buenos porque estoy agobiada por potenciales problemas que vendrán después o que han ocurrido previamente, preocupada por gente cercana que quizá no está pasándolo muy bien, preocupada por el qué dirán, preocupada por mil cosas. Y qué decir del día a día. Aún más difícil levantarme por la mañana y no refunfuñar y no lavarme la cara con gesto torcido y morirme de frío y de ganas de volver a la cama.

Los días son una rutina de ratos que pasan uno después de otro en una atmósfera de igualdad tan similar que es fácil perder la cuenta de la fecha, de los días. Un día casi igual a otro, semanas parecidas a sus predecesoras y a las que le seguirán.
A veces siento que la vida me ha atrapado y que es imposible quitarme las gafas de sol. Trabajo demasiadas horas, paso demasiadas horas en el metro; apenas si tengo tiempo entre diario para empezar acciones que me permitan cambiar de vida. ¿Es que acaso he de cambiar yo de forma tajante y arriesgarme así a que tal vez los planes no salgan bien? ¿O es mejor seguir como estoy a la espera de que las cosas vayan cambiando mientras me mantengo estable?

Mi forma de vida responde sin duda a la segunda pregunta. Quizá tengo miedo, no sé. A veces me digo que quizá exagero. Me doy cuenta, no obstante, de que yo solo tengo esta vida, yo solo soy esta persona: no soy otra, no soy más, no soy menos, no me ha tocado vivir otra época, ni otro lugar, ni otro sexo, ni otra clase social, tampoco otro cuerpo. Soy yo. Soy así. No hay más. Es lo que tengo, lo único que tengo y se trata de sacar partido de ello. Es mi vida, sí, la única que tengo y la única que voy a tener y quiero vivirla de forma agradable, quiero ser feliz mientras la vivo. Es mi responsabilidad. La responsabilidad más grande que tengo y no quiero defraudarme. Al fin y al cabo soy la persona más importante de mi vida.