¿Me acompañas en el viaje, Whitman?

walt-whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Anuncios

Hambre de mundo

ImagenTengo pensamientos raros. Más que raros, absurdos; basados en evidencias que no dejan de sorprenderme: ahí radica su rareza.

De repente, mientras me cambio de ropa frente al espejo, pienso, aah, soy una mujer, tengo pechos; mientras estoy comiendo descubro que ingiero alimentos a diario y esta constatación me deslumbra; a veces cuando camino se me revela súbitamente que soy capaz de andar, que tengo piernas, que sé moverlas con los movimientos necesarios para poder desplazarme de un lado a otro. Durante unos momentos, me paralizo, impresionada con el hallazgo; luego reanudo mi tarea. Sigo cambiándome de ropa, comiendo o caminando, pero esas acciones pasan a un segundo plano en mi cabeza, que se entretiene con otros pensamientos.

Es como si me impactara a diario de la vida que se desprende de mi existencia, como si mi mente no se terminara de acostumbrar a mi cuerpo, a su ritmo, a sus formas. O como si no hubiera dejado de ser una niña mirando con ojos glotones el mundo alrededor. Miro el mundo con hambre de él. Y nunca deja de fascinarme.