Nada: mierda

Hay cosas que se dejan abandonadas, inservibles. Como si fueran trastos viejos, un montón de chatarra: mierda. Un día parecieron válidas e importantes, quizá lo más importante de una vida insípida, insustancial como arroz lavado y vuelto a lavar. Parecieron importantes mientras fueron nuevas, pan tierno, un vestido recién comprado, un libro interesante por leer; después llegaron otras cosas que ocuparon el espacio que antes se reservaba a ellas. Y sin darse cuenta pasaron al rincón de la mente dedicado a lo que no importa un carajo.

Hay otro tipo de cosas que no terminan cansando porque nunca llegan. Esperas un día y esperas otro. Y te llenas de impaciencia como la boca se llena de vómito. Y vomitas. Y escupes. Y no te sientes mejor. Y si te escuchas por dentro te das asco y te das lástima. Y te retuerces un poco y haces como si no pasara nada. Y lo que pasa es el tiempo. Pasa un año, pasa otro, pasan diez años. Y no llega nada. Solo el vacío, la nada, la desesperanza y ese vómito de gusto agrio. Y el tiempo sigue pasando y haces como que no importa, que no era realmente eso lo que querías, que estabas enajenada. E na je nada. Nada. Nada.

tunel

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Quédate hoy

Pierdo cosas. Las voy abandonando, dejando tras de mí un reguero insostenible de recuerdos. Se pierde la ropa distraída, se pierde el dinero, se pierden los despistados regalos; muchas veces para siempre: no vuelvo a ver todo aquello que perdí. No obstante, mi cuerpo permanece atado a ellas irremediablemente hasta bastante después de haberlas visto por última vez. Las recuerdo, las lloro, hago mi propio duelo de rabia y acusaciones por ellas.

A veces también se me escapan las palabras.

Las voces.

Los silencios.

Las letras de mi boca.

Y a veces soy yo la que me escapo de mí misma.

La calma y el trueno

Empiezo a entender muchas cosas. La rutina. Los sonidos. El cambio estipulado del tiempo: ahora noche, ahora día, de nuevo noche, ya vuelve el día. Mi menstruación, cuya visita recibo puntual cada mes. Los animales, la belleza. El ciclo de los procesos, el proceso de los ciclos. Todas las cosas que alberga mi mente. Las sincronicidades y las simetrías diarias. 

No es un error pisar este suelo, palpar esta melodía, sentir mi respiración, navegar en calma. La caja de los truenos puede esperar a otros momentos. O puede que se desate hoy con gran virulencia. Mi madre no me ha pedido perdón; fui yo la que cometí la ofensa. 

Empiezo a entender muchas cosas. Mi carne. Mi pelo fino. La bolsa que un día me contuvo sigue esperando a que la deje ir.