Déjame que te lea algo

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Cuéntame algo.

¿Por qué? No soy ningún cuentacuentos.

Bah, seguro que tienes algo interesante que te gustaría contarme.

Mmmm… pues pregúntame sobre algo, ¿no crees? Así quizá pueda contante algo interesante que quizá ni siquiera sé que conozco.

Muy bien, ¿podrías contarme algo?

¿De verdad esa es tu pregunta?

No se me ocurre ninguna otra. De todos modos, tampoco quiero condicionarte. Lo que me cuentes debe ser libre. Lo primero que venga a tu mente.

Ya. Entonces no seré yo quien te lo cuente. Déjame que te lea. Hay miles de historias dispuestas para ser descubiertas y narradas. Hay historias para todos los gustos y preferencias, historias de todos los lugares, de todos los mundos, de todas las procedencias sociales, todos los géneros, todos los caminos, todas las miradas. Déjame que te lea. Te prometo que no encontrarás nada más atrayente, nada más emocionante. Después podremos hablar. Nos contaremos nuestras mentes.

Katharine Whitehorn, Hyde Park, 1956. Bert Hardy.