¿De quién es el cuerpo?

Existe la creencia de que la mujer se sentirá mejor con ella y con su sexualidad si tiene un cuerpo perfecto. Como si el propio cuerpo no lo fuera, tal y como es. Por ello, muchas mujeres se sienten mejores y más satisfechas con ellas mismas en la medida en que mutilan su cuerpo para que se parezca al ideal que el hombre desea, aunque las mismas mujeres sean, finalmente, las más apegadas a este modelo ideal: sin demasiadas curvas, muy recto, muy delgado, alto y estilizado, sólo con unos buenos pechos para poder ser admirados y tocados por los hombres. En muchas operaciones de cirugía estética, la mujer renuncia al placer de la caricia y el contacto en favor de la apariencia externa, ya que cada operación produce dolor y muchas veces se pierde la sensibilidad corporal. Por tanto, se prioriza la imagen por encima del contacto con lo natural, por encima de la sensación.
MIREIA DARDER, Nacidas para el placer. Instinto y sexualidad en la mujer.

Elimina el vello corporal. Ponte tacones para parecer más alta. Maquilla esa cara que luce descolorida y no uniforme. Píntate los ojos y los labios y los coloretes también. Colorea tus uñas, el tono natural es tan soso. Tíñete el pelo. Es más cool ser rubia. Sobre todo, no permitas que tus canas asomen. Ten un pelo abundante y sedoso. Usa postizos si no es tu caso. Plánchatelo. No vistas demasiado recatada ni demasiado sexy. Ve a la moda, es lo justo. Cambia de ropa con frecuencia, no repitas modelo en varias semanas. Recuerda, está permitido tener la cintura pequeña pero no el pecho. El pecho es mejor que luzca abundante aunque no demasiado: debe estar firme y en su sitio. Utiliza un buen sujetador con relleno. Blanquea tus dientes. Blanquea también tu piel si nació oscura; oscurécela si es blanca. Regla número uno: debes estar delgada. Regla número dos: nunca se está demasiado delgada. O sí: el límite está en la apariencia de anoréxica. Entonces sí sería demasiado. No llegues a ese punto. A la gente no le gusta. Transmite la idea de un cuerpo enfermo. No permitas que tu piel se llene de arrugas, combátelas. No permitas que tu piel se llene de granos, combátelos. No permitas que tu piel se llene de manchitas, combátelas. Nunca dejes de aparentar que tienes veintitantos o incluso treinta y algunos. Más no. Nadie se enamora de las mujeres mayores. No son interesantes. No merecen la pena. Engalánate con joyas. Su brillo se transferirá a tu figura. El objetivo es hacer de ti una mujer atractiva tanto para hombres como para mujeres. Una mujer aceptada por la sociedad. No importa cómo de incómoda te sientas, no importa lo que opine tu cuerpo o el tiempo y el dinero que tengas que dedicarle. Grábate a fuego eso de que “para estar guapa hay que sufrir”. Y no pienses. Sobre todo no pienses. Simplemente obedece. Todo el mundo lo hace.

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Cuando cómo visten las mujeres es asunto de estado

¿Por qué está el mundo tan obsesionado con cómo visten las mujeres? ¿De verdad es un asunto de estado? ¿De verdad merece legislarse al respecto? ¿De verdad el vestuario femenino merece aparecer en cualquier publicación y ser lo más destacado que se diga sobre una mujer? ¿De verdad? Espera, ¿si? ¿estás hablando en serio? ¿De verdad todo el mundo debe opinar sobre el cuerpo de las mujeres y su ropa?

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Las imágenes fueron tomadas esta semana en Niza, Francia, donde se ha prohibido recientemente el uso de burkini en las playas. La mujer fue obligada a desvestirse después de que cuatro agentes de policía le entregaran una multa donde se leía que su vestimenta “no era respetuosa con la moralidad y el laicismo”.

Un único latido

Tumbarse en el suelo sobre una esterilla. Sentir el cuerpo. (El cuerpo que nos acompaña, el cuerpo que tenemos y el cuerpo que somos, el cuerpo que disfrutamos, el que sufrimos). Esperar a que lleguen los pensamientos a la mente y se difundan por el resto de nuestro organismo. Planes de futuro, inquietud en piernas y manos. Recuerdos. Encogimiento de hombros. Deseos, inquietudes. Movimientos gastrointestinales. Observarlos y dejarlos ir como si fueran nubes o estrellas viajando por el cielo. Llenar los pulmones. Llenar la tripa luego. Tomar un nuevo sorbo de aire y liberar espacio. Envolverse en paz. Volver a ocupar el pecho y la barriga con aire y permitir que después se expanda por el resto del cuerpo. Sentir que respirar y latir es lo mismo y que el cuerpo entero respira unido en una única palpitación. Volver a respirar. Y a latir. Volver a pensar en nada. Y vivir. respirar-paisaje-paz

Sangre en la tubería

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Cada cuerpo no es sino un conducto, nada más que un canal que traslada cosas de un lado a otro, procesándolas, depurándolas y modificándolas en el camino…

Hoy mi cuerpo ha transportado al exterior un líquido rojo: sangre. Se supone que no estoy enferma, aunque mi cuerpo esté herido por dentro y aunque salgan al exterior vestigios de batallas internas, rastros de violencia, la sangre que derraman cuerpos muertos -cuerpos que no llegaron a ser cuerpos y se lamentan y rasgan y sacuden las paredes de la que hubiera sido su casa-.

Al contrario: se supone que estoy todo la sana que se puede estar. Y sin embargo, mi vagina no deja de gotear. Si no contuviera la sangre que mana, se deslizaría por mis piernas dibujando delgados ríos oscuros.

Pero no estoy enferma. Soy solo una tubería.

El abrazo, solo el abrazo en sí

Fundirse en un abrazo inmenso como si fuéramos trozos de hierro en el horno de un herrero y separarnos después sin saber muy bien quién es cada cual. Sin saber dónde está la frontera que separa un cuerpo de otro ni cuáles son los límites que bordean cada una de las mentes.graffiti-muro-beso-abrazo-amor

¿Acaso no somos sino un único ser escindido en varios cuerpos? ¿Acaso dudas de que seamos lo mismo? Carne, deseos, huesos, ideas, sentimientos, ganas, futuros, pasados y un presente que nunca lo está. ¿Acaso no seguimos las mismas sendas marcadas, no nos cansamos a veces, no parloteamos sin descanso y no imaginamos vidas con solo ver una mirada?

¿Acaso no es emoción lo que percibes debajo de la suciedad?

¿Acaso no somos sino el abrazo en sí y no las partes separadas que se unen en él?

Insomnios

Aún permanece la oscuridad en el cielo. El silencio continúa su suave cadencia, su paz, su vacío. La noche es larga mientras aguardo, impaciente y pesarosa, la llegada del día.

El sueño se ha escapado a algún rincón de mi cuerpo y no consigo encontrarlo. Hay demasiada luz, un insolente alboroto en el interior de mi cabeza para que pueda hacerse cargo de mi cuerpo, imperar una noche más. Mientras fuera es estable la negrura y la quietud, dentro ha estallado una noche sin reglas. Hay ruido, hay pitidos, hay palabras soeces y miedo en la ancha carretera de mi mente. Por ella circulan automóviles en varios sentidos y cada uno de ellos lleva consigo un cometido que me entregará a lo largo del día, en el instante de llevarlo a cabo. Hasta ese momento, rugen y pitan y se abalanzan unos sobre otros impidiendo así que me olvide de ellos, que el sueño regrese. El sueño no volverá pero el cansancio se va acumulando cada vez más, como si fuera tierra cubriendo el fondo de un reloj de arena. La arena cae y dificulta la circulación de los coches, pero no los detiene, ni se amortigua su estruendo.Processed with VSCOcam with f2 preset

Hoy la noche dará paso al día lentamente, y lentamente lloverá su luz y su exuberancia de sonidos y colores. Y yo viviré en él con los ojos cansados y el cuerpo ansiando volver a la cama. Y aunque el tráfico se termine disolviendo en mi cabeza conforme el día transcurra y las tareas se lleven finalmente a cabo, permanecerá conmigo el sabor acelerado de los coches y el llanto triste del sueño, escondido aún, intentando respirar en la tormenta de arena.

Nuestro cuerpo: el cuerpo de la Tierra

Por mucho tiempo éramos “yo” y mi cuerpo. “Yo” estaba formada de historias, de anhelos, de luchas, de deseos de futuro. Mi cuerpo, a menudo, se interponía en el camino.

En medio de mis viajes, cumplí 40 y comencé a odiar mi cuerpo, lo que era realmente un progreso, porque al menos mi cuerpo existía lo suficiente como para odiarlo.

Luego contraje cáncer. De pronto, mi cáncer era un cáncer  que estaba en todos lados, el cáncer de la crueldad, el cáncer de la codicia, el cáncer que se mete dentro de la gente que vive por las calles de las plantas químicas, y que normalmente son pobres; el cáncer dentro de los pulmones de los mineros de carbón; el cáncer del estrés por conseguir más y más, el cáncer del trauma enterrado.

 Sé que todo está conectado y la cicatriz que baja por mi torso es la marca del terremoto.

Antes del cáncer, el mundo era algo distinto. Era como si estuviese viviendo en una pileta estancada y el cáncer dinamitó la roca que me separaba del mar completo. Ahora estoy nadando. Ahora me acuesto en el césped, froto mi cuerpo en él y disfruto el barro entre mis piernas y pies. Ahora hago un peregrinaje diario para visitar un sauce llorón a las orillas del Sena, y estoy hambrienta de campos verdes en los matorrales en las afueras de Bukavu y cuando caen lluvias fuertes, grito y corro en círculos.

Eve Ensler

Dramaturga, feminista y activista social estadounidense, autora de la obra de teatro “Los monólogos de la vagina”.

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No solo es Madrid, París, ese pueblo de la costa o del interior, no solo es Europa o América: no sólo es la Tierra. Es también nuestro cuerpo. Ésa es nuestra principal morada. Nuestro refugio, nuestro espacio único y personal. Nuestra hueco.

Nuestra vida.

Todo interconectado. Todo completo.

Pájaros en el tejado

Los muros me miraban desafiantes,

Yo les apuntaba con mi tripa, desde lejos.

Mi tripa juguetona, nerviosa, mi tripa bamboleándose.

Luego perdí el equilibrio y caí sobre el suelo.

Me hundí entre los cojines del asfalto y la risa me llenó la boca como si fuera espuma.

Y vomité.

Después intenté cambiarme los ojos.

Azules, grandes, negros, negros como cuando es de noche.

No es eso: quiero cambiarme los ojos para sentir otras maneras,

y dejarme reposar acunada sobre la almohada de mi pecho.

Los muros crecieron altos y fuertes;

se volvieron soberbios e intimidantes,

pero su transformación invitó a mi cuerpo a hacer lo propio.

Ahora crece musgo sobre mis pies,

ahora se posan mariposas y sonoros pájaros sobre mi tejado.

Pájaros en la cabeza

Mi cacho de vida

Me deslizo arrastrada por el arroyo. Vuelo. Me dejo llevar, desnuda. Me he quitado la ropa y el miedo como quien se desprende de un abrigo un día de calor. Está llegando el verano. Apetece sentirse el cuerpo. Darse cuenta de la piel. Tocar un cacho de vida.

Todavía es mío

Hay otras cosas de que hablar cuando sales a la calle, cuando vuelas, cuando vuelves y sin embargo, todas están en ti. Todas en mí. Los viajes más largos, las experiencias más inquietantes, más impactantes, más sorprendentes y alucinantes están dentro de la capa de piel que me separa del resto del mundo. En ese interior de órganos y vísceras y huesos y conexiones que forman pensamientos y sensaciones y emociones. No hay más espacio que el de dentro. Los demás son todo proyecciones de nuestra masa interior, que se repliega y se expande y vomita el mundo exterior para que nuestros ojos lo vean.

Puede que haya un incendio.

Un día dejaré de estar viva. Mi cuerpo será de fuego. Todas mis conexiones se irán apagando hasta quedarse dormidas, lentamente, como quien apaga y desenchufa luces y aparatos antes de irse de vacaciones. El amor, todo ese amor será del aire, del viento, será de las personas que me conocieron, que traspasaron la frontera de mi piel y de mi sangre.

Ahora es mío, todavía mío: mi aroma, mis manos, mi tiempo.