Días de lluvia

Llueve. Oigo el sonido de las gotas al estamparse contra todas las superficies que encuentra en su camino: los tejados, el suelo, los coches, los paraguas. Es una lluvia fina pero constante, endeble y resistente al mismo tiempo.

rama-planta-lluvia-gotas

Me gustan los días que empiezan con lluvia y yo lo descubro desde la cama, en el estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Días en que no tengo ningún plan y me quedo tumbada escuchando el viaje de la lluvia hasta el suelo. Siento que de repente me lleno de paz, como si fuera un recipiente colocado en el exterior que se llena poco a poco de lluvia. Y es como si, según el agua fuera ocupando el espacio, yo me vaciara de todo lo demás, me vaciara de preocupaciones, me vaciara de planes, de pensamientos, de estrés.

En el sitio donde yo crecí, las mujeres ponían cubos y barreños en el patio los días de lluvia, que se llenaban lentamente de agua; una vez completos, se utilizaban para regar las plantas el resto de días. El sitio en que yo crecí es bastante seco. Son raros los días de lluvia, rara la lluvia persistente. Raro encontrar la belleza y la paz que ofrece el mundo antes de salir de la cama.

Anuncios

Conduciendo en sueños

A menudo me veo conduciendo en sueños. De hecho, se podría decir que conduzco más en sueños que estando despierta; apenas cojo el coche, quizás tres, cuatro veces al año. En cambio, al menos una vez al mes conduzco mientras duermo; en estos casos, siempre hay algo que va mal, siempre estoy asustada y agarrotada.

La última vez, conducía un coche gigante en una ciudad desconocida. El coche era tan grande que si pisaba los pedales, no lograba ver la carretera y si me asomaba para ver la carretera, no llegaba a pisar los pedales. Era como si una niña de cinco años tuviera que conducir un coche por la ciudad; como si lo arrancaran y la pusieran a ella al mando, sin otra alternativa que conducir lo mejor posible para salir viva. Y así lo hacía: intentaba salvar las glorietas como podía e incluso me felicitaba por estar haciéndolo medianamente bien; no obstante el miedo, la sensación de que ese no era mi lugar, no se iba.

Fotografía antigua, mujer conduciendo un coche

En sueños no suelo llegar a mi destino. Siempre pasa algo antes que me asusta tanto que acabo despertándome. Una vez despierta, en la cama, me pregunto si lo que mi subconsciente exterioriza como el manejo de un coche, es en realidad mi vida: la forma en que la conduzco, la dirección que llevo. Parece sencilla la interpretación, pero no lo es tanto el resultado de la misma: ¿qué se supone que tengo que hacer para que mi subconsciente no se lleve esa impresión de mi forma de vida, para que no esté tan asustado, tan atemorizado? ¿Cómo me bajo de ese maldito coche en la parte consciente para que la subconsciente se quede tranquila? ¿Cómo hago para coger otro a mi medida? ¿De qué manera puedo disfrutar del viaje?