La magnificencia del espectáculo

There are some disagreeable and troublesome things in life. Isn’t that also de case in Olympia? Are you not scorched by the sun? Are you not pressed by the crowds? Are you not wet when it rains? Don’t you get your fill of noise, clamor, and other disagreeable things? But I suspect that you put up with these things, feeling that they are outweighed by the magnificence of the spectacle.

Epictecto

Hay algunas cosas desagradables y molestas en la vida. ¿No es ese también el caso de Olimpia? ¿No te quema el sol? ¿No eres empujado por la muchedumbre? ¿No te mojas cuando llueve? ¿No te llenas de ruido, clamor y otras cosas desagradables? Pero sospecho que toleras estas cosas, sintiendo que son compensadas por la magnificencia del espectáculo.

epictetoEstas palabras las dirigió Epicteto, un filósofo griego seguidor de la escuela estoica, hacia el visionado en directo de los juegos que se celebraban en Olimpia cada cuatro años y que fueron el germen, muchos siglos después, de los actuales Juegos Olímpicos. Sin embargo, al leerlas me ha parecido que estuvieran inspiradas en la vida, en lo que supone vivir. Hay aspectos molestos, desagradables: el sol quema, la gente empuja, la lluvia moja la piel. Hay ruido, hay clamor, hay dificultades. Muchas veces parece que voy -vamos- tropezando y cayendo de problema en problema, sin llegar a recuperarme del todo de mi paso por cada uno de ellos. Y sin embargo, la vida -la magnificencia del espectáculo que también supone- pesa más que cualquiera de ellos.

Si de verdad fuera una tortuga

A menudo siento que mi vida se repite y que acabo haciendo lo mismo o cuanto menos sintiendo lo mismo una y otra vez. Un día una situación determinada desencadena una serie de emociones y otro día, una circunstancia completamente diferente provoca la misma emoción. Entonces pienso que mi problema es que no termino de resolver las dificultades a las que me enfrento, es decir, que no les planto cara, y por ese motivo aparecen una y otra vez y se repiten en un círculo infinito hasta que, quizás, tenga las ganas, el coraje o la energía para resolverlas. Leí ese argumento en alguna parte. Leí que había que enfrentarse a aquello que nos desagradaba y así cambiarlo; y así evitar que nos arruinara. Pero yo soy bastante cobarde. Una chica asustadiza y pusilánime, que cuando ve problemas se encoge y se protege como una tortuga a la espera de que el peligro cese. No estaría tan mal la situación si mi caparazón fuera duro y resistente: si de verdad fuera una tortuga. Pero lo cierto es que los conflictos me traspasan, como si piel fuera completamente permeable. Esos días llego a casa sintiéndome tristona y miserable: un deshecho, un despojo. Me doy pena y rabia y me digo mira que te lo tengo dicho una y otra vez, con la voz de mi madre reproduciéndose en bucle solo para mis oídos. Luego intento consolarme. Muchas veces, lo hago con música. Suele ayudar.