Las manos de las brujas

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Murieron quemadas durante años en hogueras instaladas en plazas y otros sitios públicos. Uno de los cargos de los que se les acusaban era el de poder curar imponiendo las manos. Sus manos calientes que transportaban vida y salud fueron declaradas culpables; debían morir abrasadas para expiar su pecado. La técnica había sido aplicada durante siglos por múltiples civilizaciones, pero poco importaba. No se enseñaba en las iglesias, no se podía palpar; bien podría ser obra del diablo.

Ardieron las mujeres que lo desarrollaban, pero su actividad no terminó del todo en cenizas. Renació con fuerza en Japón bajo el nombre de reiki y consiguió extenderse por otros países. Hoy la Organización Mundial de la Salud lo reconoce como terapia complementaria en el tratamiento de enfermedades y se aplica en hospitales.

Se supone que con la práctica del reiki la energía fluye hacia el destinatario, calmándole y haciéndole sentir paz y bienestar. Apaciguándole. Sanándole, quizá. Pero la energía circula en cualquier caso. En una caricia, en un apretón o un choque de manos. Es solo cuestión de observar. Algunos pueden ver pura vida o al mismo dios, del mismo modo que otros encontraban al diablo en la misma situación.

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Estrellas muertas

Cada átomo de nuestro cuerpo tiene su origen en una antigua estrella.

Michelle Thaller, astrónoma de la NASA, explica en el siguiente vídeo cómo el hierro de nuestra sangre nos conecta con uno de los actos más violentos del universo -la explosión de una supernova- y qué aspecto tendrá el universo cuando las estrellas se extingan….

¿Qué es la existencia humana? ¿Cómo podemos resumirla? Resulta ser bastante simple: somos estrellas muertas recordando el pasado cada vez que miramos el cielo. Todo lo que somos, todos los átomos de nuestros cuerpo vienen del instante anterior a la muerte de una estrella.

El universo entero empezó únicamente con el elemento hidrógeno, el átomo más simple que existe. La tabla periódica al completo, cada elemento sobre el que has oído hablar alguna vez, fue procesado en el interior del cuerpo de una estrella que un día explotó. Y aquí estamos.

Los humanos han pensado durante miles de años que las estrellas son eternas, pero las estrellas se consumirán algún día. Las estrellas, tal como las conocemos, desaparecerán dentro de algunos billones de años y el universo se quedará oscuro para siempre.

Pensándolo de ese modo, actualmente vivimos en el jardín del Edén. Vivimos en un periodo en el que el sol derrama energía libre, que nosotros usamos y desarrollamos. ¡Qué increíble es esto! Este periodo solo será una parte diminuta en la historia del universo. Todo lo demás será oscuridad. Te hace pensar en qué maravillosa es la vida humana en este momento y qué maravilloso es este tiempo en el universo. Me pregunto si algún día la gente tendrá mitos sobre el tiempo en que las estrellas “llovían” luz solar y energía gratuita.

Y pensar que es hermoso

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Quiero vivir antes de estar muerta.
Quiero sentir que estoy conmigo. Notar que me tengo al lado.
Quiero hacer explotar mis sentidos. Que mi corazón vuele lejos y mis manos no le retengan.
Quiero escuchar el sonido de la calle y pensar que es hermoso.
Y empezar sin tener miedo a empezar, y empezar porque sí.
Y respirar y vaciarme de mí en cada exhalación y recuperarme diferente cada vez que inspiro.
Quiero estar fuerte y vivir mis propias ideas, mis propios pasos, mis propios latidos.
Quiero romper y romper y traspasar mis fronteras y perderme y errar y tener razón mientras me equivoco.
Quiero despertar todas mis energías.
Y salir a la calle. Y palpar el cielo. Y encontrarme con la gente.
Y descubrir que es hermoso.

Si de verdad fuera una tortuga

A menudo siento que mi vida se repite y que acabo haciendo lo mismo o cuanto menos sintiendo lo mismo una y otra vez. Un día una situación determinada desencadena una serie de emociones y otro día, una circunstancia completamente diferente provoca la misma emoción. Entonces pienso que mi problema es que no termino de resolver las dificultades a las que me enfrento, es decir, que no les planto cara, y por ese motivo aparecen una y otra vez y se repiten en un círculo infinito hasta que, quizás, tenga las ganas, el coraje o la energía para resolverlas. Leí ese argumento en alguna parte. Leí que había que enfrentarse a aquello que nos desagradaba y así cambiarlo; y así evitar que nos arruinara. Pero yo soy bastante cobarde. Una chica asustadiza y pusilánime, que cuando ve problemas se encoge y se protege como una tortuga a la espera de que el peligro cese. No estaría tan mal la situación si mi caparazón fuera duro y resistente: si de verdad fuera una tortuga. Pero lo cierto es que los conflictos me traspasan, como si piel fuera completamente permeable. Esos días llego a casa sintiéndome tristona y miserable: un deshecho, un despojo. Me doy pena y rabia y me digo mira que te lo tengo dicho una y otra vez, con la voz de mi madre reproduciéndose en bucle solo para mis oídos. Luego intento consolarme. Muchas veces, lo hago con música. Suele ayudar.