Nada: mierda

Hay cosas que se dejan abandonadas, inservibles. Como si fueran trastos viejos, un montón de chatarra: mierda. Un día parecieron válidas e importantes, quizá lo más importante de una vida insípida, insustancial como arroz lavado y vuelto a lavar. Parecieron importantes mientras fueron nuevas, pan tierno, un vestido recién comprado, un libro interesante por leer; después llegaron otras cosas que ocuparon el espacio que antes se reservaba a ellas. Y sin darse cuenta pasaron al rincón de la mente dedicado a lo que no importa un carajo.

Hay otro tipo de cosas que no terminan cansando porque nunca llegan. Esperas un día y esperas otro. Y te llenas de impaciencia como la boca se llena de vómito. Y vomitas. Y escupes. Y no te sientes mejor. Y si te escuchas por dentro te das asco y te das lástima. Y te retuerces un poco y haces como si no pasara nada. Y lo que pasa es el tiempo. Pasa un año, pasa otro, pasan diez años. Y no llega nada. Solo el vacío, la nada, la desesperanza y ese vómito de gusto agrio. Y el tiempo sigue pasando y haces como que no importa, que no era realmente eso lo que querías, que estabas enajenada. E na je nada. Nada. Nada.

tunel

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Crecieron las amapolas

Me dijeron:
– O te subes al carro
o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.
Gloria Fuertes

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