El abrazo, solo el abrazo en sí

Fundirse en un abrazo inmenso como si fuéramos trozos de hierro en el horno de un herrero y separarnos después sin saber muy bien quién es cada cual. Sin saber dónde está la frontera que separa un cuerpo de otro ni cuáles son los límites que bordean cada una de las mentes.graffiti-muro-beso-abrazo-amor

¿Acaso no somos sino un único ser escindido en varios cuerpos? ¿Acaso dudas de que seamos lo mismo? Carne, deseos, huesos, ideas, sentimientos, ganas, futuros, pasados y un presente que nunca lo está. ¿Acaso no seguimos las mismas sendas marcadas, no nos cansamos a veces, no parloteamos sin descanso y no imaginamos vidas con solo ver una mirada?

¿Acaso no es emoción lo que percibes debajo de la suciedad?

¿Acaso no somos sino el abrazo en sí y no las partes separadas que se unen en él?

This is water

Siempre nos engañamos a nosotros dos veces respecto las personas que amamos, primero a su favor, y luego en su contra.

Albert Camus

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Tengo la manía de imaginar que alguien es mejor o peor de lo que es todo el rato. No es que me engañe solo al principio o al final de mi relación con una persona, en los inicios idealizándola y al acabar subestimándola. Lo hago constantemente. Mis ideas sobre la gente cambian tanto como mi estado de ánimo. Un día alguien es lo mejor y al día siguiente puede ser todo lo contrario. No soy demasiado estable en ese sentido, ni tampoco muy objetiva, ¿cómo voy a serlo? Estoy dentro de mí y lo único que observo es que todo lo que sucede me tiene a mí por centro. Una sabe que hay vidas aparte de la que yo vivo, pero lo conozco solo gracias a mis propias percepciones, a lo que mis sentidos le cuentan a mi mente sobre ello; de modo que por muy lejanas y ajenas que sean el resto de vidas e historias, si las conozco siempre seré yo la protagonista y pensaré en ellas solo en función de cómo llegué a conocerlas.

El discurso “This is water”, que David Foster Wallace pronunció en 2005 para los recién graduados de una universidad americana, habla sobre ello. A mí me encantó. Aporta un punto de vista totalmente diferente al que estamos acostumbrados a enfocar. Otro tipo de pensamiento que se sale del camino, que se aleja del rebaño. Y ese es el mensaje que transmite, al fin y al cabo: la importancia de pensar por nosotros mismos, de alejarnos de los pensamientos preestablecidos, aquellos que vienen por defecto instalados en nuestra cabeza. Considero que es la mejor manera de vencer la subjetividad, y al mismo tiempo, de sumergirnos por completo en ella… Se vence al salir de las fronteras de nuestras ideas prefijadas y abordar así un nuevo tipo de libertad; y nos hundimos más en ella pues este método nos permite llegar a conocer un poco más de nosotros mismos.

Disfruten. Esto es agua.

Y pensar que es hermoso

flores rojas maceta mesa madera

Quiero vivir antes de estar muerta.
Quiero sentir que estoy conmigo. Notar que me tengo al lado.
Quiero hacer explotar mis sentidos. Que mi corazón vuele lejos y mis manos no le retengan.
Quiero escuchar el sonido de la calle y pensar que es hermoso.
Y empezar sin tener miedo a empezar, y empezar porque sí.
Y respirar y vaciarme de mí en cada exhalación y recuperarme diferente cada vez que inspiro.
Quiero estar fuerte y vivir mis propias ideas, mis propios pasos, mis propios latidos.
Quiero romper y romper y traspasar mis fronteras y perderme y errar y tener razón mientras me equivoco.
Quiero despertar todas mis energías.
Y salir a la calle. Y palpar el cielo. Y encontrarme con la gente.
Y descubrir que es hermoso.

Ni siquiera yo misma

El océano de mis cosas dice algo de mí, pero no lo hace con mi voz ni utiliza mis palabras.

Mis gestos, mis silencios, mis preferencias, mis dilemas. Todo ello es mío y al mismo tiempo ajeno a mí, igual que una piedra bañada por un río. El río da forma y quizá sentido a la piedra, pero el río no es la piedra ni se pertenecen uno al otro.

Las dudas, los miedos, las miradas, las percepciones, las luchas, los vicios y las victorias (las ganadas y también las perdidas).

Mis pasatiempos (pasa – tiempos).

Los recuerdos.

La gente. La gente que quiero.

Intuyo que no es nada de eso tampoco.

¡Hay tantas cosas que me hacen y tantas formas de rechazarlas de un golpe a todas ellas!

Necesito mis propias seguridades y mis propias certezas, todo el lío de los conceptos y las definiciones para no desplazarme sola, a ciegas; pero lo cierto es que estoy tan perdida como al principio, tan lejos de la orilla, tan apartada del resto.

Pero tampoco eso (la lejanía, la extrañeza, el desvinculamiento y el vuelo) soy yo del todo.

Nadie es como yo, nada, ni siquiera yo misma.

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Tú preguntas

Love, the answer 

Love is the answer Einstein

Amor, amor, pero no necesariamente amor de pareja. Amor a la gente por ser la gente, a las cosas, amor a uno mismo (¿a quién si no a la persona en la cual vivimos?), a los animales, a las situaciones, a los contextos, los paisajes, los conocimientos y las ignorancias.

Amor al amor, al rechazo, al fracaso, al encanto, a las casualidades, amor al odio. Amor.

A veces me lleno de él y siento que mi pecho se calma y que deja de buscar, ansioso, intranquilo. Amenazado y luego sereno.

Amor es la respuesta. La pregunta, la pregunta puede ser cualquiera.  

Mi hoguera se esconde

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Abro la jaula. Anochece. El mar va y viene con su cadencia regular, infinita, a bañarme los pies, a curar mis pequeñas heridas con su agua salada. Abro de golpe los ojos y observo la hoguera. Contemplo su huida: se refugia tras las montañas.

Un rato después el salón está atestado, más tarde, no queda nadie. No hay explicación posible. La gente ha elegido el olvido. La primavera come sopa de pollo con hielo picado. El olor del asfalto debilita los labios.

Ahora ya: es noche cerrada. Ya no veo el fuego, no queda rastro de su fulgor. Cierro la jaula e imagino un escondite seco. Si me oculto, estaré más cerca de las llamas, compartiremos la intriga, la sensación de ser buscado; quizá así pueda sentir algo de su calor. La gente no ha vuelto. Aprieto una guirnalda. Introduzco en ella la jaula. Aspirando su aroma llegaré a ser estrella.

Nunca hay comienzos

“Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, ¿o es todo? Nunca hay comienzos. Los días se añaden a los días sin ton ni son, en una suma interminable y monótona. De vez en cuando, se saca un resultado parcial; uno dice: hace tres años que viajo, tres años que estoy en Bouville. Tampoco hay fin: nunca nos abandonamos de una vez a una mujer, a un amigo, a una ciudad. Y además, todo se parece: Shangai, Moscú, Argel, al cabo de quince días son iguales. Por momentos —rara vez— se hace el balance, uno advierte que está pegado a una mujer, que se ha metido en una historia sucia. Dura lo que un relámpago. Después de esto, empieza de nuevo el desfile, prosigue la suma de horas y días. Lunes, martes, miércoles. Abril, mayo, junio. 1924, 1925, 1926”. 

Jean Paul Sartre, La náusea

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Es cierto que los días pueden ser una suma interminable y monótona, solo sacudidos por pequeños acontecimientos que quiebran la rutina, que la hacen más digerible. El más importante de estos, el más frecuente, es el fin de semana. La gente le espera con ansia, se quejan cuando se va; empiezan a verle, nerviosos, dos días antes de que llegue. Todos lo hacen; yo también. No obstante, al final los fines de semana también se parecen unos a otros, como si fueran hermanos, hijos de unos padres comunes. Lo mismo pasa con los años. Por Sartre pasaron 1924, 1925 o 1926. Por mí, 2010, 2011, 2012, 2013. 2014.

Hoy ha sido un día feliz, sin embargo. Sin motivo concreto. Un día como lo fue ayer, antes de ayer o el día que le precedió y aún así, me ha parecido mejor: especial. Hoy me he reído por tonterías y las he dicho yo misma, he hecho cosas que me gustan en el trabajo, he comido pasta, hoy he besado mucho, mucho a mi novio, le he preparado un sándwich, hemos cenado juntos mientras jugábamos a Apalabrados.

Los días siguen pasando. Mañana, dentro de muy poco, será día 24. Seguirán los días sin comienzos, uno detrás de otro, encadenados. Hoy, no obstante, he salido de la rutina sin salir de ella: me he sentido contenta, sumergida dentro de algo bueno. Y aún no es fin de semana.