Odios sociales

La televisión sigue siendo la plataforma por excelencia de embrutecimiento y adocenamiento masivo, en la tele todos son risas y estupideces y tetas gordas y hombres babosos; todos son gritos y burlas y más risas imbéciles. 

Siempre he dicho que el fútbol es como una secta a la que es pecado no pertenecer. Me molesta su sobreimportancia, sus alardes, sus aires de grandeza. Como si tuviera alguna repercusión real en la vida de las personas. Lo cierto es que no es nada. Una mierda: un grupo de paletos peleándose por un balón en el campo y millones de besugos siguiendo el ritmo de esa pelota por televisión, discutiendo por su trayectoria, odiando a personas por el color de su camiseta. 

Odio tanto como amo. Odio luego amo, y a la inversa. Amar. Odiar. ¿Y qué?

No votaré en las próximas elecciones. Nadie me ha preguntado si estoy de acuerdo. Me niego a participar en su juego. 

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