No era yo la que miraba la lluvia

Hoy es un día para The Doors y ‘Riders on the storm’. Hoy, porque. literalmente, he cabalgado en la tormenta. La he sentido en mi cara, en mi ropa, en mi cuerpo; me ha empapado; no llevaba paraguas. Andaba por la calle intentando cobijarme en los aleros de los edificios mientras contemplaba la calle alrededor: se veía difusa, borrosa, agitada. Por un momento me ha embargado una sensación rara, una especie de otredad, como si yo no fuera yo, sino otra persona anterior observado en calma las gotas de lluvia estrellarse alocadamente contra el suelo. Las nubes descargaban lluvia y yo miraba los árboles sacudidos por el viento, y sin embargo, no era yo. Había dejado de serlo. Me estaba empapando, notaba las gotas salpicándome la cara, deslizándose por mi pelo, sentía el frío y el viento, y aún así no era yo, sino una de las miles de personas que antes que yo contemplaron la lluvia al caer. Que quizá cabalgaron en la tormenta.

 

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Patti Smith, cuando era una niña

“Me recuerdo pasando por delante de escaparates con mi madre y preguntándole por qué no los destrozaba la gente a patadas. Ella me explicó que había normas tácitas de conducta social y que ese era el modo de coexistir como personas. De inmediato, me sentí limitada por la noción de que nacemos en un mundo donde todo está determinado por quienes nos han precedido. Me esforcé por reprimir mis impulsos destructivos y, en cambio, desarrollé los creativos. Aun así, la niña contraria a las normas que llevaba dentro no había muerto”.

Patti Smith

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Oí hablar de Patti Smith hace relativamente poco, quizá un par de años. Hasta entonces no sabía nada de ella; luego por casualidad llegué a conocer someramente su figura y su obra; hace unos días, empecé a leer un libro autobiográfico suyo “Éramos unos niños” y ahora es como si la conociera desde siempre. Siento que es muy cercana a mí e incluso he llegado a admirarla: por su trabajo, sus decisiones, su forma de ser, su originalidad. De todos estos sentimientos positivos repentinos tiene la culpa su libro, que destila madurez, sencillez y belleza.

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Patti con su entonces pareja, el fotógrafo Robert Mapplethorpe

Habla del pasado sin nostalgia ni añoranza; como si cada paso que da, o que dio durante ese periodo, tuviera un significado y le hubiera ayudado a crecer como persona y artista.  En ese sentido, alegrías, tristezas, celos o amor tienen la misma importancia pues forman parte de ella y tuvieron un papel durante ese periodo de su vida. Me gusta su valentía, su originalidad, que sabe conservar a lo largo del tiempo (una prueba de ello, es su estética andrógina, su aura de misterio), su libertad, responsabilidad, la forma natural de expresar sus puntos vulnerables, su confianza y constancia con el proceso creativo. Me gusta el hecho de que le concediera más valor a su opinión acerca de una obra, y al desarrollo de la misma que al reconocimiento gratuito.

“Yo soy libre”, dice en numerosas ocasiones. Libre porque se siente feliz y logra hacer las cosas a su modo. Porque al final consigue hacer lo que más le gusta. Porque sabe desafiar los convencionalismos de aquella época (y de esta).

El libro me ha inspirado, en general, amor hacia las cosas, hacia mí, ganas de empezar a dejar a un lado los miedos, el deseo de esconderse, la timidez, ganas de hacer las cosas a mi modo. Mi forma de ser es diferente en algunos aspectos a la de ella y quizá por ese motivo, valoro más su carácter. Una vez leí que para llevarte bien con una persona tienes que admirarla en algún sentido, no puedes superarla siempre, en algo tiene que ser mejor. He descubierto que esto se cumple en numerosas ocasiones. Y también en este caso. 

Patti Smith

Apodada la “reina del punk”, Patti Smith (1946) publicó su primer disco (Horses) en 1975. Ha sido considerada inspiración para grupos como REM, Garbage o artistas como Madonna.

“Éramos unos niños” (que obtuvo el National Book Award en 2010) narra  su biografía durante los primeros años de su vida: su infancia, adolescencia, juventud, la manera en que se ganó la vida hasta su acercamiento paulatino al rock. No le sobraba el dinero, pasaba necesidades, peleaba por llegar a vivir de la poesía, la pintura, el arte. El hilo conductor es la relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, aunque en el libro se mencionan a personajes como Sam Shepard, Janis Joplin o Jim Morrison, como si el Nueva York de finales de los 60 y principios de los 70 fuera un pequeño barrio donde todo el mundo se conociera.