Mis mejores canciones (I)

No son mías, pero sí son mías. Mis canciones favoritas me cuentan historias que entiendo y reconozco. Su melodía transmite cosas a mi mente y a mi cuerpo: vibraciones, sensaciones, recuerdos, emociones. Las escucho; no me importa dónde ni tampoco cuándo.

 Nina Simone. Ain’t Got No, I Got Life

 

Rem. Uberlim

 

Beatles. Norwegian wood (this bird has flown)

 

Russian Red. Cigarettes

 

Coldplay. Fix you

 

Joaquín Sabina. Donde habita el olvido

 

Vampire Weekend. Oxford Comma


 

Cat Stevens. The First Cut Is The Deepest

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Que ser cobarde no valga la pena

No es la dificultad la que impide atreverse, pues de no atreverse viene toda la dificultad. 

Arthur Schopenhaur

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Ruido de lenguajes inasibles

Mi estado de ánimo corre, se quema, se enfría, se esconde, juguetón, dice que sube y luego baja, dice que está mal y se echa a reír. Mi estado de ánimo es como un algodón que se expande y se contrae, como la plastilina, la masa de hacer pizzas o las nubes, altas en el cielo, inalcanzables. Mi estado de ánimo tiene tantos hermanos gemelos como noches, mi estado de ánimo se emparenta con los sueños, con las almohadas, con las personas que pululan como sonámbulos alrededor de mí.

Hay ruido abajo. Gente que con su trabajo bloquea mi sueño. Un golpe tras otro, una voz que enlaza con otra, formando un bloque denso, entremezclado, difícil de digerir por separado. Hablan el lenguaje de las herramientas, el lenguaje rudo y frío de los martillos y el polvo. Yo no lo entiendo, nunca lo he aprendido, aunque el trabajo ha estado conmigo, muy presente, silbando en mi oído como una serpiente. Es necesario que trabajes, tienes que ganarte la vida, hace falta dinero, no hay apenas dinero, estamos en una racha de vacas flacas, no puedes permitirte esto, es mejor que ahorres. Esas palabras se infiltraron en mi mente como agua en un colchón. Lo inundaron. Eran épocas de necesidad; lo siguen siendo. La gente trabaja, se vuelve loca por tener un trabajo, por ganar dinero, por tener dinero, desperdicia su vida por tener una vida con trabajo, gasta sus horas y su energía. Yo también. Estoy aquí, está en mi sangre: soy ese colchón empapado.

La familia, la pareja, los hijos, uno mismo, el ocio, los amigos están ahí, aunque ocupados, también.

La vida, la vida sigue en paralelo.

Mi estado de ánimo puede explotar. Y puede que me convierta en polvo. Así llegaré a entender otros idiomas. Se meterán en mi mente, se introducirán por los resquicios y comentarán lo absurdo que parece estar en vivo.