También somos nuestros padres

Ayer empecé a leer a Joan Garriga, del que no conocía demasiado. Os dejo algunos extractos de su libro ¿Dónde están las monedas? Me parece de gran utilidad para estos días, en que las reuniones familiares pueden llegar a ser estresantes, aunque en realidad servirían para cualquier momento. Aprender a aceptar a nuestros padres y a valorar lo que han hecho por nosotros nos sirve para dejar atrás el resentimiento hacia ellos y ser así, un poco más libres, más felices quizá. Es verdad que no siempre lo han hecho demasiado bien, es cierto que se pueden haber equivocado en sus decisiones u acciones, pero eso también forma parte del aprendizaje del hijo; de lo que tiene que aprender a superar, a aceptar, a entender.

Algunos hijos piensan que tienen que querer a uno de sus padres, al que catalogan de bueno, y que deben despreciar al otro, al que tildan de malo. Es decir, escinden su corazón entre el bien y el mal y se ponen de juzgadores. La paradoja es que, habitualmente, luego busquen personas parecidas al progenitor rechazado o ellos mismos se le parezcan. La paz y la dicha en las familias viene cuando todos pueden tener un buen lugar y cuando cada uno puede tener el lugar que le corresponde, o sea, que los padres sean padres, los hijos, hijos, la pareja, pareja. La única medicina es la inclusión y la apertura del corazón, de manera que el pasado ya pueda quedar como pasado.
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Hay otra razón poderosa que puede empujarnos a iniciar la tarea de restaurar el amor hacia nuestros padres: sólo logramos amarnos a nosotros mismos cuando los amamos y honramos a ellos. En lo más profundo de cada uno de nosotros, por muy graves que sean las heridas, los hijos seguimos siendo leales a nuestros padres, e inevitablemente los tomamos como modelos y los interiorizamos. De algún modo conectamos con una fuerza que nos hace ser como ellos. Por eso, cuando somos capaces de amarlos, honrarlos, dignificarlos y respetarlos, podemos hacer lo mismo con nostros mismos y ser libres.
Joan Garriga

Father and son, la emotiva canción de Cat Stevens que ilustra tan bien este tema.

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¿Qué pasaría si hiciéramos aquello que queremos hacer?

¿Qué pasaría si dejáramos atrás las excusas e hiciésemos aquello que realmente queremos hacer? ¿Qué pasaría si tuviéramos libertad para llevarlo a cabo? ¿Qué pasaría si tuviéramos también coraje y fortaleza para hacerlo? ¿Seríamos entonces capaces? Entonces, ¿es solo por el dinero por lo que no hacemos lo que nos gusta o intervienen otros factores?

Unless sex is free

oshoEvery society talks about peace but lives for war. Hence sex has to be repressed because sexually repressed people can be changed into soldiers very easily; there is no problem about it. The sexually repressed person is always ready to fight, he is always on the verge of violence. His sex becomes violence, he loses all tenderness, all loving qualities, and the instinct for love becomes perverted; it becomes the instinct for hatred. Up to now all societies have basically been warring societies, always preparing for war; they cannot allow sexual freedom.

If a society is sexually free and a person is allowed to live his sexuality totally, then he will not be ready to do such utterly stupid things as killing people for no reason at all; it will be impossible for him even to conceive. He will ask, ”Why? Why should I kill? There seems to be no reason. Just because a few power maniacs want to dominate the whole world we have to be victims and we have to turn the whole world into a chaos?

The sexually free person will be loving, tender; war will become impossible. Unless sex is free, war cannot disappear from the earth.

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Todas las sociedades hablan sobre la paz pero viven para la guerra. Por ello, el sexo tiene que estar reprimido porque la gente sexualmente reprimida puede convertirse en soldados muy fácilmente; no hay problema en ello. La persona sexualmente reprimida está siempre preparada para luchar, está siempre al borde de la violencia. Su sexo se convierte en violencia, pierde su ternura, sus cualidades amorosas, y el instinto de amar se vuelve perverso; se convierte en el instinto de odiar. Hasta ahora, todas las sociedades han sido básicamente sociedades guerreras, siempre preparándose para la guerra; no pueden permitir la libertad sexual.

Si una sociedad es sexualmente libre y a una persona se le permite vivir su sexualidad totalmente, entonces esa persona no estará preparada para hacer cosas tan profundamente estúpidas como matar gente sin razón alguna; sería imposible de concebir. Esa persona preguntará: “¿Por qué? ¿Por qué debería matar? Parece que no hay razón. ¿Solo porque unos pocos maniáticos del poder quieren dominar el mundo entero nosotros tenemos que ser víctimas y convertir el mundo entero en caos?”

La persona sexualmente libre será amorosa, tierna; la guerra sería imposible. A menos que el sexo sea libre, la guerra no desaparecerá de la tierra. 

Osho