Este también es mi momento, Jimmy Cliff

Hay un tarta en el cielo esperando a que llegue; dicen que podré disfrutarla cuando esté allí. Pero hasta que llegue ese momento, voy a coger lo que es mío aquí en la tierra.

Mis enemigos quieren aplastarme, supongo que prefieren que viva debajo de la tierra, no me quieren ver feliz. Piensan que han ganado la batalla porque de vez en cuando lloro, pero lo que hago es pedirle a dios que les perdone, pues no saben lo que hacen. Y yo sigo. Es mi momento.

Continúo peleando por las cosas que quiero, pues sé que ya no podré hacerlo cuando muera. Y continúo: prefiero ser una mujer libre en mi tumba que vivir como una marioneta o un esclava.

Jimmy Cliff, “The harder they come”

 

Nos ayudaremos de las manos

No hay nada cuando no hay nada. Una fila de coches. El cielo, en lo alto de la mirada, es azul o gris o de otro color. Del color del cielo cuando es el cielo. Sobre mi pecho, pequeño, se ha posado una mano. No la aparto; está ahí. Quieta, en silencio. ¿Vienes a ayudar? No lo sé. ¿A qué vienen las manos? A veces ayudan, pero también dañan. Me gustaría saber algo más sobre ti misma, sobre ti y sobre mí, y así poder ayudarte, ayudarme mejor. Las palabras se me escapan sin ser dichas; van del cielo al suelo y se deslizan por mí; las siento caminar por mi piel, mi ombligo, por mis brazos. Luego, huyen. Se escapan. No es mi culpa entonces si no digo te quiero o amor mío. Son las palabras, las dichosas palabras que se me vuelan, que se me escurren como lluvia. ¿Aún así podrás ayudarme? ¿Podrás salvarme? No lo sé. Depende del cielo, y de la lluvia que cae de él, pero ¿a qué viene? No tienen sentido esos gritos en el pecho, esos llantos y tormentas. El cielo sigue gris. Pero también azul. La fila de coches sigue ahí, ensimismada, sin querer salir de sí misma. Un día tú también volarás: volaremos. Las palabras, las palabras estarán con nosotros. Nos ayudaremos de las manos.

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