Trastornos

Un día caótico de violencia concentrada. De violencia y miedo.

Unas mujeres decían que el servicio en tres líneas del metro de Madrid se había cortado debido a una amenaza de bomba: “Eso he oído decir. Qué miedo, chica”, decía una. “Qué trastorno”, añadía la otra. “A ver ahora qué ruta cojo para llegar a casa. Ya veremos a qué hora llego”. “¿Qué habrá pasado?”, “No sé, ¿serán los mismos que lo de París?”,

Lo de París. Está en todas partes. Una noticia de las que se dice que vuela, que se filtra por todos los resquicios incluso aún evitándola. No quiero escucharla, no me apetece verla. Me basta el titular que se desprende de ella y de toda la locura que ha desencadenado: unos muertos valen más que otros, del mismo modo que también hay vivos cuyas vidas son más valiosas que otras.

Amigas

Estoy resfriada. La nariz llena de mocos líquidos, la frente cargada, la boca reseca de tanto utilizarla para respirar, los ojos tristes, acuosos. Hoy querría quedarme todo el día metida en casa, metida en cama. Pero he quedado con mis amigas a tomar café; el lunes es el cumpleaños de una de ellas y no estaré para acompañarla; estaré de vuelta en Madrid. De modo que me tomaré algo para el resfriado y saldré de casa.

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A veces no me apetece nada hacer las cosas que acabo haciendo. No me apetece por pereza, principalmente. Y me pongo indecisa y dudo. Últimamente, antes de negarme a hacerlas, me paro a pensar en si, después de hechas, me sentiré mejor, si lo agradeceré. En este caso, sí. Siempre es gratificante estar con mis amigas, charlar juntas de cualquier cosa.

Una de ellas acaba de dejarlo con su novio. Llevaban saliendo seis años. Aunque su relación no ha sido demasiado buena durante los últimos dos años (con algunas rupturas incluidas), no está pasándolo muy bien. Está un poco asustada. Dice que no le apetece salir de casa, pero un minuto después asegura que necesita estar con chicas y desahogarse. Somos un montón de dudas, todas nosotras, improvisamos nuestros pasos, nos hacemos adultas sin darnos cuenta, nos ayudamos como podemos, como hemos aprendido. Hemos crecido juntas, llevamos conociéndonos desde que éramos  niñas con coletas que iban de la mano de mayores a la escuela.

Sí, siempre es un buen plan quedar con ellas. Aunque a veces no se tengan ganas de salir de casa.