Días en espiral

Cuando una cosa se va suele venir otra dibujándose por detrás, intentando no ser vista. Ese proceso es conocido por su forma de espiral imperfecta, como un rizo medio deshecho, apretado por unas partes y suelto, casi liso, por otras.

Hoy es 6 de octubre. Un día como otro cualquiera. Mucha gente cumple años, mucha gente nace, otra muere, hay gente que se enamora, empieza un proyecto, lo termina, mucha gente se divorcia o se cae en la bañera. Para mí es un día normal. Otro día en el calendario. Nada que reseñar. Un día que pasará al olvido, como la mayoría de los días del año. Se esfumará como si nunca hubiera existido. Como si del día 5 el calendario hubiera dado un salto y aterrizado en el día 7. Un día más que quizá contribuya a reforzar en mi mente el recuerdo de los días sosos de este año, de esta etapa concreta de mi vida y se unirá así a otros momentos que tampoco dejaron huella, que existieron, pero que ya no existen: ya nada los guarda, ninguna mente, ninguna foto, ningún objeto los recuerda.

espiral_madera

Y sin embargo, nadie ha cortado el rizo y sigue creciendo. Muchos otros sucesos, muchos otras acontecimientos están detrás de este día simplón, esperando agazapados, comenzando a vivir en la sombra. Me parece que es como todos aquellas personas cuyas vidas parecen malgastadas pues murieron demasiado pronto por causas que no lo merecían (¿acaso alguna razón vale más que una vida?), y sin embargo, sus muertes cambiaron a mejor las circunstancias de otras personas, cambiaron a la postre otras vidas.

Hoy es un día como otro cualquiera. Un día de un mes que acaba de empezar. De un año que está acabando. De una época que quizá también. Me ha parecido ver a la nueva al otro lado de mi pelo.

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Leopoldo María Panero, escondido en matorrales

 

Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero

hijo de padre borracho 

y hermano de un suicida

perseguido por los pájaros y los recuerdos

que me acechan cada mañana

escondido en matorrales

gritando por que termine la memoria

y el recuerdo se vuelva azul, y gima

rezando a la nada por temor.

Leopoldo María Panero

A veces sueño con él

Mi abuelo. Mi abuelo Víctor. De vez en cuando sueño con él. En ocasiones son pesadillas, otras veces, en cambio, le veo y no puedo parar de besarle y abrazarle; siento que tengo que cuidarle, que tengo que quererle mucho antes de que se vaya porque ya no voy a verle más. De hecho, no le he vuelto a ver desde noviembre. Murió ese mes. Ahora mi tío ocupa su lugar en el sofá y parece que ya nadie se acuerda de él: no se le nombra, no se le recuerda; apenas queda nada de él.

Pero a mí me resulta muy difícil acostumbrarme a su muerte. ¿Por qué se supone que hay que entender y aceptar que muera alguien solo porque es mayor? Para mí era una persona como cualquier otra; le conocía, le quería, estaba unida a él. Me da igual que tuviera más de 90; en realidad yo le conocí los mismos años que al resto de miembros de mi familia. ¿Qué diferencia hay?

Supongo que con el tiempo poco a poco se apaga el recuerdo, que te acostumbras a estar sin una persona, del mismo modo que antes de acostumbraste a estar con ella. ¿Pero eso eso todo? ¿Todo? ¿Una simple falta de memoria? Me cuesta entenderlo. No quiero hacerlo tampoco.

Mi abuelo. Mi abuelo que ya no existe. A veces sueño con él. No me acostumbro a su muerte.

La niña que sigo siendo (I)

A veces descubro que sigo siendo la misma, que mi forma de ser no ha cambiado apenas desde que era una niña.

Sigo siendo un pequeño desorden diario. Aún ahora hay días en que no encuentro una bota y tengo que cambiar la ropa que tenía prevista porque ya no combina con el calzado que al final me pongo. Eso me recuerda tanto a mi infancia… Tengo grabada una escena de mi padre ayudándome a buscar un zapato antes de salir de casa. Teníamos mucha prisa, el zapato no aparecía y mi padre no paraba de regañarme, enfadado. Yo miraba una y otra vez debajo de la cama, llorando.Image

Me gusta que todo lo que hago tenga un propósito. Pocas veces dejo esta cuestión al azar. Soy muy controladora y exigente en ese aspecto y ya lo era de niña. Detestaba perder el tiempo, me encantaba que todo lo que hiciera sirviera para algo.

Me encanta jugar. De niña me entretenía con cualquier cosa. Recuerdo especialmente, porque mi hermana mayor se quedó asombrada cuando me vió, cómo solía jugar con mis lápices de colores. Me imaginaba que eran una familia que vivía en mi estuche. De vez en cuando les tocaba trabajar, esto es, pintar el papel, y ellos se resistían, porque el trabajo les consumía la vida, les hacía más pequeños, cada vez más cerca de su fin. Mis juegos actuales son diferentes, pero me siguen divirtiendo y entreteniendo. Me gusta, por ejemplo, gastarle bromas tontas a la gente y reírme de su reacción, me gusta echar agua en la tierra y mover la mezcla con un palito, me gusta jugar con mis sobrinos a juegos de casitas: hemos hecho una en la terraza, otra en el armario de mi habitación, una tercera, en el armario del salón de mi abuela.

Todavía me muerdo las uñas. Más que las uñas, los padrastros.

Mi padre, estudiante

Mi padre ha vuelto al colegio después de casi cincuenta años sin sentarse en un aula y ahora todos los conocimientos le están grandes, holgados como una sotana. Se jubiló el año pasado. Había trabajado desde los 10 años. Primero en el campo, con las mulas, luego en diferentes fábricas; al final, desde antes de que yo naciera, como albañil.

Yo le ayudo con inglés y con lengua. Los verbos irregulares, el present simple, el past continuous; con el predicado verbal, los diferentes sintagmas que pueden encontrarse una oración, la forma de reconocer el sujeto, el complemento directo e indirecto, el agente, los circunstanciales.

cuadernos y libros

Algunas partes le parecen un rollo aburrido y reconozco que a mí también. Nada interesante, nada atractivo. ¿Es realmente válida esa forma de adquirir conocimiento?, ¿De qué sirve?,  ¿A quién ayuda el aprendizaje de memoria de conceptos que a la larga no sirven de gran cosa? Sabe conjugar diferentes verbos en inglés en pasado y en presente, hacer preguntas, poner ing detrás de determinados verbos y to + infinitivo detrás de otros, pero sería incapaz de mantener una conversación básica con un inglés.

A mí lo que me gusta es su actitud. Le pone empeño y le gusta estudiar, poner los apuntes y el ordenador portátil sobre la mesa y llenarla de papeles, bolígrafos, libros y cuadernos, con gesto desorientado, perdido. Suele estar un rato estudiando y después recoge y se va a dar una vuelta con la bici, o a tomar café, mientras explica que él no se quiere saturar ni estresar, que va a la escuela con el único objetivo de aprender algo, porque ningún título le hace falta ya, y que ahora lo que le importa es simplemente vivir, hacer diferentes actividades de su gusto, disfrutar con cada una de ellas. Sin agobios ni presión. Sin luchas.

Así tenía que ser la vida desde el principio, pienso.