Ni siquiera yo misma

El océano de mis cosas dice algo de mí, pero no lo hace con mi voz ni utiliza mis palabras.

Mis gestos, mis silencios, mis preferencias, mis dilemas. Todo ello es mío y al mismo tiempo ajeno a mí, igual que una piedra bañada por un río. El río da forma y quizá sentido a la piedra, pero el río no es la piedra ni se pertenecen uno al otro.

Las dudas, los miedos, las miradas, las percepciones, las luchas, los vicios y las victorias (las ganadas y también las perdidas).

Mis pasatiempos (pasa – tiempos).

Los recuerdos.

La gente. La gente que quiero.

Intuyo que no es nada de eso tampoco.

¡Hay tantas cosas que me hacen y tantas formas de rechazarlas de un golpe a todas ellas!

Necesito mis propias seguridades y mis propias certezas, todo el lío de los conceptos y las definiciones para no desplazarme sola, a ciegas; pero lo cierto es que estoy tan perdida como al principio, tan lejos de la orilla, tan apartada del resto.

Pero tampoco eso (la lejanía, la extrañeza, el desvinculamiento y el vuelo) soy yo del todo.

Nadie es como yo, nada, ni siquiera yo misma.

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Este también es mi momento, Jimmy Cliff

Hay un tarta en el cielo esperando a que llegue; dicen que podré disfrutarla cuando esté allí. Pero hasta que llegue ese momento, voy a coger lo que es mío aquí en la tierra.

Mis enemigos quieren aplastarme, supongo que prefieren que viva debajo de la tierra, no me quieren ver feliz. Piensan que han ganado la batalla porque de vez en cuando lloro, pero lo que hago es pedirle a dios que les perdone, pues no saben lo que hacen. Y yo sigo. Es mi momento.

Continúo peleando por las cosas que quiero, pues sé que ya no podré hacerlo cuando muera. Y continúo: prefiero ser una mujer libre en mi tumba que vivir como una marioneta o un esclava.

Jimmy Cliff, “The harder they come”