Mi hoguera se esconde

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Abro la jaula. Anochece. El mar va y viene con su cadencia regular, infinita, a bañarme los pies, a curar mis pequeñas heridas con su agua salada. Abro de golpe los ojos y observo la hoguera. Contemplo su huida: se refugia tras las montañas.

Un rato después el salón está atestado, más tarde, no queda nadie. No hay explicación posible. La gente ha elegido el olvido. La primavera come sopa de pollo con hielo picado. El olor del asfalto debilita los labios.

Ahora ya: es noche cerrada. Ya no veo el fuego, no queda rastro de su fulgor. Cierro la jaula e imagino un escondite seco. Si me oculto, estaré más cerca de las llamas, compartiremos la intriga, la sensación de ser buscado; quizá así pueda sentir algo de su calor. La gente no ha vuelto. Aprieto una guirnalda. Introduzco en ella la jaula. Aspirando su aroma llegaré a ser estrella.

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