Tinta de colores

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Nos hemos encontrado un diario en la plaza: un cuaderno A4, escrito sin dejar márgenes y con diferentes tintas; en la primera página podía encontrarse azul y rosa; en otras, los contrastes cromáticos eran más llamativos: naranja, violeta, verde, negro, azul. Un diario caótico de letra casi ilegible. Le hemos echado un vistazo rápido y después lo hemos llevado a comisaría. Allí lo hemos dejado y nosotras, mi amiga y yo, hemos seguido nuestro camino sin volver a mencionarlo. Hemos hablado del tiempo, de lo que íbamos a hacer, de lo que habíamos hecho y hemos reído un poco. Sin embargo, yo no dejaba de pensar en el cuaderno y en su autora. Había encontrado una extraña y simple belleza en las primeras líneas de aquel cuaderno que habíamos leído juntas mi amiga y yo esperando encontrar algún nombre, alguna indicación de pertenencia. Una mujer describía en presente y primera persona su cotidianeidad: estaba sentada en el césped del parque viendo jugar a los niños y a él y eso, decía, estaba bien. El día anterior habían estado por el “caminillo” todos y tampoco había estado mal; nada parecía estar mal y sin embargo las líneas transmitían una honda tristeza. Los niños jugaban hoy en el plaza junto a él, ayer habían ido de excursión todos juntos y lo habían pasado también bien y aún así, ella no estaba a gusto, no le alcanzaba la felicidad de sus acompañantes. Podía imaginármela sentada en la hierba con su cuaderno nuevo y sus bolígrafos de colores empezando a escribir sentimientos tristes mientras los otros se divertían y la invitaban con voz lastimera a unirse. Podía ver las miradas y las sonrisas inseguras que ella les dedicaba y su falta de implicación, su distanciamiento, sus ganas de pertenecer a otras personas y a otro lugar.

A menudo yo también soy ella. Supongo que por eso las palabras deshechas de su diario me han tocado la piel y se han hundido dentro luego. Tengo que esforzarme por estar, sea donde sea, y esforzarme por mantenerme contenta. La mayor parte del tiempo, imagino, querría estar en cualquier otra parte.

Cuando cómo visten las mujeres es asunto de estado

¿Por qué está el mundo tan obsesionado con cómo visten las mujeres? ¿De verdad es un asunto de estado? ¿De verdad merece legislarse al respecto? ¿De verdad el vestuario femenino merece aparecer en cualquier publicación y ser lo más destacado que se diga sobre una mujer? ¿De verdad? Espera, ¿si? ¿estás hablando en serio? ¿De verdad todo el mundo debe opinar sobre el cuerpo de las mujeres y su ropa?

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Las imágenes fueron tomadas esta semana en Niza, Francia, donde se ha prohibido recientemente el uso de burkini en las playas. La mujer fue obligada a desvestirse después de que cuatro agentes de policía le entregaran una multa donde se leía que su vestimenta “no era respetuosa con la moralidad y el laicismo”.

Bastet, mujer

bastet-esculturaSe entendía que Bastet era fuerte y a la vez tranquila.

Alegre y también colérica cuando de protegerse a sí misma se trataba.

Independiente y cercana.gato-diosa-relieve-bastet

Con las cualidades del gato y las de la mujer.

Algo más que una mujer virgen, ingenua, apocada, temerosa, parca y sin más vida que la protagonizada por su hijo. Algo diferente del estereotipo de mujer santa, sumisa, tristona y beata difundido como modelo por el cristianismo.

Se la reverenciaba y era una mujer valiente, con empuje, con talento.

gato-diosa-bastetBastet (también llamada Bast) era la deidad egipcia de la armonía y la felicidad. Encarnaba la calidez de los rayos del sol y se representaba normalmente bajo la forma de un gato doméstico o con cabeza de gato y cuerpo de mujer.

En ese sentido, cualquier gato era considerado como una manifestación suya  y por tanto eran venerados: se adornaban con joyas, se permitía que comieran junto al faraón, se lloraba su muerte y llegaban a ser momificados.

Trastornos

Un día caótico de violencia concentrada. De violencia y miedo.

Unas mujeres decían que el servicio en tres líneas del metro de Madrid se había cortado debido a una amenaza de bomba: “Eso he oído decir. Qué miedo, chica”, decía una. “Qué trastorno”, añadía la otra. “A ver ahora qué ruta cojo para llegar a casa. Ya veremos a qué hora llego”. “¿Qué habrá pasado?”, “No sé, ¿serán los mismos que lo de París?”,

Lo de París. Está en todas partes. Una noticia de las que se dice que vuela, que se filtra por todos los resquicios incluso aún evitándola. No quiero escucharla, no me apetece verla. Me basta el titular que se desprende de ella y de toda la locura que ha desencadenado: unos muertos valen más que otros, del mismo modo que también hay vivos cuyas vidas son más valiosas que otras.

¿Y quién no, Simone?

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 Una vida, cientos de contradicciones

“Amo con pasión la vida, abomino la idea de morir. Soy terriblemente ávida, quiero todo de la vida, ser una mujer y también un hombre, tener muchos amigos y soledad, trabajar enormemente, escribir buenos libros, pero también viajar, divertirme, ser egoísta y también generosa… Como ves no es fácil tener todo lo que quiero…”

Simone de Beauvoir

 

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¿Seres sociales?

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Tengo una hermana cinco años mayor. Y otra doce años mayor. También tengo un hermano. Me saca nueve años. Tengo primos que tienen veinte años más que yo. Llegué a mi casa cuando ya todo estaba empezado, cuando la familia estaba ya hecha, las posiciones de cada uno adoptadas, todo listo, en marcha.

Quizá esa circunstancia propició que fuera tan observadora de pequeña; recuerdo que examinaba a familiares con detenimiento y extraía conclusiones sobre cada uno. Muchos me miraban asombrados y hacían bromas sobre mí; incluso ahora me lo suelen recordar de vez en cuando. Imagino que debía ser gracioso ver a una niña mirando a los mayores en silencio, cuando debía estar jugando por ahí, en la calle. Era como si quisiera capturar aquello que me rodeaba, como si necesitara aprender cuanto antes todo sobre mi familia o quizá como si estuviera en un lugar por primera vez y no pudiese evitar contemplarlo embobada. En parte era así, se me ocurre ahora. Nacer, empezar a vivir con una familia determinada (aunque sea la tuya), adaptarte a ella y a la sociedad, ser domesticado, educado conforme a las reglas socioculturales establecidas es como mudarte a otro planeta y empezar allí de cero. Lleva su tiempo conseguirlo, pero los resultados son alucinantes apenas unos años después. Todavía me asombra ver a un niño o a una niña pequeña decir convencido que es del Real Madrid, que es cristiano o musulmán, que quiere ser una princesa o que quiere tener el cuerpo de una modelo y poder pelearse por ello. Llegado a ese punto se puede decir que se ha producido una perfecta socialización, la completa adaptación al ambiente por parte del recién llegado.

Luego pasa el tiempo, el niño crece y está tan ligado a la sociedad que se olvida de que un día llegó a ella como un extranjero y está preparado para enseñar a personas nuevas a formar parte de ella. En realidad este proceso se inicia mucho antes: desde la infancia, en el cole, con las primeras relaciones con otros niños. La socialización de los seres es un proceso en el que todos participan.

¿Pero qué es más importante vivir de acuerdo a la sociedad o a la naturaleza de cada uno? No siempre están unidos ambos conceptos… Como especie humana hemos vivido más tiempo siendo nómadas que sedentarios y sin embargo, ahora está perfectamente asumido que se debe ser del segundo modo: hay que establecerse en un sitio, tener un trabajo, un coche, una casa, una familia. El matriarcado duró muchísimos años y no obstante, en la actualidad la mujer solo sirve para ser joven, atractiva y tonta, salir en la tele con poca ropa e invitar al consumo a mujeres y hombres. Hemos vivido más tiempo en la naturaleza que en la ciudad, pero ahora nos resulta ajena, sucia.

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Por medio de la socialización se consigue todo ello. Además, corta la originalidad, estandariza, homogeneiza. Convierte a bastantes personas en seres cerrados e intolerantes, pues hace creer que solo porque ahora es de ese modo es la única opción posible, la única válida. Pero hay muchas otras. Muchas otras. Algunas de ellas todavía deben de estar por ahí perdidas, en el interior de cada persona.

Feminismo es placer

El feminismo es ser consciente de los deseos y necesidades que como mujer se sienten, y no reprimirlos por el hecho de pertenecer a este sexo.

El feminismo es ponerse a una misma en el centro de nuestras vidas.

El feminismo es defender y vigilar que nuestros derechos no se vulneren.

El feminismo es ser crítica y consciente de qué situaciones se nos imponen socialmente y determinar si son válidas y beneficiosas para nosotras y si estamos dispuestas a aceptarlas o no.

El feminismo es decidir por nosotras mismas.

El feminismo es ser mujer y estar a gusto con ello.

El feminismo es conocer nuestro propio cuerpo y encontrar placer en él.

¿Felicidades por ser mujer?

No estoy orgullosa de ser mujer, tampoco de ser hija, o hermana, alta o baja. No me gané esto, no hice nada por conseguirlo. Estos atributos vinieron conmigo. Los acepto, me gustan incluso , pero no me siento orgullosa de ellos. ¿Por qué tengo que felicitar a las mujeres solo por el hecho de ser mujeres? Hoy no es un día para celebrar ser mujer. Hoy es un día para conmemorar a las mujeres que murieron en el incendio de una fábrica, y por extensión un día para conmemorar la lucha de las mujeres a lo largo de la historia por participar en igualdad en la sociedad. Hace más de cien años de ese día, pero aún queda mucho por hacer en materia de igualdad entre sexos. Hoy es un día para recordar estas desigualdades, no para invisibilizarlas con flores, regalos y “te felicito, hoy es tu día”.

Esta selección de carteles por el día 8 de marzo, es un ejemplo claro de lo que no se tiene que hacer en este día y al mismo tiempo una muestra del paternalismo y la discriminación que sufre la mujer.

La belleza verdadera

La verdadera belleza está en la aceptación del cuerpo que cada persona tiene, porque es nuestra seña de identidad y la forma en que estamos cada uno de nosotros sobre la tierra; no podíamos haber sido de otra manera. belleza natural NUDel cuerpo se aprende y el cuerpo nos enseña. Gracias a él podemos hacer infinidad de cosas que dan sentido a nuestra existencia (andar, comer, besar, trabajar, follar, cocinar, ducharnos); y sin embargo, las damos por hechas en el trajín del día a día. 

También he encontrado belleza en este proyecto, pues está basado en la realización de fotografías a mujeres normales desnudas. Todas lucen cuerpos  que no estamos acostumbrados a ver en las revistas ni en televisión, pues no son considerados aceptables para ser expuestos, y sin embargo, son los cuerpos que muchas mujeres, la mayoría, ven ante el espejo.

Me ha llamado la atención el comentario de una de las protagonistas, que aseguraba que había empezado a entender por qué Platón decía eso de que el cuerpo es la prisión de la mente: el físico puede esclavizar, traumatizar. No obstante, yo considero que la verdadera prisión de la mente es la propia mente. Está en nosotros, en nuestras mentes, liberarnos: liberar el cuerpo, liberar la mente.

Proyecto NU

¿Por qué las mujeres no?

Y me pregunto: ¿qué es la libertad sexual de la que escribía Osho? En mi opinión, es hacer el amor, follar, masturbarse; hacerlo con naturalidad, sin complejos ni miedos, sin remordimientos, sin sentimientos de culpabilidad. Es sentirse cómodo mientras se explora la sexualidad, con todas las posibles variantes que pueda implicar. Para mí, no tiene por qué ser propio de relaciones abiertas, pero tampoco lo contrario. Simplemente es aquello con lo que una persona se sienta tranquila, feliz.

No siempre es fácil; lo reconozco. Sobre todo para las mujeres. Antes porque se las educaba en la negación del disfrute y por estar tan fuertemente asociada la sexualidad a sentimientos de culpabilidad y malestar. Hoy en día por todos esos estereotipos de físico perfecto que se imponen para acomplejar a la mujer y hacerla débil, una víctima fácil del consumismo insaciable; pero también por muchas otras razones.

No existe igualdad en el tratamiento de hombres y mujeres con respecto al sexo. Ellos lo tienen más fácil. Abordan la sexualidad y la masturbación con más naturalidad y desde edades más tempranas. Las mujeres, no. A ellas se las castiga. ¿Por qué?

masturbacion femenina