Mis mejores canciones (I)

No son mías, pero sí son mías. Mis canciones favoritas me cuentan historias que entiendo y reconozco. Su melodía transmite cosas a mi mente y a mi cuerpo: vibraciones, sensaciones, recuerdos, emociones. Las escucho; no me importa dónde ni tampoco cuándo.

 Nina Simone. Ain’t Got No, I Got Life

 

Rem. Uberlim

 

Beatles. Norwegian wood (this bird has flown)

 

Russian Red. Cigarettes

 

Coldplay. Fix you

 

Joaquín Sabina. Donde habita el olvido

 

Vampire Weekend. Oxford Comma


 

Cat Stevens. The First Cut Is The Deepest

Year after year

Cómo desearía que te quedaras conmigo, a mi lado.

Que el tiempo no pasara a través de la ventana de mi cuarto sin que tú estuvieras aquí conmigo. Días, noches, días, noches, invierno, primavera, verano, otoño. Que la urgencia de las estaciones me pillara siempre junto a la tranquilidad de tu presencia.

Que mis oídos pudieran sonreír cada vez que oyeran tu voz. Tu voz siempre cerca de mi oreja, susurrándome.

Cómo desearía todo eso. Que te quedaras para siempre. Ay, cómo desearía que estuvieras aquí.

Un espejismo

Vidas superpuestas.

Encuentro un concierto en Youtube. Miles de personas corean las letras de las canciones gritadas por el artista. Tiene la cara mojada: sudor corriendo nervioso por su piel. Los espectadores se mueven, saltan al ritmo de las melodías. Yo los miro un rato y luego me meto en la ducha. Con el agua cubriendo mi piel, con el gel en la mano pienso en ellos: en la posibilidad de que el concierto estuviera ocurriendo en este mismo instante y no hace tres años. Siento como si yo estuviera también ahí con todos ellos, y al mismo tiempo el agua templada calentando mi piel.

El futuro, el pasado, el presente, el lío del tiempo, las sensaciones, los sentimientos. A veces me hacen sentir que la vida tal como está concebida es una ilusión, nada más que un simple espejismo.