Nada: mierda

Hay cosas que se dejan abandonadas, inservibles. Como si fueran trastos viejos, un montón de chatarra: mierda. Un día parecieron válidas e importantes, quizá lo más importante de una vida insípida, insustancial como arroz lavado y vuelto a lavar. Parecieron importantes mientras fueron nuevas, pan tierno, un vestido recién comprado, un libro interesante por leer; después llegaron otras cosas que ocuparon el espacio que antes se reservaba a ellas. Y sin darse cuenta pasaron al rincón de la mente dedicado a lo que no importa un carajo.

Hay otro tipo de cosas que no terminan cansando porque nunca llegan. Esperas un día y esperas otro. Y te llenas de impaciencia como la boca se llena de vómito. Y vomitas. Y escupes. Y no te sientes mejor. Y si te escuchas por dentro te das asco y te das lástima. Y te retuerces un poco y haces como si no pasara nada. Y lo que pasa es el tiempo. Pasa un año, pasa otro, pasan diez años. Y no llega nada. Solo el vacío, la nada, la desesperanza y ese vómito de gusto agrio. Y el tiempo sigue pasando y haces como que no importa, que no era realmente eso lo que querías, que estabas enajenada. E na je nada. Nada. Nada.

tunel

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Trapos sucios

naturaleza Hermann Hesse

El alma de las cosas, la belleza solo se nos revela cuando no codiciamos nada, cuando nuestra mirada es pura contemplación. Si miro a un bosque que pretendo comprar, arrendar, talar, usar como coto de caza o gravar con una hipoteca, no es el bosque lo que veo, sino solamente su relación con mi voluntad, con mis planes y mis preocupaciones, con mi bolsillo. En ese caso el bosque es madera, es joven o es viejo, está sano o enfermo. Por el contrario, si no quiero nada de él, contemplo su verde espesura con “la mente en blanco”, y entonces sí que es un bosque, naturaleza y vegetación; y hermoso.
Lo mismo ocurre con los hombres y sus semblantes. El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad. 
En el momento en que la voluntad descansa y surge la contemplación, todo cambia. El hombre deja de ser útil o peligroso, interesante o aburrido, amable o grosero, fuerte o débil. Se convierte en naturaleza; es hermoso y notable como todas las cosas sobre las que se detiene la contemplación pura.
Hermann Hesse, “Mi credo”

 

Pero, ¿cómo es la contemplación pura?, ¿Cómo se hace para contemplar sin esperar nada, sin pretender nada, sin pensar nada? La nada no existe: yo no la he conocido. Tampoco la pureza o la contemplación pura. A nuestro alrededor todo está impregnado de lo que somos, como si más que un ser corporal fuéramos etéreos, como si fuéramos polvo en el aire y nos posáramos sobre la superficie de lo que nos rodea y lo cubriéramos así de nuestra esencia, de nuestro sello personal.

¿Entonces?

En mi opinión, la clave está en aceptar las cosas que no están a nuestro alcance como son, sin intentar mejorarlas, reestructurarlas, lavarlas y revolverlas en nuestro interior como si fuéramos una lavadora que disolviese las manchas de todo aquello que nos disgusta y que no podemos cambiar. Entre otras cosas porque la ropa sigue estando sucia fuera de nuestra mente y porque de ese modo nunca llegamos a apreciar lo que hay de bonito (o lo que nos puede enseñar) lo que, a primera vista, nos desagrada.

Aire cargado de vida

Vivo, vivo, vivo. Y vuelvo a vivir. Vivo tantas vidas como vidas hay. Vivo tantas vidas como cielos, como voces, como lugares existen. Una vida: una emoción. Una emoción: un mundo. El mundo: pluralidad y desorden armonioso, perfección intrínseca. Permanencia y volatilidad. 

Yo y el mundo. Todo. Eso. Todos. Nada. En el fondo no es nada. Solo aire. Aire cargado. 

mundo

Deseos

¿Por qué esa imposibilidad, ese deseo de nada, esa afición a pasar el tiempo encerrada en un lugar sin puertas? Está oscuro dentro, la ventana es opaca. Un día es un día que nace, se desarrolla y pare un hijo justo antes de morir. Muchos hijos, muchos días. No quiero esos frutos si están apagados: hay otras vidas fuera, hay diferencia, hay movimiento, deseos de luz y abrazos fuertes en el corazón que perforan la mente.

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