Hace falta amar

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Para amar a alguien hace falta no tener en cuenta todas las imperfecciones propias que se clavan como hojalata mal cortada. Hace falta no ser consciente de ellas, hace falta no llamarlas imperfecciones, hace falta amarlas como si fueran algodón blandito, un viaje deseado, un paisaje bello, un masaje en la nuca.

Para amar a alguien que no somos nosotros hace falta amar primero a la persona que sí somos nosotros. Hace falta no lanzarnos miradas reprobatorias, hace falta no asustarnos, hace falta escucharnos. Hace falta amarnos incondicionalmente. Amar como niños. Amar sin medida. Amar sin método. Amar sin más porqué que el hecho de que nosotros seamos nosotros: la persona en la que vivimos, la que nos reporta sus experiencias y emociones sobre la Tierra, el vehículo que nos permite conocer todo lo demás: absolutamente todo. La persona que baila por nosotros, que ríe, que escucha, que llora de tristeza y de alegría, la persona que ve árboles y siente en su piel el calor del sol tamizado por las hojas verdes de primavera.

Hace falta no sentirse culpable por haber dicho esto o haber omitido aquello, hace falta no sentirse incapaz ni poca cosa, ni estúpida, ni demasiado alta, ni demasiado gorda, ni demasiado parlanchina. Hace falta sentirnos cómodos en la casa que somos para nosotros y buscarnos lo mejor en cada ocasión.

Hace falta sentir odio y pena y rabia y vergüenza y luego aceptarlo como partes de la vida, partes tan naturales como la lluvia o el viento, tan naturales como el hambre, el frío y el agua.

Hace falta estar ahí donde estamos y desde esa posición decidirnos a amar. Amar, amar, amar, amar(nos).

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Amor (y odio) en la etiqueta

El amor desata.

El amor libera.

El amor comprende.

El amor escucha.

El amor da risa.

El amor abriga.

El amor compadece.

El amor tranquiliza.

El amor emociona.

El amor acuna.

El amor divierte.

El amor inspira amor.

El amor da amor.

El amor traspasa, pero no a la manera de los candados en una verja, sino que más bien al modo de la lluvia, que cala hasta el interior de la tierra y permite el desarrollo natural de los seres; a la manera de las palabras, que se introducen en la cabeza sin que nos demos cuenta y propician el nacimiento de otras palabras.

Así es el amor que yo concibo. Luego está el odio. Parecen opuestos, pero no hay nada más fácil que confundirlos. Al fin y al cabo, en la mente no hay apartados donde las emociones se presenten organizadas por etiquetas universalmente aceptadas.

Y la gente se lía: acaba pensando que el amor captura, que el odio suelta.

candado amor

Un océano

oceano mar aguaLa sensación de poder, la sensación de amor, de cariño, de envidia, de abandono, de decepción, la sensación de alegría, de fuerza, de entusiasmo, la sensación de incapacidad, de abatimiento, la sensación de odio, la sensación de que todo va a salir bien, al final, donde el camino vuelve a empezar.

Mi existencia se reduce a mis sensaciones y a mis sentimientos. No hay más.

Subjetivismo puro.

Un océano caliente. Y me sumerjo en él.

 

Tú preguntas

Love, the answer 

Love is the answer Einstein

Amor, amor, pero no necesariamente amor de pareja. Amor a la gente por ser la gente, a las cosas, amor a uno mismo (¿a quién si no a la persona en la cual vivimos?), a los animales, a las situaciones, a los contextos, los paisajes, los conocimientos y las ignorancias.

Amor al amor, al rechazo, al fracaso, al encanto, a las casualidades, amor al odio. Amor.

A veces me lleno de él y siento que mi pecho se calma y que deja de buscar, ansioso, intranquilo. Amenazado y luego sereno.

Amor es la respuesta. La pregunta, la pregunta puede ser cualquiera.  

Odios sociales

La televisión sigue siendo la plataforma por excelencia de embrutecimiento y adocenamiento masivo, en la tele todos son risas y estupideces y tetas gordas y hombres babosos; todos son gritos y burlas y más risas imbéciles. 

Siempre he dicho que el fútbol es como una secta a la que es pecado no pertenecer. Me molesta su sobreimportancia, sus alardes, sus aires de grandeza. Como si tuviera alguna repercusión real en la vida de las personas. Lo cierto es que no es nada. Una mierda: un grupo de paletos peleándose por un balón en el campo y millones de besugos siguiendo el ritmo de esa pelota por televisión, discutiendo por su trayectoria, odiando a personas por el color de su camiseta. 

Odio tanto como amo. Odio luego amo, y a la inversa. Amar. Odiar. ¿Y qué?

No votaré en las próximas elecciones. Nadie me ha preguntado si estoy de acuerdo. Me niego a participar en su juego.