Tu extensa mirada

Tus ojos, grandes, extensos, oscuros; los absorbo como espaguetis y me pringo los labios con ellos y cuando termino de comerlos estoy saciada y feliz y puedo volver a mirarlos y a succionarlos para sentir de nuevo los suaves movimientos de los peces y de las olas y dejarme acariciar por los aleteos de los pájaros que guardas en tu mirada.

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Insomnios

Aún permanece la oscuridad en el cielo. El silencio continúa su suave cadencia, su paz, su vacío. La noche es larga mientras aguardo, impaciente y pesarosa, la llegada del día.

El sueño se ha escapado a algún rincón de mi cuerpo y no consigo encontrarlo. Hay demasiada luz, un insolente alboroto en el interior de mi cabeza para que pueda hacerse cargo de mi cuerpo, imperar una noche más. Mientras fuera es estable la negrura y la quietud, dentro ha estallado una noche sin reglas. Hay ruido, hay pitidos, hay palabras soeces y miedo en la ancha carretera de mi mente. Por ella circulan automóviles en varios sentidos y cada uno de ellos lleva consigo un cometido que me entregará a lo largo del día, en el instante de llevarlo a cabo. Hasta ese momento, rugen y pitan y se abalanzan unos sobre otros impidiendo así que me olvide de ellos, que el sueño regrese. El sueño no volverá pero el cansancio se va acumulando cada vez más, como si fuera tierra cubriendo el fondo de un reloj de arena. La arena cae y dificulta la circulación de los coches, pero no los detiene, ni se amortigua su estruendo.Processed with VSCOcam with f2 preset

Hoy la noche dará paso al día lentamente, y lentamente lloverá su luz y su exuberancia de sonidos y colores. Y yo viviré en él con los ojos cansados y el cuerpo ansiando volver a la cama. Y aunque el tráfico se termine disolviendo en mi cabeza conforme el día transcurra y las tareas se lleven finalmente a cabo, permanecerá conmigo el sabor acelerado de los coches y el llanto triste del sueño, escondido aún, intentando respirar en la tormenta de arena.

Pájaros en el tejado

Los muros me miraban desafiantes,

Yo les apuntaba con mi tripa, desde lejos.

Mi tripa juguetona, nerviosa, mi tripa bamboleándose.

Luego perdí el equilibrio y caí sobre el suelo.

Me hundí entre los cojines del asfalto y la risa me llenó la boca como si fuera espuma.

Y vomité.

Después intenté cambiarme los ojos.

Azules, grandes, negros, negros como cuando es de noche.

No es eso: quiero cambiarme los ojos para sentir otras maneras,

y dejarme reposar acunada sobre la almohada de mi pecho.

Los muros crecieron altos y fuertes;

se volvieron soberbios e intimidantes,

pero su transformación invitó a mi cuerpo a hacer lo propio.

Ahora crece musgo sobre mis pies,

ahora se posan mariposas y sonoros pájaros sobre mi tejado.

Pájaros en la cabeza