Lo mejor será que bailemos

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Señor conejo: Lo mejor será que bailemos.

Sombrerero loco: ¿y que nos juzguen de locos Sr. Conejo?

Señor conejo: ¿usted conoce cuerdos felices?

Sombrerero loco: Tiene razón ¡Bailemos!

Lo mejor será que bailemos y alejemos la maraña de idas y venidas, los viejos pensamientos, los propósitos soberbios que nunca llegan a materializarse. Lo mejor será salir, salir de una vez sin enzarzarse demasiado en las vueltas y entresijos, en los vericuetos de cada uno de los laberintos a los que nos mudamos de vez en cuando. Lo mejor será que pongamos a funcionar las puertas giratorias del corazón y dejemos entrar y dejemos salir toda la sangre que nos bombea la vida. Lo mejor, lo mejor de todo, será que dejemos volar la cordura y dejemos escaparse a la locura, lo mejor será no añadir etiquetas al producto, no delimitar con nombres, no obstaculizar las huidas.

Lo mejor será que bailemos.

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Todos los latidos, todas las prisiones

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra éste.”

“Déjate llevar por el fuerte empuje de lo que realmente amas.”

“Quiero cantar como los pájaros cantan, sin preocuparme por los que oyen o lo que  piensan.”

“Lo que buscas te está buscando a ti.”

“¿Por qué permaneces en prisión cuando la puerta está completamente abierta?”

Rumi (1207-1273)

Rumi

Mientras estemos vivos, nos pertenece todo lo que habita en el mundo; nos pertenece todo lo que en realidad no nos pertenece, lo que es del aire, de la atmósfera, de la vida.

Todos los mundos.

Todas las flores.

Todas las perspectivas.

Todos las aventuras.

Todos los latidos.

Todas las prisiones. Y sus barreras.

Todos lo que está en nuestra cabeza. Todo lo que está en la cabeza de cualquier otra persona. Y todo lo que está fuera de ellas y no sabemos siquiera que existe.

Cada comienzo de mañana

Madrugar, empezar el día. Dejar que los sueños se diluyan en la claridad del día y se pierdan como gotas de lluvia un día de verano. El verano, el verano quedó atrás también; ya solo podemos aspirar a pseudoveranos, veranillos, versiones diminutas del gran verano, el mayor representante del buen tiempo, del calor, del tiempo libre, la diversión.

No me gusta el invierno. Odio el frío. Los días cortos. Las nubes oscureciendo el cielo, las lluvias, la niebla.

No me gusta tener que madrugar. Detesto el sonido taladrante del despertador sacándome de un tirón del sueño.

Mi cuerpo se pone en pie cual autómata y comienza las labores del día, se despereza, prepara la ropa, se lava la cara, se peina, se cepilla los dientes, se viste, recoge el taper antes de salir por la puerta, camina hacia el metro, procura sentarse en el vagón, mira la hora. El orden de las acciones suele ser siempre el mencionado y si no, muy parecido; es el pensamiento el que propicia los cambios y por la mañana no se ha despertado aún el pensamiento. Ni la mente. Ella no suele aparecer hasta bien empezado el día. Por la mañana está demasiado cabreada para mostrarse: se siente estafada, engañada, se levanta siempre depresiva. Mejor no molestarla. Mejor no hacerla pensar: dejar que el silencio cubra el espacio, que la rutina dicte los pasos, que el cuerpo obedezca sin torpezas.

¿Cómo despertarse de buen humor cuando nada de lo que ve le agrada a la mente?

Muchas veces me digo que el tiempo pasa y yo aún no he encontrado la manera de utilizarlo de forma que mi mente no sienta amargura cada comienzo de día.

Escoger la libertad

Iba subida en el asiento de copiloto del coche cuando de repente caí en la cuenta del daño que me hacen las ideas preconcebidas sobre cómo tienen que ser las cosas. Es un pensamiento recurrente en mí, que me acaba bloqueando. Me digo: las parejas tienen que hacer esto, tienen que decir esto y sentir aquello, l@s amig@s tienen que ser así, l@s herman@s, el trabajo, yo misma debería ser de este o de ese otro modo; y si no es así, es incorrecto. Lo pienso sin darme cuenta de que lo estoy pensando, pasa por mi mente sin que nadie lo cuestione, sin que ningún organismo encargado de velar por el buen uso de los mensajes le ponga el freno y lo retire por causar daños a la comunidad. Porque, ¿quién dice cómo tienen que ser las parejas, l@s amig@s, l@s familiares, las personas, sino ellas mismas? ¿Quién soy yo para calificar una relación como no aceptable solo por no ser como la de otros o como se supone que debería ser? En realidad, nada tiene que ser de ninguna manera. Sentada en el coche, mirando la carretera, escogí la libertad. No quiero que nadie me imponga cómo han de ser las personas para ser aprobadas por los códigos establecidos por la sociedad, y menos que nadie, yo misma. 

Todavía es mío

Hay otras cosas de que hablar cuando sales a la calle, cuando vuelas, cuando vuelves y sin embargo, todas están en ti. Todas en mí. Los viajes más largos, las experiencias más inquietantes, más impactantes, más sorprendentes y alucinantes están dentro de la capa de piel que me separa del resto del mundo. En ese interior de órganos y vísceras y huesos y conexiones que forman pensamientos y sensaciones y emociones. No hay más espacio que el de dentro. Los demás son todo proyecciones de nuestra masa interior, que se repliega y se expande y vomita el mundo exterior para que nuestros ojos lo vean.

Puede que haya un incendio.

Un día dejaré de estar viva. Mi cuerpo será de fuego. Todas mis conexiones se irán apagando hasta quedarse dormidas, lentamente, como quien apaga y desenchufa luces y aparatos antes de irse de vacaciones. El amor, todo ese amor será del aire, del viento, será de las personas que me conocieron, que traspasaron la frontera de mi piel y de mi sangre.

Ahora es mío, todavía mío: mi aroma, mis manos, mi tiempo.

Robar hechizos

Quiero la tierra sin fisuras,

sin fugas por las comisuras de la boca, por las ranuras del pensamiento,

quiero el encanto de unos pies que caminan,

quiero la más alegre cadencia,

quiero que mi cuerpo sea mi cuerpo y enredarlo o desenredarlo,

quiero aspirar fuerte emociones,

quiero que la belleza se instale junto a mi cama,

y me salude con un guiño cada mañana,

quiero empezar a robar hechizos,

continuarlos en mi terruña mirada.

tierras