This is water

Siempre nos engañamos a nosotros dos veces respecto las personas que amamos, primero a su favor, y luego en su contra.

Albert Camus

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Tengo la manía de imaginar que alguien es mejor o peor de lo que es todo el rato. No es que me engañe solo al principio o al final de mi relación con una persona, en los inicios idealizándola y al acabar subestimándola. Lo hago constantemente. Mis ideas sobre la gente cambian tanto como mi estado de ánimo. Un día alguien es lo mejor y al día siguiente puede ser todo lo contrario. No soy demasiado estable en ese sentido, ni tampoco muy objetiva, ¿cómo voy a serlo? Estoy dentro de mí y lo único que observo es que todo lo que sucede me tiene a mí por centro. Una sabe que hay vidas aparte de la que yo vivo, pero lo conozco solo gracias a mis propias percepciones, a lo que mis sentidos le cuentan a mi mente sobre ello; de modo que por muy lejanas y ajenas que sean el resto de vidas e historias, si las conozco siempre seré yo la protagonista y pensaré en ellas solo en función de cómo llegué a conocerlas.

El discurso “This is water”, que David Foster Wallace pronunció en 2005 para los recién graduados de una universidad americana, habla sobre ello. A mí me encantó. Aporta un punto de vista totalmente diferente al que estamos acostumbrados a enfocar. Otro tipo de pensamiento que se sale del camino, que se aleja del rebaño. Y ese es el mensaje que transmite, al fin y al cabo: la importancia de pensar por nosotros mismos, de alejarnos de los pensamientos preestablecidos, aquellos que vienen por defecto instalados en nuestra cabeza. Considero que es la mejor manera de vencer la subjetividad, y al mismo tiempo, de sumergirnos por completo en ella… Se vence al salir de las fronteras de nuestras ideas prefijadas y abordar así un nuevo tipo de libertad; y nos hundimos más en ella pues este método nos permite llegar a conocer un poco más de nosotros mismos.

Disfruten. Esto es agua.

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Ni siquiera yo misma

El océano de mis cosas dice algo de mí, pero no lo hace con mi voz ni utiliza mis palabras.

Mis gestos, mis silencios, mis preferencias, mis dilemas. Todo ello es mío y al mismo tiempo ajeno a mí, igual que una piedra bañada por un río. El río da forma y quizá sentido a la piedra, pero el río no es la piedra ni se pertenecen uno al otro.

Las dudas, los miedos, las miradas, las percepciones, las luchas, los vicios y las victorias (las ganadas y también las perdidas).

Mis pasatiempos (pasa – tiempos).

Los recuerdos.

La gente. La gente que quiero.

Intuyo que no es nada de eso tampoco.

¡Hay tantas cosas que me hacen y tantas formas de rechazarlas de un golpe a todas ellas!

Necesito mis propias seguridades y mis propias certezas, todo el lío de los conceptos y las definiciones para no desplazarme sola, a ciegas; pero lo cierto es que estoy tan perdida como al principio, tan lejos de la orilla, tan apartada del resto.

Pero tampoco eso (la lejanía, la extrañeza, el desvinculamiento y el vuelo) soy yo del todo.

Nadie es como yo, nada, ni siquiera yo misma.

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