Mi yo grande

Cuando era pequeña, me gustaba despertarme pronto, ver empezar el día y luego volverme a dormir. Sentir el frío de la mañana y volver al calor de la cama. Era un infinito placer dejarse invadir por la pereza y la somnolencia aquellos días en que me había despertado temprano, había disfrutado un rato de la mañana y aún era pronto cuando decidía volver a la cama.

Sigo siendo la misma niña que entonces, la niña que veo en mis recuerdos. No es que no haya crecido, no es que no haya madurado ni que me sigan gustando las mismas cosas que durante mi niñez, aunque aún conservo muchas costumbres, gustos, ideas, percepciones. He cambiado. Sin embargo, mi yo, mi persona sigue siendo la misma, tenga 5 o 20 años, 10 o 70 (si alguna vez llego a tener esa edad); sigue siendo mía aquella alegría infantil, aquella felicidad de los días de verano sin colegio, aquellos sueños tranquilos, aquellos juegos, siguen siendo míos los días creados en el pasado y los días que crearé en el futuro… Sigue siendo mía mi persona, mi barro, cada uno de mis recuerdos, todos mis pensamientos.

Algo dentro de mí siempre ha permanecido: sentado en un banco, tranquilo, impasible a la huída y al reemplazo de todo lo demás. Algo dentro de mis hombros, mi nuca, mis mejillas, mi lenguaje, mi paladar, mis párpados.

Mis párpados grandes como mis ojos. Como mi yo niña, mi yo adulta. Grandes como mi yo grande.

Anuncios

Tú preguntas

Love, the answer 

Love is the answer Einstein

Amor, amor, pero no necesariamente amor de pareja. Amor a la gente por ser la gente, a las cosas, amor a uno mismo (¿a quién si no a la persona en la cual vivimos?), a los animales, a las situaciones, a los contextos, los paisajes, los conocimientos y las ignorancias.

Amor al amor, al rechazo, al fracaso, al encanto, a las casualidades, amor al odio. Amor.

A veces me lleno de él y siento que mi pecho se calma y que deja de buscar, ansioso, intranquilo. Amenazado y luego sereno.

Amor es la respuesta. La pregunta, la pregunta puede ser cualquiera.