Somos lo que no pasa

Nunca oímos sobre las veces que no pasa. Sería una historia aburrida y larga. Trescientos millones de personas no han sido heridas hoy. Doscientos millones no cambiaron su rutina el día de ayer. Lo inusual hace las noticias. Lo usual nuestra vida diaria.

This is water

Siempre nos engañamos a nosotros dos veces respecto las personas que amamos, primero a su favor, y luego en su contra.

Albert Camus

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Tengo la manía de imaginar que alguien es mejor o peor de lo que es todo el rato. No es que me engañe solo al principio o al final de mi relación con una persona, en los inicios idealizándola y al acabar subestimándola. Lo hago constantemente. Mis ideas sobre la gente cambian tanto como mi estado de ánimo. Un día alguien es lo mejor y al día siguiente puede ser todo lo contrario. No soy demasiado estable en ese sentido, ni tampoco muy objetiva, ¿cómo voy a serlo? Estoy dentro de mí y lo único que observo es que todo lo que sucede me tiene a mí por centro. Una sabe que hay vidas aparte de la que yo vivo, pero lo conozco solo gracias a mis propias percepciones, a lo que mis sentidos le cuentan a mi mente sobre ello; de modo que por muy lejanas y ajenas que sean el resto de vidas e historias, si las conozco siempre seré yo la protagonista y pensaré en ellas solo en función de cómo llegué a conocerlas.

El discurso “This is water”, que David Foster Wallace pronunció en 2005 para los recién graduados de una universidad americana, habla sobre ello. A mí me encantó. Aporta un punto de vista totalmente diferente al que estamos acostumbrados a enfocar. Otro tipo de pensamiento que se sale del camino, que se aleja del rebaño. Y ese es el mensaje que transmite, al fin y al cabo: la importancia de pensar por nosotros mismos, de alejarnos de los pensamientos preestablecidos, aquellos que vienen por defecto instalados en nuestra cabeza. Considero que es la mejor manera de vencer la subjetividad, y al mismo tiempo, de sumergirnos por completo en ella… Se vence al salir de las fronteras de nuestras ideas prefijadas y abordar así un nuevo tipo de libertad; y nos hundimos más en ella pues este método nos permite llegar a conocer un poco más de nosotros mismos.

Disfruten. Esto es agua.

Todos los latidos, todas las prisiones

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra éste.”

“Déjate llevar por el fuerte empuje de lo que realmente amas.”

“Quiero cantar como los pájaros cantan, sin preocuparme por los que oyen o lo que  piensan.”

“Lo que buscas te está buscando a ti.”

“¿Por qué permaneces en prisión cuando la puerta está completamente abierta?”

Rumi (1207-1273)

Rumi

Mientras estemos vivos, nos pertenece todo lo que habita en el mundo; nos pertenece todo lo que en realidad no nos pertenece, lo que es del aire, de la atmósfera, de la vida.

Todos los mundos.

Todas las flores.

Todas las perspectivas.

Todos las aventuras.

Todos los latidos.

Todas las prisiones. Y sus barreras.

Todos lo que está en nuestra cabeza. Todo lo que está en la cabeza de cualquier otra persona. Y todo lo que está fuera de ellas y no sabemos siquiera que existe.

Escoger la libertad

Iba subida en el asiento de copiloto del coche cuando de repente caí en la cuenta del daño que me hacen las ideas preconcebidas sobre cómo tienen que ser las cosas. Es un pensamiento recurrente en mí, que me acaba bloqueando. Me digo: las parejas tienen que hacer esto, tienen que decir esto y sentir aquello, l@s amig@s tienen que ser así, l@s herman@s, el trabajo, yo misma debería ser de este o de ese otro modo; y si no es así, es incorrecto. Lo pienso sin darme cuenta de que lo estoy pensando, pasa por mi mente sin que nadie lo cuestione, sin que ningún organismo encargado de velar por el buen uso de los mensajes le ponga el freno y lo retire por causar daños a la comunidad. Porque, ¿quién dice cómo tienen que ser las parejas, l@s amig@s, l@s familiares, las personas, sino ellas mismas? ¿Quién soy yo para calificar una relación como no aceptable solo por no ser como la de otros o como se supone que debería ser? En realidad, nada tiene que ser de ninguna manera. Sentada en el coche, mirando la carretera, escogí la libertad. No quiero que nadie me imponga cómo han de ser las personas para ser aprobadas por los códigos establecidos por la sociedad, y menos que nadie, yo misma. 

No era yo la que miraba la lluvia

Hoy es un día para The Doors y ‘Riders on the storm’. Hoy, porque. literalmente, he cabalgado en la tormenta. La he sentido en mi cara, en mi ropa, en mi cuerpo; me ha empapado; no llevaba paraguas. Andaba por la calle intentando cobijarme en los aleros de los edificios mientras contemplaba la calle alrededor: se veía difusa, borrosa, agitada. Por un momento me ha embargado una sensación rara, una especie de otredad, como si yo no fuera yo, sino otra persona anterior observado en calma las gotas de lluvia estrellarse alocadamente contra el suelo. Las nubes descargaban lluvia y yo miraba los árboles sacudidos por el viento, y sin embargo, no era yo. Había dejado de serlo. Me estaba empapando, notaba las gotas salpicándome la cara, deslizándose por mi pelo, sentía el frío y el viento, y aún así no era yo, sino una de las miles de personas que antes que yo contemplaron la lluvia al caer. Que quizá cabalgaron en la tormenta.