No te acostumbres a su piel

Le acarició la piel con cariño y apreció su suavidad. Estaban tumbados en la cama, cubiertos con mantas, con sus pijamas. Empachados después de ocho horas de sueño.

– ¿Por qué tu piel es tan suave?, le preguntó él.

La pregunta era la de siempre, la emoción también. Lo único que cambiaba era lo que no cambiaba: pasaban los días y él seguía encontrando la piel de ella suave y se lo seguía recordando. No lo descubría por primera vez, y sin embargo, se seguía maravillando y eso es lo que hacía diferente cada ocasión que se lo decía: su ausencia de acostumbramiento, su sorpresa continua.

– Porque tú la tocas. Tú la haces así, le dijo ella.

– ¿Yo te hago la piel suave?

– Si tú no la tocaras, nadie la encontraría suave. Y nadie me lo diría. Ni siquiera yo misma. Tú haces que mi piel sea suave.

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(¿Un terreno inexplorado puede ser considerado precioso o por el contrario desagradable y feo si nadie lo ve y lo cataloga como tal? ¿La belleza y la fealdad, la dulzura, la delicadeza y la brutalidad están solo en los juicios de los demás al respecto o son inherentes al objeto al que pertenecen? Por cierto, ¿a quién pertenece la suavidad -en este caso- a quién la posee o a quién la toca y lo valora?)
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En mis zapatos

He vivido conmigo los últimos años. Todos mis años. Y aún me cuesta reconocerme. Capto vestigios míos en el espejo de la gente, en el río opaco de mis pensamientos. Pienso: esa soy yo y lo que observo son puntos fugaces, aire, silencio, distancia. Luego se me olvida. Y me busco de nuevo. Se me pasan los días revolviendo muebles y no siempre estoy ahí para encontrarme.

No sé si he aprendido a quererme todo lo que merezco, pero sé que cuido de mí misma todo lo que sé. Sé que me esfuerzo, ¿eso vale? Me involucro, me preocupo, me meto en la piel y en los huesos, y en mis zapatos cada día.

Mondas de fruta

Una cáscara de huevo, peladuras de limón o de naranja, el envoltorio de un cd, una caja de zapatos, el plástico de una botella de agua, la piel, los ladrillos de la fachada de una casa, el empanado de un filete, la colcha de la cama… El continente. El exterior.

La materia se esconde. Hoy solo encuentro la superficie de las cosas, hoy no existe el fondo. Demasiado oculto. Demasiado intransitable.

¿Cuál es el interior? ¿cuál el exterior? ¿Dónde se encuentran? ¿Cómo se distingue la superficie del contenido? En el mundo de los sentimientos no resulta tan sencillo de ver como mondas de naranja y la fruta, pelada y apetitosa, a su lado.

Mi cacho de vida

Me deslizo arrastrada por el arroyo. Vuelo. Me dejo llevar, desnuda. Me he quitado la ropa y el miedo como quien se desprende de un abrigo un día de calor. Está llegando el verano. Apetece sentirse el cuerpo. Darse cuenta de la piel. Tocar un cacho de vida.

Sensibilidad en el río

agua de rio

Piel sensible.

Estómago sensible.

Intestino sensible.

Pelo sensible.

Corazón sensible.

Forma de ser sensible.

Uñas sensibles.

La sensibilidad está en todas partes: está en mi personalidad, en mi interior, en mi exterior, está en mis genes. Me pregunto si mi forma de ser (mi interior, mi mente, mi yo) sensible ha sido el desencadenante del resto de sensibilidades, como si fuera un fábrica que contaminase todo lo que encuentra a su alrededor; un río que regase y fertilizase todo lo que quedase a sus márgenes. He añadido el segundo ejemplo porque el primero resultaba demasiado agresivo, muy feo, pero quizá es el más acertado, el que mejor ilustra la situación. No hay tanto de positivo en ser un ser un poco frágil, un poco aprensivo, un poco asustadizo, bastante fácil de quebrar.

Mascarilla de miel para cuidar la piel

He estado encontrándome últimamente con los beneficios que aporta la miel a nivel nutricional,  medicinal e incluso cosmético.

Y es que la miel es uno de los alimentos más completos y saludables que existen. Las antiguas civilizaciones egipcia, romana o griega ya encontraron en este producto propiedades antisépticas, calmantes, tonificantes, diuréticas y laxantes.

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Mascarilla cara

Así que hoy me he decidido a utilizarla también externamente en forma de mascarilla para la piel de la cara.

Simplemente, he mezclado una cucharadita de miel con una pizquita de aceite de oliva y lo he expandido por la cara, que acababa de lavarme. He retirado la mezcla después de unos 20 minutos sobre la piel con agua fría. 

Siempre viene bien mimar el cuerpo con productos naturales y saludables, como la miel y el aceite, ya sea ingeridos o aplicados de forma externa. De esta última manera, además, se consigue hidratar, reafirmar y humectar la piel. :)

Aceite de oliva para la cara

No suelo creerme eso de que lo que duele cura. Por eso no me gustan las cremas que, al aplicarlas sobre la piel, escuecen. De hecho, últimamente, no me gustan demasiado utilizar productos químicos para mi piel. Prefiero naturales; esos no suelen escocer. Desde hace unos meses, por ejemplo, me pongo un poco de aceite de oliva en la piel del rostro antes de irme a la cama. Me gustan los resultados, y sobre todo, confío en el producto. Tengo la piel sensible y soy propensa a que me salgan pequeños empeines o eccemas en todo el cuerpo. Los de la cara son los más molestos porque son los más visibles; especialmente cuando me pongo maquillaje, lo que suelo evitar porque se queda con aspecto descacarillado. Pues bien, desde que uso aceite cada noche, se han reducido tanto los empeines que cuando sale uno me sorprendo, como si eso ya no fuera conmigo. Y creo que va a ir a mejor, de hecho, y que terminarán desapareciendo del todo.

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Este verano, como después de volver de la playa aún tuve unos días de vacaciones en casa, aproveché para ponerme bastante aceite en la cara durante el día. Al volver de la costa, descubrí que tenía mucho más marcadas las arrugas de la cara debido al sol, al agua salada de la playa, al viento. El aceite volvió a funcionarme bastante bien. No pasó mucho tiempo cuando poco a poco la piel fue volviendo a su estado anterior. Además, el resultado no es grasiento; al contrario, se absorbe con facilidad.

Otro de los usos que le ha dado al aceite es como exfoliante, acompañado de azúcar. Funciona muy bien en la cara y en las manos, que después se quedan muy muy suaves e hidratadas.

Mi madre también se pone aceite en la cabeza un poco antes de lavárselo y se lo deja muy brillante. Yo no lo he probado aplicado en el pelo. Todavía. :)

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