¿Cómo se eligen los sueños?

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¿Nos gusta hacer algo por el placer de hacerlo o porque sabemos que se nos da bien y eso nos alegra -nos da placer- y nos anima a seguir haciéndolo? ¿Elegimos nuestros gustos, nuestras carreras, nuestras metas y nuestras profesiones  porque realmente nos apasionan o por el convencimiento y la satisfacción interna de ser bueno en algo y recibir reconocimiento externo por ello? ¿Qué nos motiva más: la actividad en sí o nuestra forma de llevarla a cabo?

¿Elegimos nuestros sueños o ellos nos eligen a nosotros porque es un buen lugar para desarrollarse?

Mi yo grande

Cuando era pequeña, me gustaba despertarme pronto, ver empezar el día y luego volverme a dormir. Sentir el frío de la mañana y volver al calor de la cama. Era un infinito placer dejarse invadir por la pereza y la somnolencia aquellos días en que me había despertado temprano, había disfrutado un rato de la mañana y aún era pronto cuando decidía volver a la cama.

Sigo siendo la misma niña que entonces, la niña que veo en mis recuerdos. No es que no haya crecido, no es que no haya madurado ni que me sigan gustando las mismas cosas que durante mi niñez, aunque aún conservo muchas costumbres, gustos, ideas, percepciones. He cambiado. Sin embargo, mi yo, mi persona sigue siendo la misma, tenga 5 o 20 años, 10 o 70 (si alguna vez llego a tener esa edad); sigue siendo mía aquella alegría infantil, aquella felicidad de los días de verano sin colegio, aquellos sueños tranquilos, aquellos juegos, siguen siendo míos los días creados en el pasado y los días que crearé en el futuro… Sigue siendo mía mi persona, mi barro, cada uno de mis recuerdos, todos mis pensamientos.

Algo dentro de mí siempre ha permanecido: sentado en un banco, tranquilo, impasible a la huída y al reemplazo de todo lo demás. Algo dentro de mis hombros, mi nuca, mis mejillas, mi lenguaje, mi paladar, mis párpados.

Mis párpados grandes como mis ojos. Como mi yo niña, mi yo adulta. Grandes como mi yo grande.

Feminismo es placer

El feminismo es ser consciente de los deseos y necesidades que como mujer se sienten, y no reprimirlos por el hecho de pertenecer a este sexo.

El feminismo es ponerse a una misma en el centro de nuestras vidas.

El feminismo es defender y vigilar que nuestros derechos no se vulneren.

El feminismo es ser crítica y consciente de qué situaciones se nos imponen socialmente y determinar si son válidas y beneficiosas para nosotras y si estamos dispuestas a aceptarlas o no.

El feminismo es decidir por nosotras mismas.

El feminismo es ser mujer y estar a gusto con ello.

El feminismo es conocer nuestro propio cuerpo y encontrar placer en él.

Hacerse mayor

No quiero hacerme mayor. ¿Sirve de algo? Estar atado a un trabajo tantas horas al día, tantos días a la semana; tomar decisiones trascendentes en un instante, deber elegir responsabilidad por encima de placer. ¿Y si no lo tienes claro? ¿Y si aún no lo has decidido?

A mí me gustaba cuando todo eran juegos y salir a la calle, y no había facturas, ni malas noticias, ni impotencia, ni futuro, sino un dulce y eterno presente, una ingenua inconsciencia; a mí me gustaba cuando parecía que todo lo malo se solucionaría al día siguiente, con la nueva luz.

Hoy, sinceramente, no quiero hacerme mayor. No puedo. ¿Alguien me ha consultado? Hoy se me hace muy grande la carga para caminar con ella. Demasiado peso para trasportar cada día.