En mis zapatos

He vivido conmigo los últimos años. Todos mis años. Y aún me cuesta reconocerme. Capto vestigios míos en el espejo de la gente, en el río opaco de mis pensamientos. Pienso: esa soy yo y lo que observo son puntos fugaces, aire, silencio, distancia. Luego se me olvida. Y me busco de nuevo. Se me pasan los días revolviendo muebles y no siempre estoy ahí para encontrarme.

No sé si he aprendido a quererme todo lo que merezco, pero sé que cuido de mí misma todo lo que sé. Sé que me esfuerzo, ¿eso vale? Me involucro, me preocupo, me meto en la piel y en los huesos, y en mis zapatos cada día.

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Quédate hoy

Pierdo cosas. Las voy abandonando, dejando tras de mí un reguero insostenible de recuerdos. Se pierde la ropa distraída, se pierde el dinero, se pierden los despistados regalos; muchas veces para siempre: no vuelvo a ver todo aquello que perdí. No obstante, mi cuerpo permanece atado a ellas irremediablemente hasta bastante después de haberlas visto por última vez. Las recuerdo, las lloro, hago mi propio duelo de rabia y acusaciones por ellas.

A veces también se me escapan las palabras.

Las voces.

Los silencios.

Las letras de mi boca.

Y a veces soy yo la que me escapo de mí misma.