Todos los latidos, todas las prisiones

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra éste.”

“Déjate llevar por el fuerte empuje de lo que realmente amas.”

“Quiero cantar como los pájaros cantan, sin preocuparme por los que oyen o lo que  piensan.”

“Lo que buscas te está buscando a ti.”

“¿Por qué permaneces en prisión cuando la puerta está completamente abierta?”

Rumi (1207-1273)

Rumi

Mientras estemos vivos, nos pertenece todo lo que habita en el mundo; nos pertenece todo lo que en realidad no nos pertenece, lo que es del aire, de la atmósfera, de la vida.

Todos los mundos.

Todas las flores.

Todas las perspectivas.

Todos las aventuras.

Todos los latidos.

Todas las prisiones. Y sus barreras.

Todos lo que está en nuestra cabeza. Todo lo que está en la cabeza de cualquier otra persona. Y todo lo que está fuera de ellas y no sabemos siquiera que existe.

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El sueño que teje mi mente

Estoy tumbada en la cama. Me dejo llenar de sueño como si fuera una esponja puesta en remojo. Disfruto de esa etapa intermedia entre estar despierta y dormida. Me vienen palabras sueltas e inconexas que mi mente amarra y anuda para llevarse consigo a la fase del sueño. Es el desenlace que esperaba. El sol, el agua, quizá unas lágrimas de esas que vienen por cualquier motivo, quizá unas risas a carcajada limpia, algunas preocupaciones, ganas de continuar como se está y dejar las buenas intenciones en un saco polvoriento, abandonado en un desván. Cuando llueva, volveré sobre mis pasos y me conformaré con la melodía de la lluvia cayendo sobre el asfalto. Mientras tanto, continúo el sueño. No quiero comerme las uñas.

Odios sociales

La televisión sigue siendo la plataforma por excelencia de embrutecimiento y adocenamiento masivo, en la tele todos son risas y estupideces y tetas gordas y hombres babosos; todos son gritos y burlas y más risas imbéciles. 

Siempre he dicho que el fútbol es como una secta a la que es pecado no pertenecer. Me molesta su sobreimportancia, sus alardes, sus aires de grandeza. Como si tuviera alguna repercusión real en la vida de las personas. Lo cierto es que no es nada. Una mierda: un grupo de paletos peleándose por un balón en el campo y millones de besugos siguiendo el ritmo de esa pelota por televisión, discutiendo por su trayectoria, odiando a personas por el color de su camiseta. 

Odio tanto como amo. Odio luego amo, y a la inversa. Amar. Odiar. ¿Y qué?

No votaré en las próximas elecciones. Nadie me ha preguntado si estoy de acuerdo. Me niego a participar en su juego.