Un gato al sol

Cuando me siento triste o enfadada, o rabiosa, o me sobreviene el miedo, el agobio o el pesimismo, cuando afloran como granos molestos y de repente son visibles para mí las llamadas emociones negativas, inmediatamente siento la necesidad de liberarme de ellas. Respirar, pensar en otra cosa, no conseguirlo, volver a respirar, regañarme por sentirme así y volverlo a intentar y regañarme de nuevo por no conseguir tranquilizarme ni reconducir mi ánimo hacia una estado más positivo y tranquilo: son acciones que a menudo van seguidas de un bajón. ¿Pero qué pasaría si sencillamente no intentara cambiarlo? ¿si aceptara estas emociones como las consideradas positivas? Es como si tuviera miedo a sentirme mal, como si no fuera capaz de entender que tengo derecho a sentir todo tipo de emociones y a comprenderme cuando es así. ¿Qué pasaría si dejara de juzgarme y criticarme y simplemente dejara estar cualquier tipo de sentimiento según llegara? ¿Qué pasaría si fuera un gato tumbado al sol de primavera y no me preocupara por cómo son mis sentimientos ni tratara de cambiarlos cuando los considero no válidos? gato-sol-flor-relajacion-paz

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Los besos de la Luna

He dormido hasta saciarme de sueño y aún así he dormido menos que los demás. Me he despertado despejada, como tras horas largas de descanso. Al otro lado de la ventana, en la calle, en el aire, en el cielo los pájaros pían. Los oigo llevar a cabo sus rutinas matinales mientras yo misma realizo las mías: me lleno de aire los pulmones, me estiro, bostezo, pienso los pensamientos de todos los días, hago planes, deshago planes, aguardo, empiezo, borro. Siento el calor sobre mi piel: se calienta, se pone pegajosa. Es verano. Empieza el día.

La luna, la super luna, se acercó anoche a la Tierra y nos besó en la cara. Se fue un poco más tarde, mientras yo dormía. Aunque me he despertado pronto, ya no estaba. Las primeras luces del día le recordaron que debía volver y se marchó en silencio, sigilosa.

Big_moon

Mi cacho de vida

Me deslizo arrastrada por el arroyo. Vuelo. Me dejo llevar, desnuda. Me he quitado la ropa y el miedo como quien se desprende de un abrigo un día de calor. Está llegando el verano. Apetece sentirse el cuerpo. Darse cuenta de la piel. Tocar un cacho de vida.

Amor en lo alto

El amor se me presenta a menudo unido a las ganas de llorar. Como una flor llena de lluvia que se abre al sol, desbordándose. Como lluvia sobre el tejado y el sol más arriba, en lo alto. El amor me enreda las emociones. Con todo lo que ello implica.

Ya llega el sol

Hacía frío y lluvia y viento; eran días desagradables; bonitos de contemplar pero solo desde dentro, dentro del calor, detrás de una ventana. Y sin embargo, ayer llegó de pronto el sol. Llegó anunciando una primavera anticipada, como si de repente ya fuera abril. Estos días además amanece antes y se hace de noche más tarde.

Me gustan las sensaciones que me provoca la idea de que se acerca el verano, me recuerda a cuando era una niña, me hace ponerme de buen humor, me da ganas de hacer cosas, ganas de salir, ganas de tumbarme en la hierba y mirar el cielo azul, claro, sin nubes.

Por fin ha llegado el sol.