¿Cómo se eligen los sueños?

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¿Nos gusta hacer algo por el placer de hacerlo o porque sabemos que se nos da bien y eso nos alegra -nos da placer- y nos anima a seguir haciéndolo? ¿Elegimos nuestros gustos, nuestras carreras, nuestras metas y nuestras profesiones  porque realmente nos apasionan o por el convencimiento y la satisfacción interna de ser bueno en algo y recibir reconocimiento externo por ello? ¿Qué nos motiva más: la actividad en sí o nuestra forma de llevarla a cabo?

¿Elegimos nuestros sueños o ellos nos eligen a nosotros porque es un buen lugar para desarrollarse?

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¿Me acompañas en el viaje, Whitman?

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

Días en espiral

Cuando una cosa se va suele venir otra dibujándose por detrás, intentando no ser vista. Ese proceso es conocido por su forma de espiral imperfecta, como un rizo medio deshecho, apretado por unas partes y suelto, casi liso, por otras.

Hoy es 6 de octubre. Un día como otro cualquiera. Mucha gente cumple años, mucha gente nace, otra muere, hay gente que se enamora, empieza un proyecto, lo termina, mucha gente se divorcia o se cae en la bañera. Para mí es un día normal. Otro día en el calendario. Nada que reseñar. Un día que pasará al olvido, como la mayoría de los días del año. Se esfumará como si nunca hubiera existido. Como si del día 5 el calendario hubiera dado un salto y aterrizado en el día 7. Un día más que quizá contribuya a reforzar en mi mente el recuerdo de los días sosos de este año, de esta etapa concreta de mi vida y se unirá así a otros momentos que tampoco dejaron huella, que existieron, pero que ya no existen: ya nada los guarda, ninguna mente, ninguna foto, ningún objeto los recuerda.

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Y sin embargo, nadie ha cortado el rizo y sigue creciendo. Muchos otros sucesos, muchos otras acontecimientos están detrás de este día simplón, esperando agazapados, comenzando a vivir en la sombra. Me parece que es como todos aquellas personas cuyas vidas parecen malgastadas pues murieron demasiado pronto por causas que no lo merecían (¿acaso alguna razón vale más que una vida?), y sin embargo, sus muertes cambiaron a mejor las circunstancias de otras personas, cambiaron a la postre otras vidas.

Hoy es un día como otro cualquiera. Un día de un mes que acaba de empezar. De un año que está acabando. De una época que quizá también. Me ha parecido ver a la nueva al otro lado de mi pelo.

A veces sueño con él

Mi abuelo. Mi abuelo Víctor. De vez en cuando sueño con él. En ocasiones son pesadillas, otras veces, en cambio, le veo y no puedo parar de besarle y abrazarle; siento que tengo que cuidarle, que tengo que quererle mucho antes de que se vaya porque ya no voy a verle más. De hecho, no le he vuelto a ver desde noviembre. Murió ese mes. Ahora mi tío ocupa su lugar en el sofá y parece que ya nadie se acuerda de él: no se le nombra, no se le recuerda; apenas queda nada de él.

Pero a mí me resulta muy difícil acostumbrarme a su muerte. ¿Por qué se supone que hay que entender y aceptar que muera alguien solo porque es mayor? Para mí era una persona como cualquier otra; le conocía, le quería, estaba unida a él. Me da igual que tuviera más de 90; en realidad yo le conocí los mismos años que al resto de miembros de mi familia. ¿Qué diferencia hay?

Supongo que con el tiempo poco a poco se apaga el recuerdo, que te acostumbras a estar sin una persona, del mismo modo que antes de acostumbraste a estar con ella. ¿Pero eso eso todo? ¿Todo? ¿Una simple falta de memoria? Me cuesta entenderlo. No quiero hacerlo tampoco.

Mi abuelo. Mi abuelo que ya no existe. A veces sueño con él. No me acostumbro a su muerte.