Hace falta amar

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Para amar a alguien hace falta no tener en cuenta todas las imperfecciones propias que se clavan como hojalata mal cortada. Hace falta no ser consciente de ellas, hace falta no llamarlas imperfecciones, hace falta amarlas como si fueran algodón blandito, un viaje deseado, un paisaje bello, un masaje en la nuca.

Para amar a alguien que no somos nosotros hace falta amar primero a la persona que sí somos nosotros. Hace falta no lanzarnos miradas reprobatorias, hace falta no asustarnos, hace falta escucharnos. Hace falta amarnos incondicionalmente. Amar como niños. Amar sin medida. Amar sin método. Amar sin más porqué que el hecho de que nosotros seamos nosotros: la persona en la que vivimos, la que nos reporta sus experiencias y emociones sobre la Tierra, el vehículo que nos permite conocer todo lo demás: absolutamente todo. La persona que baila por nosotros, que ríe, que escucha, que llora de tristeza y de alegría, la persona que ve árboles y siente en su piel el calor del sol tamizado por las hojas verdes de primavera.

Hace falta no sentirse culpable por haber dicho esto o haber omitido aquello, hace falta no sentirse incapaz ni poca cosa, ni estúpida, ni demasiado alta, ni demasiado gorda, ni demasiado parlanchina. Hace falta sentirnos cómodos en la casa que somos para nosotros y buscarnos lo mejor en cada ocasión.

Hace falta sentir odio y pena y rabia y vergüenza y luego aceptarlo como partes de la vida, partes tan naturales como la lluvia o el viento, tan naturales como el hambre, el frío y el agua.

Hace falta estar ahí donde estamos y desde esa posición decidirnos a amar. Amar, amar, amar, amar(nos).

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Nuestro cuerpo: el cuerpo de la Tierra

Por mucho tiempo éramos “yo” y mi cuerpo. “Yo” estaba formada de historias, de anhelos, de luchas, de deseos de futuro. Mi cuerpo, a menudo, se interponía en el camino.

En medio de mis viajes, cumplí 40 y comencé a odiar mi cuerpo, lo que era realmente un progreso, porque al menos mi cuerpo existía lo suficiente como para odiarlo.

Luego contraje cáncer. De pronto, mi cáncer era un cáncer  que estaba en todos lados, el cáncer de la crueldad, el cáncer de la codicia, el cáncer que se mete dentro de la gente que vive por las calles de las plantas químicas, y que normalmente son pobres; el cáncer dentro de los pulmones de los mineros de carbón; el cáncer del estrés por conseguir más y más, el cáncer del trauma enterrado.

 Sé que todo está conectado y la cicatriz que baja por mi torso es la marca del terremoto.

Antes del cáncer, el mundo era algo distinto. Era como si estuviese viviendo en una pileta estancada y el cáncer dinamitó la roca que me separaba del mar completo. Ahora estoy nadando. Ahora me acuesto en el césped, froto mi cuerpo en él y disfruto el barro entre mis piernas y pies. Ahora hago un peregrinaje diario para visitar un sauce llorón a las orillas del Sena, y estoy hambrienta de campos verdes en los matorrales en las afueras de Bukavu y cuando caen lluvias fuertes, grito y corro en círculos.

Eve Ensler

Dramaturga, feminista y activista social estadounidense, autora de la obra de teatro “Los monólogos de la vagina”.

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No solo es Madrid, París, ese pueblo de la costa o del interior, no solo es Europa o América: no sólo es la Tierra. Es también nuestro cuerpo. Ésa es nuestra principal morada. Nuestro refugio, nuestro espacio único y personal. Nuestra hueco.

Nuestra vida.

Todo interconectado. Todo completo.

Amor (y odio) en la etiqueta

El amor desata.

El amor libera.

El amor comprende.

El amor escucha.

El amor da risa.

El amor abriga.

El amor compadece.

El amor tranquiliza.

El amor emociona.

El amor acuna.

El amor divierte.

El amor inspira amor.

El amor da amor.

El amor traspasa, pero no a la manera de los candados en una verja, sino que más bien al modo de la lluvia, que cala hasta el interior de la tierra y permite el desarrollo natural de los seres; a la manera de las palabras, que se introducen en la cabeza sin que nos demos cuenta y propician el nacimiento de otras palabras.

Así es el amor que yo concibo. Luego está el odio. Parecen opuestos, pero no hay nada más fácil que confundirlos. Al fin y al cabo, en la mente no hay apartados donde las emociones se presenten organizadas por etiquetas universalmente aceptadas.

Y la gente se lía: acaba pensando que el amor captura, que el odio suelta.

candado amor

Los besos de la Luna

He dormido hasta saciarme de sueño y aún así he dormido menos que los demás. Me he despertado despejada, como tras horas largas de descanso. Al otro lado de la ventana, en la calle, en el aire, en el cielo los pájaros pían. Los oigo llevar a cabo sus rutinas matinales mientras yo misma realizo las mías: me lleno de aire los pulmones, me estiro, bostezo, pienso los pensamientos de todos los días, hago planes, deshago planes, aguardo, empiezo, borro. Siento el calor sobre mi piel: se calienta, se pone pegajosa. Es verano. Empieza el día.

La luna, la super luna, se acercó anoche a la Tierra y nos besó en la cara. Se fue un poco más tarde, mientras yo dormía. Aunque me he despertado pronto, ya no estaba. Las primeras luces del día le recordaron que debía volver y se marchó en silencio, sigilosa.

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Este también es mi momento, Jimmy Cliff

Hay un tarta en el cielo esperando a que llegue; dicen que podré disfrutarla cuando esté allí. Pero hasta que llegue ese momento, voy a coger lo que es mío aquí en la tierra.

Mis enemigos quieren aplastarme, supongo que prefieren que viva debajo de la tierra, no me quieren ver feliz. Piensan que han ganado la batalla porque de vez en cuando lloro, pero lo que hago es pedirle a dios que les perdone, pues no saben lo que hacen. Y yo sigo. Es mi momento.

Continúo peleando por las cosas que quiero, pues sé que ya no podré hacerlo cuando muera. Y continúo: prefiero ser una mujer libre en mi tumba que vivir como una marioneta o un esclava.

Jimmy Cliff, “The harder they come”

 

¿Qué horario tienen los pájaros?

He oído que quieren cambiar la hora, que hay que racionalizar los horarios, que hay que europeizarlos (europeizarnos), que si en España nos vamos a la cama muy tarde, que si trabajamos muchas horas lo que contribuye a disminuir nuestra productividad y competitividad, que si comemos comidas muy pesadas y a una hora que resulta ser demasiado tarde, que si salimos en exceso, que si el trabajo ocupa demasiado tiempo de nuestras vidas, que hay que conciliar y reconciliar y rendir más, que nuestro horario tiene que cambiar…

Y yo me pregunto… ¿cuál es el horario de los pájaros?, ¿cuál es el horario de las plantas?, ¿cuál es el horario de la tierra?…

¿cuál es el verdadero horario de las personas?

pajaros en un arbol

Robar hechizos

Quiero la tierra sin fisuras,

sin fugas por las comisuras de la boca, por las ranuras del pensamiento,

quiero el encanto de unos pies que caminan,

quiero la más alegre cadencia,

quiero que mi cuerpo sea mi cuerpo y enredarlo o desenredarlo,

quiero aspirar fuerte emociones,

quiero que la belleza se instale junto a mi cama,

y me salude con un guiño cada mañana,

quiero empezar a robar hechizos,

continuarlos en mi terruña mirada.

tierras